¡Al agua shibas!

 

Muchos de nosotros queremos que nuestros perros se bañen en el río, lago, playa, incluso en nuestra piscina. Es raro ver a un shiba arrojarse al agua, salir y entrar plácidamente. Lo más habitual es que se muestre receloso y, a lo sumo, que entre y chapotee.

En muchas ocasiones nos dirán que “los perros saben nadar”, y que por eso “ningún perros se ahoga”. Los perros, en general, saben mantenerse a flote, pero si no han aprendido a nadar, se mueven de forma abrupta, arrítmica, se angustian y salen sofocados del agua, aunque existen razas que tienen una destreza particular para nadar sin que nadie les enseñe.

En el caso del Shiba, salvo si ha sido habituado desde cachorro, el agua le producirá desconfianza, lo cual no le impedirá aproximarse y darle una oportunidad, dado su carácter aventurero y su natural valentía.

Es importante tener en cuenta que no van a reaccionar igual en cualquier forma de presentarse el agua. En ocasiones hay quien piensa que su perro va a responder bien en la ducha, porque le gusta mucho meterse en ríos o charcos; no tiene nada que ver. A continuación, paso a comentar la reacción habitual del shiba (y probablemente de muchos perros), en diferentes contextos en los que está presente el agua:

El momento del baño

Circulan por la red vídeos de shibas en el baño, relajándose mientras los enjabonan. También shibas dando gritos como si el champú fuera una condena a muerte. Por lo general, les resulta desagradable y huyen del baño. Esto se produce aunque adoren los charcos o los ríos. ¿Por qué ocurre? Normalmente nuestro perro acude a su primer baño ignorando por completo lo que va a ocurrir; de forma repentina se ven introducidos en la ducha/bañera, y el agua cae a chorro desde una especie de serpiente metálica y, para colmo, no les dejamos salir. La primera experiencia con el baño suele ser traumática y condiciona todas las demás. Para evitar esto, sería lo mejor realizar un proceso para positivizar el baño, y los elementos que vayamos a utilizar en el mismo.

Río, embalses, y agua en calma

IMG_3243.jpgNormalmente en estas circunstancias, el shiba se acerca progresivamente a explorar siempre que no sea obligado. Si puede adentrarse en el agua sin dejar de hacer pie, es muy probable que acabe jugando, e incluso vaya detrás de un palito o cualquier otra cosa que arrojes en las proximidades. Aquí tenéis un vídeo de una sesión con Haku. Como se puede ver en el vídeo, hay que dar tiempo y espacio e introducir juegos si es posible, para que pierda el miedo y se atreva a zambullirse; aunque en el vídeo todo ocurre muy rápido, fue necesario mucho más tiempo.

“¡Dios mío, no hago pie!”

En lugares en los que, para mojarse, no le queda otro remedio que sumergirse por completo, es casi seguro que no se molestará en acercarse (salvo que haya sido entrenado y sepa nadar). En caso de que nosotros estemos dentro, podríamos tomarlo en brazos y ayudarle a perder el miedo. Es muy recomendable utilizar un chaleco salvavidas, ya que lo que les resulta más inquietante es comenzar a hundirse en cuanto dejamos de sostenerlos. Esta entrada de wikihow muestra los pasos a seguir para enseñar al perro a nadar (en inglés).

La playa

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Haru, de nuestra cliente Patricia, en la playa

Los perros que han superado la prueba de fuego en lugares como pantanos, ríos, etc, sin embargo pueden mostrar un comportamiento totalmente distinto respecto al mar. Los shibas en particular son animales sumamente cautelosos en cuanto a su integridad física y cualquier cosa que se salga de lo que conocen. El mar supone diferencias notables a sus ojos (y olfato), entre ellas le resulta imprevisible y poco seguro por encontrarse el agua en movimiento. El shiba además presenta otro problema, al ser pequeño, las corrientes lo mueven con facilidad. Si lo dejamos tranquilo y sin agobios es muy probable que acabe jugando en la orilla, sobre todo cavando en la arena. En las imágenes, Balrog en sus primeras aproximaciones al mar.

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La piscina

Resulta especialmente improbable que un shiba se tire a la piscina. La piscina es un lugar donde el perro parece no tener claro si estamos en problemas o no. En ocasiones estamos en la piscina gritando y riendo, y nuestro perro empieza a dar rodeos nervioso. Además, las piscinas generalmente no cuentan con una rampa de acceso, así que el perro no tiene por dónde entrar de forma progresiva. Aún cuando le enseñes a nadar en la piscina, es poco probable que se atreva a entrar por sí solo. Para que la experiencia en la piscina fuera positiva, necesitaría una rampa, y mucha calma. Rara vez se acercará si estamos dentro haciendo aguadillas o dando chillidos. Si se hace bien, puede que el perro se acerque por sí mismo para que lo cojamos en brazos y nade con nosotros. En las imágenes, Ukiyo de Mono no aware, cogiendo chuches al borde de la piscina en el proceso de positivización.

 

La lluvia

27747606_2048399488751021_1263368040042677332_o.jpgResulta obvio la diferencia entre la lluvia y las anteriores situaciones. Curiosamente, la lluvia es para muchos shibas activante, en especial cuando se presenta en una zona de césped. En general no les supone ningún problema, y rehusarán ponerse un chubasquero. Cuestión diferente es si el shiba tiene la lluvia asociada a la tormenta, y por una falta de habituación o por un trauma, esto le causa temor. En la foto, Pícara, nacida en nuestra casa, no parece nada incómoda con su impermeable.

Los charcos y el lodo

Cualquier perro puede rebozarse en un charco de lodo o barro, en general parece ser que los shibas eligen rebozarse con mayor frecuencia en heces, o animales muertos. Cuando nuestro perro se reboza en barro, o se mete en un charco, tendemos a bañarlo con agua y jabón después. En realidad, en la mayoría de los casos basta con dejar que se seque el barro y dar un buen cepillado para que queden impecables nuevamente.

Con esto queda finalizado este artículo sobre el shiba y el agua, esperamos que os haya sido de utilidad. No dejéis pasar los momentos en que podéis darle a vuestro perro nuevos entornos para explorar.

 

img-thing¡Hasta la próxima!

 

 

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“¿Mi shiba tiene miedo?”

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El miedo es una emoción que nos permite mantenernos a salvo. Nos moviliza tanto para atacar, como para huir, refugiarnos, o ser cautelosos, según las circunstancias. Para los perros es una emoción tan necesaria como para nosotros, y como en nuestro caso, si el miedo se desencadena de forma patológica, resulta limitante, incapacitante, perjudicial.

En multitud de ocasiones perros que responden de forma agresiva a la proximidad de otros perros y/o personas, tienen miedo y recelo, y han aprendido que reaccionar de forma hostil les libra de aquello que les parece una amenaza.

Cuando nuestro perro tiene un comportamiento de este tipo y no sabemos identificar el motivo, pensamos “pero si no tiene ningún trauma, es imposible que tenga miedo”, “a mi perro no le ha pasado nada, ¿por qué actúa así?”, “¡pero si siempre ha estado protegido! ¿por qué tiene miedo?”.

Son muchas las preguntas que nos podemos hacer cuando no tenemos la información suficiente, o/y no sabemos interpretarla. En muchas ocasiones la respuesta la tenemos en la propia pregunta.

En primer lugar, ¿cómo sabemos si nuestro perro tiene miedo?

Un perro con miedo de X, tenderá a alejarse y evitar a X cuando está lo suficientemente lejos para él, y lo atacará, ladrará o tratará de espantar de todas las formas posibles, cuando bajo su percepción se encuentre tan cerca como para representar una amenaza real. En un perro con miedo, ocurre algo similar a lo que nos podría pasar a cualquier de nosotros, cuando estamos asustados o alerta, por muy lejos que esté lo que tememos nos puede parecer demasiado cerca. Es natural que algunos perros ladren o enseñen los dientes aun cuando el detonante (lo que le asusta) está a muchos metros de distancia. ¿Quién es capaz de pensar fríamente si está asustado?

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Ukiyo, de mono no aware, a punto de dormirse.

 

En segundo lugar ¿Por qué tiene miedo?

A veces nos pasamos mucho tiempo dándole vueltas a las causas, pensando que algo concreto ocurrió para que nos esté pasando esto o lo otro. En ocasiones, el problemas es lo que no ha pasado, por ejemplo, los perros adultos que han tenido una infancia pobre de estímulos. Este podría ser el caso de cachorros que han crecido en un chenil con la única compañía de su madre y hermanos, o de perros que han pasado su vida en el mismo jardín sin apenas contacto de otros perros y personas. Cuando un perro, en especial en su infancia, no ha recibido una correcta socialización, habituación a diferentes estímulos, e incluso una correcta estimulación temprana, el mundo real es para él algo extraño y casi amenazante.

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Ukiyo, de Mono no aware, sin temor a nada.

Por supuesto, sus temores han podido tener origen o verse incrementados en uno o varios traumas. Lo que para nosotros puede no tener importancia, para un cachorro que ha crecido en una jaula, chenil o habitación solitaria, puede ser absolutamente extraño y asombroso. Cosas asombrosas como el ruido del televisor, o que un señor llame a la puerta para entregarnos una carta. El problema es que para un cachorro de estas características, el señor extraño puede pasar en un segundo a ser un señor potencialmente peligroso, solo porque habla demasiado alto, o se ha rascado la cabeza.

También es habitual el caso de perros sin aparente problema emocional, alegres y felices, que sufren un ataque de otro perro, o un susto desproporcionado de un extraño, o la caída de un mueble, o cualquier otro incidente, cambiando por completo su carácter. En estos casos, la familia o tutor, siente que “le han cambiado” a su perro. Suelen expresarlo casi todos de la misma manera “desde que le pasó X mi perro es otro”.

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Pícara, de Mono no aware, en brazos de Gonzalo, durmiendo placidamente.

La pregunta crucial ¿Cómo lo puedo solucionar?

Hay múltiples lecturas, seminarios, cursos y profesionales, con técnicas e información útil para poder ayudar a tu perro.

En general, las cosas que implican que se agrave la situación son las siguientes:

  • Aislar al perro, mantenerlo lejos del detonante (lo que provoca el temor)
  • Acercarlo constantemente al detonante “para que se acostumbre”
  • Acudir a un profesional al que pagarle para que se lleve al perro, y te lo devuelva “como nuevo”, sin saber qué técnica utiliza
  • Aplicar rápidamente todo lo que leemos, nos aconsejan, o nos dicen, sin pararnos a analizarlo
  • Pensar que “se curará con el tiempo”
  • Actuar como si no tuviera un problema, por ejemplo, soltar a nuestro perro en un espacio canino sabiendo que tiene miedo a otros perros y que se pelea con algunos.

 

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Pícara y Ukiyo, de Mono no aware, reclamando mimos.

Cosas que pueden mejorar la situación:

  • Transmitirle seguridad
  • Entrenar con él a través de actividades motivadoras
  • Entrenar la obediencia de forma motivadora
  • Acudir a un profesional amable, que empatice contigo y con tu perro y tenga experiencia
  • Acudir a seminarios, cursos y lecturas fundamentados, sobre el tema en cuestión, huyendo de las respuestas fáciles y las soluciones milagrosas.
  • Tener fe en tu perro y en su capacidad para superarse
  • No iniciar ningún plan de adiestramiento sin sentirse convencido

 

El shiba con miedo

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Foto de autoría externa. Click en la imagen para ir a la fuente.

 

En este artículo he hablado de “el perro”, ya que a grandes rasgos, es aplicable lo comentado a cualquier perro. No obstante, me parece importante y esencial notar que cada perro como individuo presenta una serie de matices en su comportamiento y en su forma de procesar lo que acontece. Así mismo, el shiba tiene una respuesta muy similar ante la incomodidad, el temor, la desconfianza, el cansancio y cualquier situación que lo desborde emocionalmente. Su respuesta (en casos graves), en general, es la siguiente:

  • Huida: escapar cuanto antes a un lugar seguro, por ejemplo saliendo de la casa si cree que te vas sin él, o yéndose del parque.
  • Agresividad: respuesta hostil, ofensiva, hacia el detonante, si considera que va a ser dañado o molestado. Por ejemplo ante los niños, si es manipulado contra su voluntad.
  • Depresión: tristeza, abatimiento y falta de apetito, si no se siente comprendido y/o se ve expuesto de forma cotidiana a la situación desagradable. Por ejemplo, malas experiencias en el espacio canino, y lo llevamos a diario.
  • Indefensión aprendida: en ocasiones pueden permanecer inmóviles y ausentes ante lo que temen. Esto se da cuando han aprendido que actuando no consiguen nada. Pueden llegar hasta el punto de caer rendidos en cuanto vuelven al lugar seguro, solo por el agotamiento mental, esto produce en ocasiones que los tutores crean que el perro ha mejorado cuando en realidad está “atrapado” dentro de sí mismo. Por ejemplo, cuando tienen miedo al tráfico pero siguen paseando en zonas con afluencia de coches.

Espero que os haya sido útil este artículo, si quieres solicitar información sobre nuestros servicios de educación canina rellena el formulario por favor.

¡Hasta la próxima!

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Agresividad en el Shiba

artEn este artículo quiero hablar brevemente de la supuesta tendencia agresiva de la raza Shiba inu, una rasgo que muchas veces se le atribuirá a tu perro, si es de esta raza, incluso por personas que la desconocen totalmente.

Muchas personas temen que su Shiba se convierta en un perro hostil, agresivo, que se haga dueño de cada rincón de la casa y espante a los invitados. Algunos propietarios de un shiba, se sorprenden incluso cuando en lugar de un perro frío y distante, se encuentran con un cachorro cariñoso como cualquier otro. Otros, tratando de prevenir este comportamiento que le han advertido tantas personas, ponen en práctica técnicas contraproducentes, tales como meter la mano en su cuenco de comida (para que sepa “quien manda”), someterlo cuando gruñe (sujetándolo panza arriba impidiéndole que se mueva), no dejar que coma ante que ellos, que pase siempre el último por la puerta, etc… Un trato como este hará de tu shiba algo muy diferente de tu mejor amigo.

sesionukidescart¿Qué hay de verdad en la afirmación de que el Shiba inu es una raza con tendencia agresiva?

Lo que sí parece cierto es que, habitualmente, esta raza tiene una reacción a la incomodidad, al abuso, al miedo y a la desconfianza, muy contundente y clara, ladrando, gruñendo, y marcando, llegando a morder, si es necesario. Mientras otros perros ante una situación aversiva tienen un comportamiento conciliador, sumiso, o retraído,  limitándose por ejemplo a cerrar los ojos, orinarse o esconderse cuando tienen miedo, el shiba, en general, afronta lo que teme o le provoca de frente, tenso, erguido y listo para atacar o defenderse. Esto quiere decir que mientras otros perros recurren a la agresión como último recurso, para el shiba puede ser el recurso principal.

face2Este fuerte carácter es, en mi opinión, su estrategia de defensa. Si tu shiba muestra una respuesta hostil hacia otros perros, las visitas, los niños, objetos en movimiento, personas desconocidas, etc… No creas que esto es normal porque es un shiba. Tu shiba te está indicando que no está cómodo, de su particular manera: volviéndose gruñón, hostil, y frío. No es la forma de ser típica de la raza, es, probablemente, la forma de responder típica de la raza ante una situación difícil.

¿Qué puedes hacer para evitar que tu shiba sea agresivo, reactivo, u hostil?

Tu shiba no será agresivo si no tiene ningún problema, si aprende a gestionar sus emociones y establecéis un buen vínculo y comunicación. (Si tienes un shiba macho sin castrar y estás levantando una ceja, escéptico, tengo una artículo en el horno reservado para ti). 

Genera un buen vínculo con tu perro, basado en la confianza mutua, en el entrenamiento, el juego y la diversión. Cuando tu cachorro llegue a casa obsérvalo, trata de no cogerlo en brazos si indica el más mínimo rechazo en ese sentido, observa cual es su reacción hacia el ruido, la llegada de visitas, y tus propios movimientos. Si tu cachorro está habitualmente alerta, tenso, y busca un lugar apartado, dale la oportunidad de relajarse, ofrécele chucherías, y juguetes, siéntate en el suelo con él sin cogerlo, y deja que se acerque poco a poco a ti. Los cachorros muy tímidos pueden haberse criado en un entorno pobre en estímulos, solo con su madre y sus hermanos, dale tiempo, calma y silencio para que se adapte a la nueva vida, sin sobresaltos. 

IMG_4995coolSi tu cachorro es el típico perrito simpático, juguetón y alegre, que come como una lima y te saluda cuando llegas: ¡premio! solo tienes que mantenerlo así, que ya es bastante. Empieza con ejercicios fáciles como el “sienta”, juegos de olfato sencillos, juegos con pelota o mordedor… Enséñale el collar y la correa un par de semanas antes de sus primeros paseos, y trata de que se acostumbre a llevarlo por casa antes de salir.

Apúntate con tu shiba a cursos prácticos de educación canina con métodos amables y actuales, que huyan del enfoque dominancia-sumisión y ten cuidado con todo aquel que se anuncie como un educador exclusivamente en positivo. También podéis apuntaros a actividades de agility, olfato, club de cachorros…

Trata de regañarlo lo menos posible, y felicitarle lo máximo posible. No le fuerces a conocer a todos los perros del barrio, ve poco a poco y con paciencia.

En definitiva, mantén a tu shiba motivado.

Si tu shiba muestra cualquier comportamiento aparentemente agresivo, consulta con un profesional, y no utilices técnicas que impliquen someter a tu perro, pues eso solo hará que vuestra amistad se destruya.

Si quieres información sobre los servicios de educación canina que podemos ofrecerte, contacta con nosotros a través del formulario:

 

Entrenamiento del Shiba inu

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Yuki, de Sheila Molina, autora de la fotografía

Una de las cuestiones más importantes, cuando decidimos compartir nuestra vida con un perro, es su educación. En el caso particular del la raza Shiba, es de vital importancia conocer su carácter, informarnos de sus particularidades, y contar con ayuda profesional para guiar su educación.

En muchos casos los educadores no tienen conocimiento suficiente sobre esta raza, aplicando métodos que, si bien seguro que son muy positivos, no son lo suficientemente eficaces para un Shiba.

¿Cuáles son los pilares, a nuestro entender, del entrenamiento de un Shiba?

Por su carácter reservado, desconfiado, activo y aventurero, el Shiba necesita desde el primer momento, formar un gran vínculo afectivo con sus dueños. De forma errónea, algunos educadores y particulares, recomiendan ser firme y autoritario con esta raza, porque han “oído” que son perros ariscos y “dominantes”. Como es evidente, un educador profesional, formado y competente, no esgrimirá estos argumentos, pero tenemos que estar preparados para detectar las falacias y los prejuicios de los que no tienen la formación necesaria.

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Precioso y motivado Yuki

Además del vínculo afectivo, otro pilar en la educación, muy ligado a este, es la confianza. Nuestro Shiba tiene que estar seguro de que no suponemos una amenaza para él. Regañarlo de forma constante, o tratar de establecer una autoridad inflexible sobre él, lo desmotivará, y lo llevará a ignorarnos. Hay multitud de ejercicios para fomentar el vínculo con tu shiba, pero también es algo que puedes hacer en tu vida cotidiana: dale tiempo para comprender, dedica un ratito al día para entrenar comandos sencillos, fomenta el paseo relajante, (donde él indica el camino a seguir).

Podemos enumerar otro factor esencial en esta lista: la diversión. Tu shiba necesita divertirse. Es un animal audaz, de sentidos muy despiertos, con una curiosidad casi felina, y una valentía que puede rozar lo temerario en la etapa de cachorro: permítele divertirse, conocer lugares nuevos, explorar, y conocer otros perros.

Por supuesto, otro pilar clave, es la socialización con perros y personas, que consiste en la relación progresiva con estos, de forma ordenada y segura.

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Quedada en Madrid con varios Shibas

¿Realmente es necesario un educador/adiestrador?

Como es lógico, no es estrictamente necesario. Todo el mundo puede formarse por sí mismo, a través de la lectura, la práctica, y acudir a formación de forma regular. Como ya hemos comentado en otros artículos, también hay muchas personas con gran habilidad y comprensión de su perro, que saben mediante la observación, el afecto y su propia habilidad y experiencia previa, guiar a su shiba. Sabrás que vas por el buen camino cuando vuestra relación esté basada en el respeto mutuo, sea calmada, y os haga felices a ambos. ¡Esto no quiere decir que jamás os enfadéis! (sobre este aspecto hablaremos en otro artículo).

En nuestra opinión, si tu shiba está correctamente entrenado debería:

  • Poder disfrutar suelto, al menos, una vez al día o, como poco, una vez por semana.
  • Debe acudir a tu llamada.
  • No debe abusar de otros perros.
  • No debe escaparse, ni comer cosas del suelo.
  • Debe tener una conducta equilibrada: sin miedo, ni agresividad patológicos.
  • Puedes pasear con tranquilidad también con correa, sin tirones.
  • Ha entendido las normas de convivencia.

Por ejemplo, si tenemos un shiba que es agresivo o reactivo, cuya respuesta agresiva/reactiva se está agudizando con el tiempo, hasta el punto de confinarle a la soledad, deberíamos hacer algo por él. La cuestión ya no es solo si a nosotros nos molesta o no, si podemos soportar tener un perro en estas condiciones, la cuestión es: ¿merece el perro tener un problema y no ser ayudado?

De igual modo, si nuestro shiba jamás camina suelto, y no puede jugar con otros, porque se escapa, ¿es justo que siempre vaya atado? ¿es justo que le confinemos al metro y medio de una correa?

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Ginga, de nuestra casa, con su hija, Ukiyo de Mononoaware

Como es natural, para acudir a sesiones de entrenamiento profesional, es necesario dedicar parte de nuestro dinero a ello, y muchas personas no llegan nunca a pedir presupuesto, porque dan por hecho que será un servicio muy caro.

Igual que hacemos cuando queremos comprarnos un smartphone, una lavadora o un coche, también debemos informarnos, comparar y elegir, por nuestro perro. ¿Dejarías de buscar un móvil, una lavadora, o un coche, dando por hecho que todo es caro?

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Gonzalo con Ukiyo (dcha) y Wax, de Julia Martines.

Evidentemente, en esta página nosotros nos anunciamos tanto como criadores, como educadores y, obviamente, al estar especializados en esta raza, creemos que podemos ayudarte (los servicios solo se prestan en Madrid). Pero si por tu ubicación, o cualquier otro motivo, vas a acudir a otros: te animamos a informarte y elegir aquellos que os hagan sentir cómodos, en confianza, y motivados.

Infórmate de todas tus opciones y no dejes pasar la oportunidad de expandir tus conocimientos y hacer aún más feliz a tu shiba.

 

Educación canina en positivo, ¿es posible?

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En los últimos años el mundo de la educación canina ha cambiado de forma significativa, al menos en teoría: de un enfoque de dominancia-sumisión, a un enfoque que busca el bienestar del perro como un miembro de la familia. Desde que el precursor de la teoría de la dominancia, David L. Mech, desmintiera alguna de sus bases y matizara sus conclusiones, los cambios en materia de adiestramiento, se han sucedido a gran velocidad. Quizá como consecuencia de décadas de abuso bajo la creencia en esta teoría, y por la integración del perro en el hogar, ha surgido una corriente que se podría considerar opuesta.

La educación canina en positivo postula, en general, la educación del perro en ausencia de cualquier tipo de situación negativa, desagradable, o indeseada por el mismo. Para enseñar conductas, y en la comunicación con nuestro perro, aboga por el refuerzo positivo, y descarta cualquier tipo de aversivo. Es decir, para educar a tu perro en positivo, solo puedes utilizar un lenguaje agradable, y métodos que aporten algo gratificante al perro. Eso quiere decir, por ejemplo, que el uso del “no”, no estaría tolerado en la versión más purista de esta corriente. Tampoco podríamos realizar un “time out” al perro y, por supuesto, no podríamos enfadarnos con él.

Hace un tiempo realicé un curso de educación canina en positivo y, entre otras cosas, pregunté cómo le decíamos al perro que no cogiera algo del suelo, ya que estaba prohibido (literalmente) decirle “no”; la respuesta de los profesores fue que tenía que enseñarle al perro algo que le interesara más que eso que había en el suelo. Le comenté que el perro podía comerse algo envenenado sin que me diera tiempo de captar su atención con el pollo asado con patatas que suelo llevar siempre encima, a lo que me dijeron “bueno, eso es algo que puede pasar, cualquier perro se puede envenenar y no podemos hacer nada”. ¿Estáis de acuerdo? ¿Os imagináis cómo viviríais si de repente la gente decidiera que el “no” es una palabra que no se debe de utilizar contigo? ¿O si vosotros no lo pudierais utilizar? Para empezar es probable que nuestra pareja y/o amigos se tiraran por un puente.

La educación canina en positivo parte de unas premisas ideales, pero en el mundo de la comunicación todos los animales sociales necesitan saber qué espera el otro, qué quiere, y que no. La palabra “no” es solo una palabra que nos da información.

Por otra lado, los aversivos, son situaciones desagradables para el perro, en la vida diaria puede haber situaciones que desagraden al perro, sin ser graves. Evitarlas absolutamente todas significaría engañar al perro, pintándole un mundo que no es real. Poniendo el ejemplo de este mismo curso, comentaban que cuando paseamos al perro, hay que ir por dónde él elija. Todos los que tenemos perro sabemos que a veces el perro elige ir por un camino lleno de espigas, entre los pinos oliendo esa filita de gusanos peludos tan raros, o a cruzar la calle a decirle un par de cosas a su enemigo nº1. Según esta gente, debemos pararnos y esperar a que tome el camino alternativo que nosotros amablemente le damos a elegir comunicándolo corporalmente, con palabras amables, o mirando al horizonte con lágrimas en los ojos a ver si conmovemos al animal. Si el perro no se entera de que no queremos que huela a los “gusanitos peludos”, además de que no podemos decirle “no”, tampoco podemos guiarle con la correa porque es un aversivo, y es desagradable supuestamente. Podemos (es un recurso recurrente en este tipo de adiestramiento) sobornarlo con una chuchería, una pelota, u otras cosas, y llevarlo así hacia el camino alternativo. Todos los que tenemos perro sabemos que el perro es un animal muy simplón, que aunque quiera ir a saludar a su enemigo nº1, una chuche o una pelota, lo van a hipnotizar al instante y se va a olvidar de todo. ← (ironía, que pretende ilustrar que esta corriente llevada al extremo reduce al perro a un animal idiota).

Hay multitud de ejemplos que resultan, en mi opinión, irrisorios en la vida real, cuando hablamos de la educación canina en positivo reducida al absurdo, creo que el lector puede imaginarlos por sí mismo.

Hay otras escuelas que entienden esta corriente educativa como una base, como una voluntad, y como una ética necesaria, en un sentido no radical, sino flexible y coherente con la realidad, compatible con diferentes metodologías. Entre todos los métodos y acciones posibles, se debe aplicar aquello que sea más amable y honesto con el perro. Un perro, como una persona, que no conoce límites, que no sabe lo que puede dañarlo, que no entiende que ciertas conductas son desagradables para otro perros o su familia, y que tienen consecuencias negativas, es un perro incapacitado para la vida real. En este sentido, recuerdo a un perrito que, en un espacio canino, iba levantando la pata y orinando a todos los perros de dicho espacio, algunos de ellos no se lo tomaron a bien y decidieron solucionarlo de forma poco simpática y hippie. Los perros se enfadan, que les orinen la cara no les suele agradar, y si nuestro perro desconoce el enfado, no solo lo convertimos en un idiota, lo ponemos en peligro. En estos casos, los profesores de dicho curso, comentaban que había que dejar que los perros lo gestionaran, ya que ellos saben solucionar sus conflictos, el fallo está en los humanos. Por supuesto, muchos de nosotros hemos comprobado que si nos quedamos pasmados mirando y dejamos a los perros solucionar sus conflictos, la cosa acaba bien. Algún día se correrá la voz, todos se darán cuenta de esto, y las empresas de educación canina quebrarán.

En conclusión, por supuesto que la educación canina en positivo es posible, pero llevada al extremo no es una herramienta positiva para el perro, tiene como resultado lo contrario a lo que postula.

Si hablamos de esta corriente como una metodología que puede aplicarse de forma multidisciplinar, adecuándose de forma coherente con la situación del perro y el contexto, tal y como ya hacen muchas escuelas y adiestradores, es algo útil. Si nos ponemos filosóficos y melindrosos con los términos, quizá tendríamos que admitir que no podríamos llamar a dicha corriente “adiestramiento en positivo”, por ser por definición extremadamente excluyente.

En definitiva, si definimos la educación canina en positivo como una corriente de adiestramiento basada solo y exclusivamente en el refuerzo positivo excluyendo todo aversivo y situación desagradable, estaremos hablando de algo utópico y contraproducente. Si definimos la educación canina en positivo como un conjunto de métodos integradores que buscan dar protagonismo al refuerzo positivo en la vida del perro, estaremos hablando de algo realista y recomendable.

Quiero pensar que quien habla de educación canina en positivo, habla de lo segundo, pero hay algunos educadores que creen realmente en el enfoque extremo. Si tienes dudas sobre si son ellos, puedes hacer un test rápido: ¿disimulan mal o no disimulan su desprecio hacia las personas? ¿te hacen sentir culpable de todo? ¿echan espuma por la boca si pronuncias la palabra “dominancia”, o “dominó” o “do”? Entonces lo mejor que puedes hacer es sonreír mientras te alejas con tu perro despacio hacia casa. A veces escapar no es fácil, pero no te preocupes, si no te mueves, no te ven.

Artículos recomendados por contener diversos puntos de vista o enfoques, u otras argumentaciones al respecto. Desde Mononoaware, os animamos a buscar más información por vosotros mismos y a formaros vuestra propia opinión al respecto.

 

¡Gracias por leer y hasta la próxima!

Autor: Yolanda Ruiz

Trabajo con Shiro (Shiba reactivo)

28906939_170142913540328_213625696_nEn esta entrada quiero hacer un pequeño adelanto de nuestro trabajo con Shiro, el precioso shiba que veis en las fotos, cuya familia acudió a nosotros al poco de anunciar, en Enero, nuestra sección de educación canina.

Shiro es un Shiba de poco más de un año de edad que, a raíz de sufrir un ataque de otro perro cuando tenía ocho meses, desarrolló una respuesta hostil (reactiva y en muchos casos agresiva) a cualquier acercamiento de un perro desconocido.

Trabajando con sus tutores (familiares) y en especial con su guía, Marta, hemos restaurado la confianza del perro, mostrándole además sus capacidades para distinguir una amenaza real de lo que no lo es. Para ello, hemos observado y analizado las respuestas de Shiro y hemos realizado ejercicios en diversas etapas, para darle al perro y a sus tutores las herramientas necesarias para gestionar la situación.

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Hemos huido del enfoque dominancia-sumisión, buscando en su lugar la comprensión del perro de la situación, y estableciendo una relación colaborativa con su familia. Las herramientas no solo se otorgan al perro, el vínculo afectivo necesario se debe desarrollar entre el perro y su familia, otorgando el educador canino, la base necesaria tanto teórica como práctica. De nada sirve que el perro sea excelente en manos del educador, si sus tutores no pueden reproducir ni entender lo que estamos haciendo.

Como esto solo es un pequeño adelanto, voy a dejar que algunos vídeos hablen por sí mismos. Aquí tenemos uno de los vídeos que me envió su familia, para que pudiéramos ver, previo a la primera visita, como Shiro reaccionaba de forma desproporcionada con un perrito que, como vais a ver, esta lejos de ser una amenaza para él.

Nota: no recomendamos nunca acercar a nuestro perro a un perro reactivo (ni a ninguno, de hecho) del modo que vais a ver,  por el evidente deterioro de la confianza que produce respecto a su guía (“dueño/a”) y, por supuesto, el peligro que supone.

 

 

Entre este vídeo y el que vais a ver posteriormente (el cual es un resumen de dos de las sesiones más recientes), hay un trabajado diario por parte de su familia, y multitud de sesiones con nosotros.

En el siguiente vídeo podéis ver alguna de las premisas y acciones realizadas. Entre el vídeo anterior y este, hemos trabajado el sentido principal del perro: el olfato, y su relación con el entorno, la relajación, y la confianza. Se ha trabajado obediencia para poder darle a la correa un sentido positivo, de guía del perro, y no un instrumento de sometimiento. Además, se ha trabajado la aproximación a otros perros, tanto con nuestros shibas como con perros del entorno. Para estas últimas sesiones ya habíamos conseguido que Shiro fuera capaz de jugar con hembras, y machos castrados, incluso de mayor tamaño que él.

 

 

Todavía nos quedan algunas sesiones por delante, para que Shiro pueda integrarse en grupos de perros, y volver a ser enteramente el perro juguetón que era. En especial, tenemos que trabajar su relación con otros machos sin castrar.

Pronto tendréis más noticias de este precioso y tierno shiba.

¿Tienes un Shiba con este tipo de problemas? Si eres de Madrid, no lo dudes, juntos podemos ayudarle, escríbenos a mononoawareshibas@gmail.com o rellena el formulario de contacto:

 

 

¡Hasta la próxima!

Shiba inu Madrid

 

Cómo mantener a nuestro Shiba Inu motivado

Cualquier persona que conviva con un shiba se alegrará enormemente de que este le traiga cualquiera de sus juguetes, y albergará secretamente la esperanza de que también lo haga en la calle con un palo o una pelota (doy fe de que es posible que tu shiba lo haga, e incluso con gran entusiasmo). Se emocionará cuando su shiba le salga a recibir a la puerta, y le parecerá asombroso que no lo haga siempre, ni con el mismo entusiasmo, ni de la misma manera. Hay quien se queda perplejo cuando, tras una semana de ausencia, su shiba le recibe con desgana, como si no le hubiera gustado en absoluto esa escapada no consensuada.

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Balrog con uno de sus muchos juguetes

Desde luego, esta es una raza enigmática. Tan pronto hace monerías en medio del pasillo para recibirte a la salida del baño, como te mira impasible desde el sofá, cuando tú pretendías lucirte enseñándole a las visitas todos los “trucos” que sabe hacer pero “ahora no le da la gana”.

El shiba es ese perro que te roba una zapatilla delante de tu cara, la sube al sofá, y aprovecha los segundos en que te deshaces de la risa para chupetear las suelas, y no opone resistencia cuando la quieres recuperar (ya sabía él que era tuya, por supuesto). Es ese perro al que tus amigos le serán indiferentes (salvo que ellos le muestren adoración suprema), selectivo con sus amistades perrunas, a los que no dudará en dejar solos jugando si una paloma se pone a tiro. El shiba es ese perro que se te deslizará entre las manos si le quieres coger en contra de su voluntad, y al que no engañarás para salir de casa, ni tampoco para entrar.

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Yuki, de Sheila Molina, mirándola atento y expectante

Probablemente todo lo que motiva a un shiba puede motivar perfectamente a cualquier otro perro, pero no todo lo que motiva a cualquier otro perro puede motivar a un shiba.

Hemos hecho una lista de las actividades que más motivan a los perros de esta raza (como ya sabéis, esto no deja de ser una generalización y pueden haber excepciones), tanto por nuestra experiencia, como por la experiencia de amigos, conocidos y clientes:

 

 

  • Rastrear chucherías caninas, y olores diversos.
  • Realizar rutas por el campo, la playa o lugares con diversidad de olores
  • Jugar con otros perros en general y en particular con aquellos a los que les gusta ser perseguidos (les gusta particularmente perseguir en grupo).
  • Jugar con otros shibas, o perros nórdicos y asiáticos.
  • Perseguir pequeños animales.
  • Juegos de inteligencia: juegos que le obligan a idear soluciones para conseguir una recompensa. (A estos juegos no le prestarán atención si alberga la más mínima esperanza de que el juego lo resuelvas tú y le des la recompensa).
  • Cavar: siempre que sea posible, permítele cavar aunque luego tengas que tapar agujeros.
  • Jugar a perseguir y ser perseguido con su “dueño” (para no categorizar al perro como cosa, preferimos el término “guía” o “tutor”).
  • Entrenamiento mediante refuerzo positivo (tanto afectivo, como con comida). Es recomendable trabajar con el perro todos los días, favorece la concentración y la coordinación contigo.
  • Comunicación fluida: entender qué quieres de él cuando le llamas por su nombre, y que tú lo entiendas cuando gruñe, o mira a lo lejos porque quiere llegar a un punto al que la correa no le permite, por ejemplo.
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Ami, disfrutando de su hoyo recién cavado

Para mantener a tu shiba motivado, estar contigo tiene que significar diversión, calma, comprensión, y comunicación. Si el tiempo que pasas con tu shiba no incluye nada de la lista anterior e incluso, si la comunicación con él no es clara, es frustrante (por ejemplo, le decimos muchas veces “no”: “no cojas eso”, “no vayas allí”, “no, ahora no vamos a ver a fulanito”), no estará motivado, y eso hará que no disfrute contigo, y como consecuencia puede llevar al escapismo, o a la falta de obediencia en general.

Tenemos que mantener a nuestro perro motivado, independientemente de su raza, pero en el caso del shiba, que no es tan sencillo de motivar como otros, es indispensable conocer sus preferencias tanto por su raza como por su individualidad.

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Ginga y su hija, Ukiyo, jugando con una piña.

Algo muy habitual que hace que el perro pierda interés en nuestra compañía, además del uso reiterado del “no”, o de cualquier tono negativo, es el “ruido de fondo” que puede suponer que le hablemos constantemente. Hay personas que le dicen cualquier cosa al perro, en cualquier momento (a todos nos ha pasado alguna vez), el perro se acostumbra a escuchar esa retahíla de fondo, de modo que ya no nos presta atención cuando realmente queremos que nos escuche.

Para mantener a nuestro shiba motivado, no solo tenemos que saber qué le motiva, también qué le desmotiva:

  • Ser autoritarios, exigentes y entender el paseo como una imposición.
  • No dejar que salude a otros perros.
  • Llevar la correa corta.
  • No dejarle oler orines y heces porque nos da asco, o cualquier otro motivo.
  • Pasearle siempre por los mismos lugares, que ya conoce de sobra.
  • No soltarle nunca.
  • No llevarle a sitios nuevos.
  • Regañarlo con frecuencia, y olvidarnos de felicitarle.
  • No comprarle juguetes porque los rompe o porque creemos que “no les hace caso”.
  • No dejarle elegir el camino para pasear.

 

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Ginga y Ukiyo, observando el entorno

En general, desmotiva y frustra al perro cualquier acción que está encaminada a delimitar su libertad, su voluntad y sus preferencias, así como toda acción que conlleva someterlo, regañarlo o engañarlo (por ejemplo, cuando le decimos “mira lo que tengo” para que venga, pero no tenemos nada de su interés). Hay que minimizar estas acciones, aumentando todas aquellas que tienen como resultado que el perro elija y se divierta.

 

Y por último, para que ellos estén motivados lo tenemos que estar nosotros. Sé benevolente contig@ mism@, date tiempo para entender a tu perro, para jugar con él, para hacer cosas juntos. El shiba es un perro especial que te demostrará su amor infinito y también te llevará al límite de tu paciencia 😉 (doy fe también de esto ^^).

¡Una relación de colaboración y comprensión os mantendrá motivados a amb@s!

¿Necesitas información sobre nuestro servicio de educación canina? Rellena el siguiente formulario:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tendencia escapista en el Shiba

La raza Shiba Inu es particularmente conocida, por un lado, por identificarse erróneamente con la película “Hachiko” y, por otro, por su carácter especial, y tendencia escapista.

Cuando un Shiba se aburre, le apetece explorar, no está cómodo, tiene algún tipo de temor, o simplemente le apetece: se va. Sin más dilación, comienza a correr y se pierde en el horizonte. Mientras para otros perros alejarse demasiado de sus dueños y perderlos de vista resulta una experiencia horrorosa, al Shiba en general le trae sin cuidado. Como si estuviera completamente seguro de llevar un GPS integrado e infalible, puede llegar a recorrer largas distancias, y esperarte en la puerta de casa mientras tú te tiras de los pelos, o no llegar a casa porque su GPS no era infalible.

Una de las preguntas más habituales entre los propietarios de Shibas, es “¿Soltáis a vuestro Shiba, cómo conseguís que no se vaya?”, y uno de los servicios que más nos solicitan los propietarios de un Shiba es, sencillamente: que mi shiba acuda a la llamada.

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Como cabe esperar, siempre hay excepciones, algunas personas afirman que sus shibas jamás se han escapado, que siempre van sueltos, y que son muy obedientes. Por supuesto, esto es posible, y muchas personas han sabido de forma intuitiva, o gracias a su propia formación en educación/adiestramiento, mantener a su shiba motivado y vinculado lo suficiente como para que no se marche a ninguna parte.

Si bien algunos shibas han sido adiestrados con aversivos fuertes (collar de vibración/eléctrico, por ejemplo, para “castigar” sus huidas), este método nos parece que no fomenta la confianza, si no la obediencia por librarse de un castigo desagradable.

Vamos al meollo de la cuestión, ¿cómo consigo que mi shiba no se escape? En primer lugar, si tu perro es un cachorro lo primero es crear y mantener un vínculo con él, y resultar interesante y divertido para él, estos son algunos consejos:

  • Realiza juegos de olfato con tu perro tanto en casa como en el parque, de ese modo le divertirá estar junto a ti.
  • Juega con él y no le llames de inmediato una vez lo has soltado.
  • Suéltale en lugares seguros, con una correa larga de adiestramiento de, al menos, 10 metros.
  • No lo regañes cuando vaya hacia a ti aunque haya tardado siglos en hacerlo.
  • No le ates de inmediato cuando ha llegado a ti, por el contrario, juega a llamarlo para hacer cosas divertidas. Cuando vayas a atarlo hazlo de forma “disimulada”, premiando con chucherías y caricias su obediencia.
  • El comando de la llamada siempre debe ser el mismo, un día no puedes decirle “ven”, otro “vamos” y al siguiente “aquí”. Elige uno y úsalo siempre, por ejemplo “ven aquí”.

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Si tu shiba es ya adulto, o tienes más diez meses, y ya te ha dado algún “susto”, además de seguir las recomendaciones anteriores, sería necesario conocer a causa específica por la que se escapa, ya que la mayoría de los Shibas tienen tendencia escapista, pero no todos por el mismo motivo. Algunos de los motivos habituales en Shibas jóvenes o adultos, que provocan la escapada:

  • Aburrimiento y deseo de volver a casa o explorar.
  • En caso de machos (sin castrar), hembras en celo en las proximidades. En caso de hembras en celo, pueden escaparse para marcar con orines zonas distantes o, si están en etapa receptiva, para buscar un macho.
  • Por trauma, miedo. Si el perro se siente inseguro, tiene miedo a otros perros y/o personas, de más está decir que puede huir en cualquier momento en que se vea sobrepasado.
  • Hambre o sed. Asegúrate de no pasearlo en ayunas, y de tener agua a mano. Cualquiera de estas dos necesidades pueden motivarlo a volver a casa él solo.
  • Dueño/tutor distraído. Si estás distraído, llevas un rato en la misma zona del parque mirando el móvil, charlando o cualquier otra actividad que estás en todo tu derecho a hacer (cosa que a tu perro le dará igual :P), y no percibes que tu shiba quiere continuar su paseo, se irá por su cuenta. Por lo general estos perros tienen aversión por permanecer en las mismas zonas durante largo rato.
  • Cualquier cosa de interés en el horizonte, en especial pequeños animales como conejos, o pájaros.

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Sabiendo los motivos, se puede dar con la soluciones, si bien aconsejamos acudir a algún curso de conocimientos básicos en adiestramiento, o solicitar el servicio de un profesional (a ser posible conocedor de esta raza).

Si quieres información sin compromiso sobre nuestros servicios de educación canina para shibas, contacta desde aquí, o envíanos un mail a mononoawareshibas@gmail.com.

Por supuesto, también puedes contarnos tus experiencias e inquietudes en los comentarios, a los que responderemos a la mayor brevedad.

¡Gracias por leer!

 

 

Socialización de cachorros, primeros paseos

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INTRODUCCION

El concepto de socialización es bastante amplio, a veces lo reducimos al hecho de que nuestro perro se encuentre con otros perros, cuantos más mejor y sea como sea. A veces, el mero hecho de llevarle a espacios concurridos, llenos de perros, lo consideramos socializar.

En realidad, si trasladamos algunas situaciones a nuestra propia vida, podríamos ver claramente si nuestro perro está socializando o no y si, de hacerlo, lo está haciendo bien.

Vamos a ver algunas situaciones en las que nos podemos encontrar:

Imaginemos que llevamos a nuestro cachorro a un espacio canino lleno de perros, él entra, olisquea, los observa, y se queda cerca nuestro, si le tiramos un palo va a por él y lo mordisquea. Algún perro se acerca y se va.

¿Está socializando?

Nuestro cachorro, por el contrario, entra en el espacio canino y salta sobre la cara del resto de perros, lamiéndoles.

¿Está socializando? ¿Es una forma correcta de hacerlo?

Entra al parque y los perros que allí hay le rodean y le olisquean, él se sienta y empieza a lloriquear, alguien se nos acerca y nos dice “¡No te preocupes, está aprendiendo!”

¿Qué está aprendiendo? ¿está socializando? ¿es una forma correcta de hacerlo?

Al día siguiente no volvemos al mismo lugar, nos vamos a otro parque, para que conozca otros perros, y vamos en distintos horarios, y vamos cuando más perros hay; además vamos a quedarnos un par de horitas, para que se canse.

Mismas preguntas.

En nuestro afán de socializar seguimos con la regla del “cuantos más mejor”, y aumentando exponencialmente la probabilidad de encontrarnos con un perro desequilibrado, o/y con pocas ganas de que un cachorro se le suba a la cara. Y un día “a nuestro cachorro le ha marcado otro perro, sin avisar”.

Mismas preguntas

¿A qué conclusiones llegamos?

Con esto no pretendo dar lecciones a nadie, pues yo también he estado en la situación de pasear con mi cachorro durante horas “a la caza de otros perros para socializar”, sino de observar el porqué a veces no se hace correctamente la socialización y primeros paseos del cachorro, cuando creemos que sí.

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CONCLUSIONES

Si vamos a un bar y nos tomamos algo en la barra rodeados de gente, sin mediar palabra, está claro que no socializamos. Si entramos saludando a cualquiera que nos mire, como si fuera nuestro amigo de toda la vida, estamos socializando como mínimo lo suficientemente mal como para que huyan de nosotros. Si tenemos nuestro bar/cafetería/lo que se quiera preferido, donde vamos con nuestro grupo de amigos habitual, y se nos impone ir a otro nuevo, y luego a otro nuevo, y luego a otro nuevo, y conocer a gente nueva, porque “hay que conocer gente nueva y tener amigos en todos lados”, acabaremos teniendo muchos conocidos, y pocos o ningunos amigos, con lo cual, sabremos muy bien hacer conocidos, pero no amistades.

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Con los perros pasa más o menos igual, y con los cachorros hay que añadir el hecho de que en sus primeros paseos, todo es nuevo (¡hasta los humanos con los que convive, hace un  mes que los conoce!), y durante el primer año de vida van pasando por diferente fases que pueden desestabilizarles.

Socializar es comprender y comunicarse correctamente con otros perros y personas, de forma coherente con cada situación. Para que el cachorro lo haga adecuadamente necesita seguir una progresión, donde nosotros seamos una constante que le aporte seguridad. Las personas conocidas y desconocidas deben ser delicadas con el cachorro, y se le debe dar la opción de explorar y conocer otros perros de forma gradual. Conocer en primer lugar su entorno, ampliando su propio “mapa mental” poco a poco, y los perros que lo integran (y esto no es únicamente verlos y jugar con ellos, esto es olerlos, oler sus orines y sus heces, los lugares por los que han pasado, etc), es una forma correcta de hacerlo. Aprender a pasear con correa, a acercarse de forma calmada a otros perros, aprender a acudir a la llamada, y dejarle elegir sus propias amistades, aporta seguridad y tranquilidad, sienta las bases de su equilibrio emocional y le permitirá entender mejor el mundo que le rodea y a sus integrantes.

Los paseos de horas, las multitudes desconocidas, pasar a un lugar nuevo sin haber conocido lo suficiente el anterior, dejar que personas desconocidas lo acaricien, forzarle a saludar, etc, sienta las bases para el desequilibro emocional y el estrés crónico. Debemos huir del “cuánto más mejor”, y no tener prisa. Afianzar un paso para dar el siguiente, construir nuestro vínculo con nuestro perro, y dejarle construirlo con otros, cachorros y adultos, que le enseñarán las lecciones más valiosas.

Nuestro cachorro nos va a mostrar sus preferencias, sus puntos fuertes y sus puntos flacos, sus temores, y sus fortalezas, si le damos tiempo para hacerlo. No tengamos prisa, el mero hecho de tener la voluntad de socializar a nuestro cachorro y el deseo de que pase horas fuera y se divierta, ya es algo muy positivo. Además, si nuestro cachorro es un Shiba, tengamos en cuenta que es probable que tenga una mezcla explosiva de impulsividad e intromisión, que lo hará imprevisible tanto para nosotros como para otros perros en muchas ocasiones, hasta que conozcamos a nuestro Shiba como individuo, sus propias tendencias y “perronalidad”.

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CONSEJOS GENERALES

  • En su vida de cachorro, aumentar gradualmente el tiempo del paseo, y las distancias.
  • Enseñar al perro a ir de la correa de forma tranquila, sin tirar.
  • Enseñar al perro a acudir a la llamada haciéndonos interesantes para él, no llamarle únicamente cuando le vamos a atar.
  • No cogerle en brazos cada vez que otro perro le gruña, no regañarle si es él el que gruñe, ni dejarle solo. El gruñido es solo otra expresión más, si tienes que llevártelo, hazlo con suavidad, a ser posible con la llamada u otro “comando”.
  • No perderlo de vista.
  • En Shibas, nunca creas que tu perro no se va a escapar. Ten una cuerda de aproximadamente dos o tres metros atada a su arnés si todavía no le has enseñado la llamada. Mantente alerta si tu Shiba mira al horizonte y no interactúa contigo ni con otros perros.

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OTRAS LECTURAS Y SERVICIOS

  • Os dejo un artículo mucho más completo de otra educadora canina: https://pateducadoracanina.com/socializacion-cachorro/
  • Os recomiendo el curso para cachorros, y el curso para perros jóvenes de Educan: http://www.adiestramientoeducan.com/madrid
  • Si quieres solicitar servicios específicos para la educación de tu Shiba adulto o cachorro (o cualquier otro perro de raza primitiva o mix de raza primitiva) infórmate y ponte en contacto con nosotros desde aquí: https://shibainumadrid.com/servicios-de-educacion-canina/
  • Para otras razas/mestizos envíanos un mail a: mononoawareshibas@gmail.com

¡Gracias por leer!

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Control de la mordida

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Los cachorros tienen unos dientes especialmente afilados hasta el cambio de dentición. A menudo, su nivel alto de actividad, su tendencia innata a morder, y la ausencia de actividades educativas para que aprenda control de la mordida, pueden dar lugar a pequeños incidentes en los cuales nuestra manos salen mal paradas.

Para enseñarle a nuestro cachorro a controlar la intensidad con la que mordisquea tenemos que aceptar que nos mordisquee. Nuestro perro no es malo porque muerda, morder para ellos es como para nosotros agarrar la cafetera, tocar la ropa que estamos pensando en comprar, o dar la mano. Igual que podemos golpear con las manos, los perros pueden hacer daño, intencionadamente o no, con su boca. Impedir que nuestro perro use su boca, sus dientes, y su mandíbula, es como obligarle a una persona a actuar como si no tuviera manos.

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Haru y Pícara

En mi opinión, algunas razas son más propensas que otras a utilizar sus dientes. En el Shiba, los dientes se utilizan especialmente para indicar, con mucha claridad, su incomodidad, también es habitual en el juego, desde muy pequeño, con gruñidos, marcaje y presa. Podemos ver la predilección por este tipo de juego cuando se encuentran con otro Shiba o con otro perro que comparte este mismo estilo. Como en todo, siempre hay excepciones, y hay individuos que no tienen este tipo de juego.

El cachorro tiene poca capacidad de control, pero de forma natural pueden aprender a identificar si están haciendo daño al morder. Su madre, y compañeros del grupo social (lo que solemos llamar “manada”), así como hermanos, indican al cachorro cuando está usando una fuerza excesiva en la mordida y, por tanto, hace daño. Lo indican con un alarido y, a veces “devolviendo el golpe”. Aunque reciban esta información de sus congéneres, nosotros también debemos hacer sesiones educativas con él, puesto que aplicará la fuerza en la mordida que aplica en los otros perros, y esto es un problema para nosotros. ¿Por qué es problemático para nosotros, por qué no podemos pensar que ya le están enseñando los otros perros y con eso es suficiente? La cosa es bastante más sencilla de lo que parece, los perros están protegidos por una piel más gruesa que la de nuestras manos, y un manto de pelo (especialmente espeso en el Shiba). La misma presión que el cachorro ejerce al jugar con sus hermanos, resulta muy dolorosa para nuestras manos (y ya no os cuento para nuestra cara, si pretendemos dejar que nos dé “besitos” en ella).

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Pícara

 

¿Cómo se enseña control de la mordida? Digamos que lo que estamos enseñando al perro es, en cierta forma, nuestro particular umbral del dolor. Veremos que el perro, (en edad adulta), tiene la capacidad de entender con qué miembros de la familia puede jugar más bruto y apretar más, pueden distinguir entre un ser más vulnerable y otro más fuerte, por eso son capaces de tratar con delicadeza a los niños y a los ancianos; esto es gracias, en gran medida, a las nociones que desarrolla de cachorro.

Para que nuestro cachorro entienda que nuestras manos son frágiles, hay que dejar que conozca nuestras manos. Nuestras manos deben ser fuente de caricias, y seguridad. Nuestras manos no pueden ser fuente de castigo, ni de imposición, es decir, no debemos pegarlo, ni imponerle caricias, abrazos, o agarres.

Sentados en el suelo con nuestro cachorro, dejaremos que nos lama las manos y las mordisquee. No esperaremos a que nos haga realmente daño, cuando consideremos que la presión empieza a ser fuerte, exclamaremos “¡Ay!” lo suficientemente alto y claro para que el cachorro baje la intensidad o retire sus dientes del contacto con nuestra piel (sin provocarle miedo). Cuando lo haga, le diremos “muy bien” suavemente, y lo acariciaremos, y le dejaremos volver a lamernos las manos y mordisquear si lo desea. No le meteremos la mano en la boca, ni le alteraremos excesivamente para que nos muerda. Podemos jugar con las manos enérgicamente si nuestro cachorro tiene control sobre su mordida, si no es así, es mejor posponer este tipo de juego.

Si el cachorro está sobreexcitado, no es el momento para practicar estos ejercicios, será mejor redirigir la mordida a juguetes para tales fines.

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Pícara

En este sentido es importante que asumamos que los perros suelen romper sus juguetes, y que no podemos dejar de darle juguetes porque “no le duran ni dos días”. Es poco habitual que un perro trate los juguetes con delicadeza, y permanezcan como nuevos para siempre. Si el perro es exageradamente destructivo, quizá deberíamos replantearnos si sus tiempos de ocio son adecuados, podría padecer ansiedad.

 

Os dejo un vídeo que espero sea ilustrativo de lo expuesto:

 

Artículos recomendados:

http://www.orbicanes.com/news/925-ensenar-al-cachorro-la-inhibicion-de-la-mordida

http://animaltraining.com.mx/ensena-a-tu-perro-a-controlar-la-fuerza-de-su-mordida/

 

Notas:

  • Encontraréis artículos que relacionan la mordida y la dominancia. Quería dejar mi opinión al respecto, y es que no es positivo ver la educación canina como una lucha de poder. Nuestro perro en general lo que quiere es estar en paz con nosotros, no tiene necesidad de dominarnos  porque sabe que somos su familia y amigos. Si fuera cierto que el perro tiene ese ansia por dominar hasta a nuestra abuela, ¿no hubiera sido complicado pasar juntos todos estos siglos de unión entre el Ser Humano y el perro?
  • Quizá os genere inquietud pensar que si dejamos que nuestro perro mordisquee no vamos a poder impedirlo posteriormente, cuando no queramos que nos mordisquee, ni fuerte, ni flojo. Es normal que pensemos esto, pero creo que si lo volvemos a pensar veremos que en realidad esto no tiene fundamento. No tiene fundamento porque en la educación de nuestro perro le vamos a enseñar, o deberíamos, un código de comunicación. En ese código tenemos la palabra “no” para indicarte que queremos que deje de hacer algo (os dejo un artículo que me gusta mucho al respecto, click aquí). Igual que le decimos a un amigo, conocido, o cualquier persona que no nos apetece [lo que sea] en este momento, también se lo podremos decir a nuestro perro. Por otro lado, el mordisqueo de manos es más una fase de cachorro, que una costumbre inherente al perro.

Espero recibir vuestro feedback, experiencias, y sugerencias, como en anteriores ocasiones 🙂

¡Hasta el próximo artículo!

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