Control de la mordida

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Los cachorros tienen unos dientes especialmente afilados hasta el cambio de dentición. A menudo, su nivel alto de actividad, su tendencia innata a morder, y la ausencia de actividades educativas para que aprenda control de la mordida, pueden dar lugar a pequeños incidentes en los cuales nuestra manos salen mal paradas.

Para enseñarle a nuestro cachorro a controlar la intensidad con la que mordisquea tenemos que aceptar que nos mordisquee. Nuestro perro no es malo porque muerda, morder para ellos es como para nosotros agarrar la cafetera, tocar la ropa que estamos pensando en comprar, o dar la mano. Igual que podemos golpear con las manos, los perros pueden hacer daño, intencionadamente o no, con su boca. Impedir que nuestro perro use su boca, sus dientes, y su mandíbula, es como obligarle a una persona a actuar como si no tuviera manos.

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Haru y Pícara

En mi opinión, algunas razas son más propensas que otras a utilizar sus dientes. En el Shiba, los dientes se utilizan especialmente para indicar, con mucha claridad, su incomodidad, también es habitual en el juego, desde muy pequeño, con gruñidos, marcaje y presa. Podemos ver la predilección por este tipo de juego cuando se encuentran con otro Shiba o con otro perro que comparte este mismo estilo. Como en todo, siempre hay excepciones, y hay individuos que no tienen este tipo de juego.

El cachorro tiene poca capacidad de control, pero de forma natural pueden aprender a identificar si están haciendo daño al morder. Su madre, y compañeros del grupo social (lo que solemos llamar “manada”), así como hermanos, indican al cachorro cuando está usando una fuerza excesiva en la mordida y, por tanto, hace daño. Lo indican con un alarido y, a veces “devolviendo el golpe”. Aunque reciban esta información de sus congéneres, nosotros también debemos hacer sesiones educativas con él, puesto que aplicará la fuerza en la mordida que aplica en los otros perros, y esto es un problema para nosotros. ¿Por qué es problemático para nosotros, por qué no podemos pensar que ya le están enseñando los otros perros y con eso es suficiente? La cosa es bastante más sencilla de lo que parece, los perros están protegidos por una piel más gruesa que la de nuestras manos, y un manto de pelo (especialmente espeso en el Shiba). La misma presión que el cachorro ejerce al jugar con sus hermanos, resulta muy dolorosa para nuestras manos (y ya no os cuento para nuestra cara, si pretendemos dejar que nos dé “besitos” en ella).

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Pícara

 

¿Cómo se enseña control de la mordida? Digamos que lo que estamos enseñando al perro es, en cierta forma, nuestro particular umbral del dolor. Veremos que el perro, (en edad adulta), tiene la capacidad de entender con qué miembros de la familia puede jugar más bruto y apretar más, pueden distinguir entre un ser más vulnerable y otro más fuerte, por eso son capaces de tratar con delicadeza a los niños y a los ancianos; esto es gracias, en gran medida, a las nociones que desarrolla de cachorro.

Para que nuestro cachorro entienda que nuestras manos son frágiles, hay que dejar que conozca nuestras manos. Nuestras manos deben ser fuente de caricias, y seguridad. Nuestras manos no pueden ser fuente de castigo, ni de imposición, es decir, no debemos pegarlo, ni imponerle caricias, abrazos, o agarres.

Sentados en el suelo con nuestro cachorro, dejaremos que nos lama las manos y las mordisquee. No esperaremos a que nos haga realmente daño, cuando consideremos que la presión empieza a ser fuerte, exclamaremos “¡Ay!” lo suficientemente alto y claro para que el cachorro baje la intensidad o retire sus dientes del contacto con nuestra piel (sin provocarle miedo). Cuando lo haga, le diremos “muy bien” suavemente, y lo acariciaremos, y le dejaremos volver a lamernos las manos y mordisquear si lo desea. No le meteremos la mano en la boca, ni le alteraremos excesivamente para que nos muerda. Podemos jugar con las manos enérgicamente si nuestro cachorro tiene control sobre su mordida, si no es así, es mejor posponer este tipo de juego.

Si el cachorro está sobreexcitado, no es el momento para practicar estos ejercicios, será mejor redirigir la mordida a juguetes para tales fines.

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Pícara

En este sentido es importante que asumamos que los perros suelen romper sus juguetes, y que no podemos dejar de darle juguetes porque “no le duran ni dos días”. Es poco habitual que un perro trate los juguetes con delicadeza, y permanezcan como nuevos para siempre. Si el perro es exageradamente destructivo, quizá deberíamos replantearnos si sus tiempos de ocio son adecuados, podría padecer ansiedad.

 

Os dejo un vídeo que espero sea ilustrativo de lo expuesto:

 

Artículos recomendados:

http://www.orbicanes.com/news/925-ensenar-al-cachorro-la-inhibicion-de-la-mordida

http://animaltraining.com.mx/ensena-a-tu-perro-a-controlar-la-fuerza-de-su-mordida/

 

Notas:

  • Encontraréis artículos que relacionan la mordida y la dominancia. Quería dejar mi opinión al respecto, y es que no es positivo ver la educación canina como una lucha de poder. Nuestro perro en general lo que quiere es estar en paz con nosotros, no tiene necesidad de dominarnos  porque sabe que somos su familia y amigos. Si fuera cierto que el perro tiene ese ansia por dominar hasta a nuestra abuela, ¿no hubiera sido complicado pasar juntos todos estos siglos de unión entre el Ser Humano y el perro?
  • Quizá os genere inquietud pensar que si dejamos que nuestro perro mordisquee no vamos a poder impedirlo posteriormente, cuando no queramos que nos mordisquee, ni fuerte, ni flojo. Es normal que pensemos esto, pero creo que si lo volvemos a pensar veremos que en realidad esto no tiene fundamento. No tiene fundamento porque en la educación de nuestro perro le vamos a enseñar, o deberíamos, un código de comunicación. En ese código tenemos la palabra “no” para indicarte que queremos que deje de hacer algo (os dejo un artículo que me gusta mucho al respecto, click aquí). Igual que le decimos a un amigo, conocido, o cualquier persona que no nos apetece [lo que sea] en este momento, también se lo podremos decir a nuestro perro. Por otro lado, el mordisqueo de manos es más una fase de cachorro, que una costumbre inherente al perro.

Espero recibir vuestro feedback, experiencias, y sugerencias, como en anteriores ocasiones 🙂

¡Hasta el próximo artículo!

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Un paso más: titulación en Adiestramiento Profesional

La historia de la humanidad está unida a la historia del perro, aunque ningún perro aparezca como personaje histórico en nuestros libros de estudio, ni vaya a salir en ninguna pregunta de examen.

¿Seríamos los mismos sin ellos? ¿Somos conscientes de todo lo que tendríamos que agradecerles? Probablemente la respuesta sea no a ambas preguntas.

Tanto la selección natural, como la selección artificial (impuesta por nosotros), a dado lugar a perros que nos aman por encima de todo porque, en general, creo que sería imposible soportarnos si su amor no fuera incondicional. Y sí, reciben algo a cambio, cobijo, comida y, si tienen suerte, hasta nuestro afecto y, si tienen un poquito más de suerte todavía, hasta una educación sana, pero eso no quiere decir que no padezcan nuestras miserias en innumerables ocasiones.

Amo a mis perros, pero amar no es garantía de hacer lo correcto, y por ese motivo fundamentalmente, traté de encaminarme a aprender más sobre su comportamiento y sus necesidades. Tampoco querer hacer lo correcto es garantía de no equivocarse, no siempre podemos mantener a los seres a los que queremos libres de nuestros defectos, pero eso no es excusa: debemos darles de lo bueno, lo mejor.

Las razas denominadas primitivas, y en particular las razas asiáticas, no se han visto tan influenciadas por la selección artificial como otras razas (las cuales son el resultado de diferentes cruces que buscaban, en general, una docilidad que los hicieran aptos para las funciones que en cada caso se les quisiera otorgar). Por este motivo suelen presentar un carácter más introvertido, desapegado, desconfiado, independiente, incluso rebelde. Este conjunto de características las hacen distar del perro tal y como lo conocemos (especialmente en Europa en mi opinión), y nos hacen ver a perros como el Shiba, algo a caballo entre un can y un felino. Además, estamos hablando de perros que provienen de países cuya cultura es muy distinta a la europea, por lo que, aún habiéndose producido una cierta selección sobre dichas razas, cabe pensar  que una cultura distinta buscaría cosas distintas a las que buscamos nosotros.

Estos y muchos otros motivos (incluyendo aquellos que todavía desconozco), nos hace encontrarnos con un perro que, teniendo un comportamiento de perro, como no puede ser de otra manera, presenta unas necesidades particulares y una comprensión especial. Esta comprensión cobra especial relevancia en el primer año de vida nuestro perro, por ser una etapa muy sensible al aprendizaje y a la formación del vínculo con su familia. Hay razas en concreto que salen muy mal paradas, como son el chow-chow o el shar pei, muchos de ellos adquiridos por su aspecto, pero finalmente apartados de la vida familiar o directamente dados en adopción.

Por este tipo de perros en particular y por el perro en general, mi labor incipiente como criadora es mucho menos relevante que la labor de educación canina, enfocada a la comprensión y la vinculación con las razas tipo primitivo, y con aquellos canes, sean de la raza que sean, que presenten mayores dificultades para su relación afectiva y social tanto con sus congéneres como con las personas.

Hay razas que no nos lo ponen fácil, hay perros (sean de raza o no), que no nos lo ponen fácil, y no es porque no quieran, es porque contra la naturaleza de lo que somos, no podemos luchar. Pongamoselo fácil nosotros, que podemos.

Y en este contexto creo que la mejor opción de base es la Educación Canina Cognitivo-Emocional, tanto para el perro como para su familia que, estoy convencida, está deseando hacer feliz a su perro.

Pienso esto porque en esta disciplina el perro es tratado como un sujeto que debe ser proactivo en su propia educación, que debe decidir en su propia vida, y que no debe limitarse a cumplir órdenes como un soldado. Y esto no quiere decir que el perro deba hacer lo que quiera, ni que todos los perros nazcan siendo unos santos y seamos nosotros los ineptos que pervertimos esa pureza. Quiere decir, a mi modo de ver, que merecen comprender lo que ocurre en su mundo, y que nos podemos comunicar con ellos de forma inteligente y afectiva, para establecer las pautas de convivencia y para ser felices, tantos de forma individual como conjunta.

Porque hacemos mejor aquello que entendemos, y ellos también.

Todavía me queda mucho por hacer, en primer lugar, poner en orden los conocimientos adquiridos, y conseguir experiencia práctica en ello. Porque esta labor empieza, pero no acaba.

¡Gracias por leer!

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Yolanda Ruiz