La tendencia escapista en el Shiba

La raza Shiba Inu es particularmente conocida, por un lado, por identificarse erróneamente con la película “Hachiko” y, por otro, por su carácter especial, y tendencia escapista.

Cuando un Shiba se aburre, le apetece explorar, no está cómodo, tiene algún tipo de temor, o simplemente le apetece: se va. Sin más dilación, comienza a correr y se pierde en el horizonte. Mientras para otros perros alejarse demasiado de sus dueños y perderlos de vista resulta una experiencia horrorosa, al Shiba en general le trae sin cuidado. Como si estuviera completamente seguro de llevar un GPS integrado e infalible, puede llegar a recorrer largas distancias, y esperarte en la puerta de casa mientras tú te tiras de los pelos, o no llegar a casa porque su GPS no era infalible.

Una de las preguntas más habituales entre los propietarios de Shibas, es “¿Soltáis a vuestro Shiba, cómo conseguís que no se vaya?”, y uno de los servicios que más nos solicitan los propietarios de un Shiba es, sencillamente: que mi shiba acuda a la llamada.

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Como cabe esperar, siempre hay excepciones, algunas personas afirman que sus shibas jamás se han escapado, que siempre van sueltos, y que son muy obedientes. Por supuesto, esto es posible, y muchas personas han sabido de forma intuitiva, o gracias a su propia formación en educación/adiestramiento, mantener a su shiba motivado y vinculado lo suficiente como para que no se marche a ninguna parte.

Si bien algunos shibas han sido adiestrados con aversivos (collar de vibración/eléctrico, por ejemplo, para “castigar” sus huidas), este método no lo recomendamos en absoluto, ya que no fomenta la confianza, si no la obediencia por librarse de un castigo desagradable.

Vamos al meollo de la cuestión, ¿cómo consigo que mi shiba no se escape? En primer lugar, si tu perro es un cachorro lo primero es crear y mantener un vínculo con él, y resultar interesante y divertido para él, estos son algunos consejos:

  • Realiza juegos de olfato con tu perro tanto en casa como en el parque, de ese modo le divertirá estar junto a ti.
  • Juega con él y no le llames de inmediato una vez lo has soltado.
  • Suéltale en lugares seguros, con una correa larga de adiestramiento de, al menos, 10 metros.
  • No lo regañes cuando vaya hacia a ti aunque haya tardado siglos en hacerlo.
  • No le ates de inmediato cuando ha llegado a ti, por el contrario, juega a llamarlo para hacer cosas divertidas. Cuando vayas a atarlo hazlo de forma “disimulada”, premiando con chucherías y caricias su obediencia.
  • El comando de la llamada siempre debe ser el mismo, un día no puedes decirle “ven”, otro “vamos” y al siguiente “aquí”. Elige uno y úsalo siempre, por ejemplo “ven aquí”.

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Si tu shiba es ya adulto, o tienes más diez meses, y ya te ha dado algún “susto”, además de seguir las recomendaciones anteriores, sería necesario conocer a causa específica por la que se escapa, ya que la mayoría de los Shibas tienen tendencia escapista, pero no todos por el mismo motivo. Algunos de los motivos habituales en Shibas jóvenes o adultos, que provocan la escapada:

  • Aburrimiento y deseo de volver a casa o explorar.
  • En caso de machos (sin castrar), hembras en celo en las proximidades. En caso de hembras en celo, pueden escaparse para marcar con orines zonas distantes o, si están en etapa receptiva, para buscar un macho.
  • Por trauma, miedo. Si el perro se siente inseguro, tiene miedo a otros perros y/o personas, de más está decir que puede huir en cualquier momento en que se vea sobrepasado.
  • Hambre o sed. Asegúrate de no pasearlo en ayunas, y de tener agua a mano. Cualquiera de estas dos necesidades pueden motivarlo a volver a casa él solo.
  • Dueño/tutor distraído. Si estás distraído, llevas un rato en la misma zona del parque mirando el móvil, charlando o cualquier otra actividad que estás en todo tu derecho a hacer (cosa que a tu perro le dará igual :P), y no percibes que tu shiba quiere continuar su paseo, se irá por su cuenta. Por lo general estos perros tienen aversión por permanecer en las mismas zonas durante largo rato.
  • Cualquier cosa de interés en el horizonte, en especial pequeños animales como conejos, o pájaros.

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Sabiendo los motivos, se puede dar con la soluciones, si bien aconsejamos acudir a algún curso de conocimientos básicos en adiestramiento, o solicitar el servicio de un profesional (a ser posible conocedor de esta raza).

Si quieres información sin compromiso sobre nuestros servicios de educación canina para shibas, contacta desde aquí, o envíanos un mail a mononoawareshibas@gmail.com.

Por supuesto, también puedes contarnos tus experiencias e inquietudes en los comentarios, a los que responderemos a la mayor brevedad.

¡Gracias por leer!

 

 

Socialización de cachorros, primeros paseos

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INTRODUCCION

El concepto de socialización es bastante amplio, a veces lo reducimos al hecho de que nuestro perro se encuentre con otros perros, cuantos más mejor y sea como sea. A veces, el mero hecho de llevarle a espacios concurridos, llenos de perros, lo consideramos socializar.

En realidad, si trasladamos algunas situaciones a nuestra propia vida, podríamos ver claramente si nuestro perro está socializando o no y si, de hacerlo, lo está haciendo bien.

Vamos a ver algunas situaciones en las que nos podemos encontrar:

Imaginemos que llevamos a nuestro cachorro a un espacio canino lleno de perros, él entra, olisquea, los observa, y se queda cerca nuestro, si le tiramos un palo va a por él y lo mordisquea. Algún perro se acerca y se va.

¿Está socializando?

Nuestro cachorro, por el contrario, entra en el espacio canino y salta sobre la cara del resto de perros, lamiéndoles.

¿Está socializando? ¿Es una forma correcta de hacerlo?

Entra al parque y los perros que allí hay le rodean y le olisquean, él se sienta y empieza a lloriquear, alguien se nos acerca y nos dice “¡No te preocupes, está aprendiendo!”

¿Qué está aprendiendo? ¿está socializando? ¿es una forma correcta de hacerlo?

Al día siguiente no volvemos al mismo lugar, nos vamos a otro parque, para que conozca otros perros, y vamos en distintos horarios, y vamos cuando más perros hay; además vamos a quedarnos un par de horitas, para que se canse.

Mismas preguntas.

En nuestro afán de socializar seguimos con la regla del “cuantos más mejor”, y aumentando exponencialmente la probabilidad de encontrarnos con un perro desequilibrado, o/y con pocas ganas de que un cachorro se le suba a la cara. Y un día “a nuestro cachorro le ha marcado otro perro, sin avisar”.

Mismas preguntas

¿A qué conclusiones llegamos?

Con esto no pretendo dar lecciones a nadie, pues yo también he estado en la situación de pasear con mi cachorro durante horas “a la caza de otros perros para socializar”, sino de observar el porqué a veces no se hace correctamente la socialización y primeros paseos del cachorro, cuando creemos que sí.

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CONCLUSIONES

Si vamos a un bar y nos tomamos algo en la barra rodeados de gente, sin mediar palabra, está claro que no socializamos. Si entramos saludando a cualquiera que nos mire, como si fuera nuestro amigo de toda la vida, estamos socializando como mínimo lo suficientemente mal como para que huyan de nosotros. Si tenemos nuestro bar/cafetería/lo que se quiera preferido, donde vamos con nuestro grupo de amigos habitual, y se nos impone ir a otro nuevo, y luego a otro nuevo, y luego a otro nuevo, y conocer a gente nueva, porque “hay que conocer gente nueva y tener amigos en todos lados”, acabaremos teniendo muchos conocidos, y pocos o ningunos amigos, con lo cual, sabremos muy bien hacer conocidos, pero no amistades.

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Con los perros pasa más o menos igual, y con los cachorros hay que añadir el hecho de que en sus primeros paseos, todo es nuevo (¡hasta los humanos con los que convive, hace un  mes que los conoce!), y durante el primer año de vida van pasando por diferente fases que pueden desestabilizarles.

Socializar es comprender y comunicarse correctamente con otros perros y personas, de forma coherente con cada situación. Para que el cachorro lo haga adecuadamente necesita seguir una progresión, donde nosotros seamos una constante que le aporte seguridad. Las personas conocidas y desconocidas deben ser delicadas con el cachorro, y se le debe dar la opción de explorar y conocer otros perros de forma gradual. Conocer en primer lugar su entorno, ampliando su propio “mapa mental” poco a poco, y los perros que lo integran (y esto no es únicamente verlos y jugar con ellos, esto es olerlos, oler sus orines y sus heces, los lugares por los que han pasado, etc), es una forma correcta de hacerlo. Aprender a pasear con correa, a acercarse de forma calmada a otros perros, aprender a acudir a la llamada, y dejarle elegir sus propias amistades, aporta seguridad y tranquilidad, sienta las bases de su equilibrio emocional y le permitirá entender mejor el mundo que le rodea y a sus integrantes.

Los paseos de horas, las multitudes desconocidas, pasar a un lugar nuevo sin haber conocido lo suficiente el anterior, dejar que personas desconocidas lo acaricien, forzarle a saludar, etc, sienta las bases para el desequilibro emocional y el estrés crónico. Debemos huir del “cuánto más mejor”, y no tener prisa. Afianzar un paso para dar el siguiente, construir nuestro vínculo con nuestro perro, y dejarle construirlo con otros, cachorros y adultos, que le enseñarán las lecciones más valiosas.

Nuestro cachorro nos va a mostrar sus preferencias, sus puntos fuertes y sus puntos flacos, sus temores, y sus fortalezas, si le damos tiempo para hacerlo. No tengamos prisa, el mero hecho de tener la voluntad de socializar a nuestro cachorro y el deseo de que pase horas fuera y se divierta, ya es algo muy positivo. Además, si nuestro cachorro es un Shiba, tengamos en cuenta que es probable que tenga una mezcla explosiva de impulsividad e intromisión, que lo hará imprevisible tanto para nosotros como para otros perros en muchas ocasiones, hasta que conozcamos a nuestro Shiba como individuo, sus propias tendencias y “perronalidad”.

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CONSEJOS GENERALES

  • En su vida de cachorro, aumentar gradualmente el tiempo del paseo, y las distancias.
  • Enseñar al perro a ir de la correa de forma tranquila, sin tirar.
  • Enseñar al perro a acudir a la llamada haciéndonos interesantes para él, no llamarle únicamente cuando le vamos a atar.
  • No cogerle en brazos cada vez que otro perro le gruña, no regañarle si es él el que gruñe, ni dejarle solo. El gruñido es solo otra expresión más, si tienes que llevártelo, hazlo con suavidad, a ser posible con la llamada u otro “comando”.
  • No perderlo de vista.
  • En Shibas, nunca creas que tu perro no se va a escapar. Ten una cuerda de aproximadamente dos o tres metros atada a su arnés si todavía no le has enseñado la llamada. Mantente alerta si tu Shiba mira al horizonte y no interactúa contigo ni con otros perros.

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OTRAS LECTURAS Y SERVICIOS

  • Os dejo un artículo mucho más completo de otra educadora canina: https://pateducadoracanina.com/socializacion-cachorro/
  • Os recomiendo el curso para cachorros, y el curso para perros jóvenes de Educan: http://www.adiestramientoeducan.com/madrid
  • Si quieres solicitar servicios específicos para la educación de tu Shiba adulto o cachorro (o cualquier otro perro de raza primitiva o mix de raza primitiva) infórmate y ponte en contacto con nosotros desde aquí: https://shibainumadrid.com/servicios-de-educacion-canina/
  • Para otras razas/mestizos envíanos un mail a: mononoawareshibas@gmail.com

¡Gracias por leer!

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Control de la mordida

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Los cachorros tienen unos dientes especialmente afilados hasta el cambio de dentición. A menudo, su nivel alto de actividad, su tendencia innata a morder, y la ausencia de actividades educativas para que aprenda control de la mordida, pueden dar lugar a pequeños incidentes en los cuales nuestra manos salen mal paradas.

Para enseñarle a nuestro cachorro a controlar la intensidad con la que mordisquea tenemos que aceptar que nos mordisquee. Nuestro perro no es malo porque muerda, morder para ellos es como para nosotros agarrar la cafetera, tocar la ropa que estamos pensando en comprar, o dar la mano. Igual que podemos golpear con las manos, los perros pueden hacer daño, intencionadamente o no, con su boca. Impedir que nuestro perro use su boca, sus dientes, y su mandíbula, es como obligarle a una persona a actuar como si no tuviera manos.

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Haru y Pícara

En mi opinión, algunas razas son más propensas que otras a utilizar sus dientes. En el Shiba, los dientes se utilizan especialmente para indicar, con mucha claridad, su incomodidad, también es habitual en el juego, desde muy pequeño, con gruñidos, marcaje y presa. Podemos ver la predilección por este tipo de juego cuando se encuentran con otro Shiba o con otro perro que comparte este mismo estilo. Como en todo, siempre hay excepciones, y hay individuos que no tienen este tipo de juego.

El cachorro tiene poca capacidad de control, pero de forma natural pueden aprender a identificar si están haciendo daño al morder. Su madre, y compañeros del grupo social (lo que solemos llamar “manada”), así como hermanos, indican al cachorro cuando está usando una fuerza excesiva en la mordida y, por tanto, hace daño. Lo indican con un alarido y, a veces “devolviendo el golpe”. Aunque reciban esta información de sus congéneres, nosotros también debemos hacer sesiones educativas con él, puesto que aplicará la fuerza en la mordida que aplica en los otros perros, y esto es un problema para nosotros. ¿Por qué es problemático para nosotros, por qué no podemos pensar que ya le están enseñando los otros perros y con eso es suficiente? La cosa es bastante más sencilla de lo que parece, los perros están protegidos por una piel más gruesa que la de nuestras manos, y un manto de pelo (especialmente espeso en el Shiba). La misma presión que el cachorro ejerce al jugar con sus hermanos, resulta muy dolorosa para nuestras manos (y ya no os cuento para nuestra cara, si pretendemos dejar que nos dé “besitos” en ella).

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Pícara

 

¿Cómo se enseña control de la mordida? Digamos que lo que estamos enseñando al perro es, en cierta forma, nuestro particular umbral del dolor. Veremos que el perro, (en edad adulta), tiene la capacidad de entender con qué miembros de la familia puede jugar más bruto y apretar más, pueden distinguir entre un ser más vulnerable y otro más fuerte, por eso son capaces de tratar con delicadeza a los niños y a los ancianos; esto es gracias, en gran medida, a las nociones que desarrolla de cachorro.

Para que nuestro cachorro entienda que nuestras manos son frágiles, hay que dejar que conozca nuestras manos. Nuestras manos deben ser fuente de caricias, y seguridad. Nuestras manos no pueden ser fuente de castigo, ni de imposición, es decir, no debemos pegarlo, ni imponerle caricias, abrazos, o agarres.

Sentados en el suelo con nuestro cachorro, dejaremos que nos lama las manos y las mordisquee. No esperaremos a que nos haga realmente daño, cuando consideremos que la presión empieza a ser fuerte, exclamaremos “¡Ay!” lo suficientemente alto y claro para que el cachorro baje la intensidad o retire sus dientes del contacto con nuestra piel (sin provocarle miedo). Cuando lo haga, le diremos “muy bien” suavemente, y lo acariciaremos, y le dejaremos volver a lamernos las manos y mordisquear si lo desea. No le meteremos la mano en la boca, ni le alteraremos excesivamente para que nos muerda. Podemos jugar con las manos enérgicamente si nuestro cachorro tiene control sobre su mordida, si no es así, es mejor posponer este tipo de juego.

Si el cachorro está sobreexcitado, no es el momento para practicar estos ejercicios, será mejor redirigir la mordida a juguetes para tales fines.

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Pícara

En este sentido es importante que asumamos que los perros suelen romper sus juguetes, y que no podemos dejar de darle juguetes porque “no le duran ni dos días”. Es poco habitual que un perro trate los juguetes con delicadeza, y permanezcan como nuevos para siempre. Si el perro es exageradamente destructivo, quizá deberíamos replantearnos si sus tiempos de ocio son adecuados, podría padecer ansiedad.

 

Os dejo un vídeo que espero sea ilustrativo de lo expuesto:

 

Artículos recomendados:

http://www.orbicanes.com/news/925-ensenar-al-cachorro-la-inhibicion-de-la-mordida

http://animaltraining.com.mx/ensena-a-tu-perro-a-controlar-la-fuerza-de-su-mordida/

 

Notas:

  • Encontraréis artículos que relacionan la mordida y la dominancia. Quería dejar mi opinión al respecto, y es que no es positivo ver la educación canina como una lucha de poder. Nuestro perro en general lo que quiere es estar en paz con nosotros, no tiene necesidad de dominarnos  porque sabe que somos su familia y amigos. Si fuera cierto que el perro tiene ese ansia por dominar hasta a nuestra abuela, ¿no hubiera sido complicado pasar juntos todos estos siglos de unión entre el Ser Humano y el perro?
  • Quizá os genere inquietud pensar que si dejamos que nuestro perro mordisquee no vamos a poder impedirlo posteriormente, cuando no queramos que nos mordisquee, ni fuerte, ni flojo. Es normal que pensemos esto, pero creo que si lo volvemos a pensar veremos que en realidad esto no tiene fundamento. No tiene fundamento porque en la educación de nuestro perro le vamos a enseñar, o deberíamos, un código de comunicación. En ese código tenemos la palabra “no” para indicarte que queremos que deje de hacer algo (os dejo un artículo que me gusta mucho al respecto, click aquí). Igual que le decimos a un amigo, conocido, o cualquier persona que no nos apetece [lo que sea] en este momento, también se lo podremos decir a nuestro perro. Por otro lado, el mordisqueo de manos es más una fase de cachorro, que una costumbre inherente al perro.

Espero recibir vuestro feedback, experiencias, y sugerencias, como en anteriores ocasiones 🙂

¡Hasta el próximo artículo!

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Un paso más: titulación en Adiestramiento Profesional

La historia de la humanidad está unida a la historia del perro, aunque ningún perro aparezca como personaje histórico en nuestros libros de estudio, ni vaya a salir en ninguna pregunta de examen.

¿Seríamos los mismos sin ellos? ¿Somos conscientes de todo lo que tendríamos que agradecerles? Probablemente la respuesta sea no a ambas preguntas.

Tanto la selección natural, como la selección artificial (impuesta por nosotros), a dado lugar a perros que nos aman por encima de todo porque, en general, creo que sería imposible soportarnos si su amor no fuera incondicional. Y sí, reciben algo a cambio, cobijo, comida y, si tienen suerte, hasta nuestro afecto y, si tienen un poquito más de suerte todavía, hasta una educación sana, pero eso no quiere decir que no padezcan nuestras miserias en innumerables ocasiones.

Amo a mis perros, pero amar no es garantía de hacer lo correcto, y por ese motivo fundamentalmente, traté de encaminarme a aprender más sobre su comportamiento y sus necesidades. Tampoco querer hacer lo correcto es garantía de no equivocarse, no siempre podemos mantener a los seres a los que queremos libres de nuestros defectos, pero eso no es excusa: debemos darles de lo bueno, lo mejor.

Las razas denominadas primitivas, y en particular las razas asiáticas, no se han visto tan influenciadas por la selección artificial como otras razas (las cuales son el resultado de diferentes cruces que buscaban, en general, una docilidad que los hicieran aptos para las funciones que en cada caso se les quisiera otorgar). Por este motivo suelen presentar un carácter más introvertido, desapegado, desconfiado, independiente, incluso rebelde. Este conjunto de características las hacen distar del perro tal y como lo conocemos (especialmente en Europa en mi opinión), y nos hacen ver a perros como el Shiba, algo a caballo entre un can y un felino. Además, estamos hablando de perros que provienen de países cuya cultura es muy distinta a la europea, por lo que, aún habiéndose producido una cierta selección sobre dichas razas, cabe pensar  que una cultura distinta buscaría cosas distintas a las que buscamos nosotros.

Estos y muchos otros motivos (incluyendo aquellos que todavía desconozco), nos hace encontrarnos con un perro que, teniendo un comportamiento de perro, como no puede ser de otra manera, presenta unas necesidades particulares y una comprensión especial. Esta comprensión cobra especial relevancia en el primer año de vida nuestro perro, por ser una etapa muy sensible al aprendizaje y a la formación del vínculo con su familia. Hay razas en concreto que salen muy mal paradas, como son el chow-chow o el shar pei, muchos de ellos adquiridos por su aspecto, pero finalmente apartados de la vida familiar o directamente dados en adopción.

Por este tipo de perros en particular y por el perro en general, mi labor incipiente como criadora es mucho menos relevante que la labor de educación canina, enfocada a la comprensión y la vinculación con las razas tipo primitivo, y con aquellos canes, sean de la raza que sean, que presenten mayores dificultades para su relación afectiva y social tanto con sus congéneres como con las personas.

Hay razas que no nos lo ponen fácil, hay perros (sean de raza o no), que no nos lo ponen fácil, y no es porque no quieran, es porque contra la naturaleza de lo que somos, no podemos luchar. Pongamoselo fácil nosotros, que podemos.

Y en este contexto creo que la mejor opción de base es la Educación Canina Cognitivo-Emocional, tanto para el perro como para su familia que, estoy convencida, está deseando hacer feliz a su perro.

Pienso esto porque en esta disciplina el perro es tratado como un sujeto que debe ser proactivo en su propia educación, que debe decidir en su propia vida, y que no debe limitarse a cumplir órdenes como un soldado. Y esto no quiere decir que el perro deba hacer lo que quiera, ni que todos los perros nazcan siendo unos santos y seamos nosotros los ineptos que pervertimos esa pureza. Quiere decir, a mi modo de ver, que merecen comprender lo que ocurre en su mundo, y que nos podemos comunicar con ellos de forma inteligente y afectiva, para establecer las pautas de convivencia y para ser felices, tantos de forma individual como conjunta.

Porque hacemos mejor aquello que entendemos, y ellos también.

Todavía me queda mucho por hacer, en primer lugar, poner en orden los conocimientos adquiridos, y conseguir experiencia práctica en ello. Porque esta labor empieza, pero no acaba.

¡Gracias por leer!

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Yolanda Ruiz