Nuestro chow-chow

En esta entrada quiero presentar a un miembro muy importante de la familia. No es un Shiba, no es un humano y, a veces, no parece ni un perro. Se llama Tita, y es un chow. 

Tita nació en 2014, mejor no saber dónde ni cómo. Un par de meses más tarde estaba en una tienda, en una jaula no muy limpia, rodeada de más jaulas. Entré en esa tienda de casualidad, para preguntar sobre el Shiba, mi primer y único perro había muerto hace poco. Cometí el error de ver los cachorros, recuerdo el primero que dejé pasar con mucho dolor, porque era macho y porque ya tenía más de tres meses (si pudiera retroceder en el tiempo, los hubiera comprado a los dos a pesar de saber que eso me traería muchos problemas y gastos). No puedo olvidar su cara, ni la cara los Huskies que se asaban de calor, ni los pequeños Westies dando saltos, ni el resto de Chows, quietecitos, a lo sumo dando un ladrido solitario de vez en cuando. Adoro al Shiba, pero nada me conmueve tanto como la expresión de un Chow, la expresión de un Chow suele ser de desconcierto, y en muchos casos de resignación; tengo la teoría de que muchos de ellos no llegan a comprender ni a los humanos, ni su propia circunstancia, quizá porque ellos rara vez son comprendidos.

Y sí, está muy mal comprar en una tienda, eso me quedó muy claro.

Tita padece displasia de cadera y de codos, fue operada de ambos codos, y por el momento, no será operada de cadera. El pronóstico, cuando ella tenía solo seis meses, era bastante nefasto. Esta noticia fue aún más devastadora, teniendo en cuenta que hacía unos meses que había muerto mi primer perro. A estos problemas que le causaban dolor, se sumaba algo que al parecer le ocurre bastante a esta raza, sus problemas para congeniar con otros perros. Su mera aproximación, quizá por su voluminosa forma y poca expresividad, consistía una amenaza para muchos otros perros, de modo que de forma gratuita se encontraba o evitada o atacada. Ni qué decir tiene que uno de mis intereses principales en ser educadora canina y formarme lo mejor posible en ello, es para comprender este fenómeno: por qué algunos perros son rechazados de forma sistemática. 

Y ahora dejo el dramatismo. Hoy Tita tiene más de tres años, sus codos están perfectos tras las operaciones, y gracias a Ami (y compañía) sus problemas de socialización parecen haber desaparecido, aunque todavía muchos perros la  evitan, tiene amigos y puede jugar con ellos.

Aunque no me planteo criar Chows, ni nada que se le parezca, sí me gustaría algún día poder ayudar en el asesoramiento y la educación de esta raza, pues la mayoría cargan con el peso de cierto estigma, se tiene la imagen de ellos como perros antisociales, huraños, e incluso agresivos con humanos. A mi parecer, esto es debido a que no se ha comprendido su forma de ser, ni respetado su gran necesidad de evasión, independencia, y carácter pacífico y contemplativo.

Tita tiene un papel fundamental en nuestra manada, ella enseña respeto por el espacio, transmite gran paz, y huye del conflicto. Es paciente, tolerante con los más pequeños, y disfruta los pequeños detalles de un modo muy particular, que hace pensar en que el ritmo de vida de la mayoría de nosotros es el equivocado, dando un ejemplo maravilloso de cómo se debe vivir el momento.

Por todo esto he creído conveniente presentaros a mi ángel, porque ella hará una gran labor con nuestros cachorros y será un pilar fundamental, como lo es ahora.

pepona

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