Las Navidades y el estómago de nuestros perros

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Ginga 

Se acercan las Navidades. Fechas en las que nuestro hogar se llena de familiares y/o amigos. Fechas en las que comemos más de la cuenta, fechas en las que el perro ansía que se caigan cosillas prohibidas, de esas que, no sabe por qué, su familia no quiere que cate. Los que tienen perro temen que acabe atiborrado, porque la abuela/o está convencida/o de que de toda la vida se le ha dado al perro las sobras del redondo y no ha pasado nada (o un cocido completo, como le pasó a un vecino mío, cuyo perro se fue al otro barrio con el estómago lleno, eso sí). Los sobrinos les tiran patatas fritas porque es muy gracioso, y a no sé quién le da pena la cara del perro (normal, siglos de perfeccionamiento de esas caritas han sido necesarios para calentar nuestro frío corazón), y le deja caer pan y hasta, si le ha dado la suficiente pena, jamón del bueno.

Para el perro que se encuentra en estas circunstancias de lluvia de comida, la felicidad no tiene fin. 

Pidiendo disculpas por adelantado por el tono trágico-cómico, quería escribir esta breve entrada porque después de años compartiendo mi vida con perros, he escuchado historias con diferentes desenlaces en este sentido, y seguro que vosotros también. Tengo amigos que lo pasan muy mal en estas fechas porque han tenido experiencias desastrosas, de tener que ir a urgencias porque al perro le ha causado una obstrucción unos huesos que cazó de la basura, o por un cólico por toda la guarrería que le fueron dando. Otras personas tenemos la suerte de no tener que enfrentarnos a esto, bien porque nuestros familiares están concienciados, bien porque es una familia pequeña y es fácil concienciarlos y controlarlos.

Quiero escribir esto porque tenemos que ser conscientes de que, si no podemos proteger al perro de las visitas, o no se tienen visitas (acto bastante asocial que no recomiendo :-/ ) o dejamos que el perro se quede con sus juguetes, su cama y un conjunto de chuches caninas que sí pueda comer, en una habitación aparte. En la sobremesa, por ejemplo, sin comida de por medio, y si el perro lo desea, podríamos dejarlo disfrutar con la familia (aunque hay perros, en especial como el Shiba, que más que disfrutarlo lo sufren, ya que les sobrepasa el contacto físico, el ruido y la atención que recae sobre ellos).

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A las personas que no tienen perro y que vienen de visita, aunque sean familiares políticos o nuestros propios padres tenemos que dejarles claro los peligros de que les den comida. Podemos incluso dejarles chuches caninas para que le den, si al final dejamos que el perro esté durante la comida o la cena.

Tenemos que ponernos también en el lugar de las personas que vienen a casa, en especial si no tienen perro, es muy probable que no sean conscientes de que están haciendo algo dañino. También ocurre que algunas personas se sienten muy incomodadas por la mirada insistente del perro, o porque se les sube encima (nuestro perro sabe que estamos distraídos y no les importa ser impunemente maleducados), y le dan comida solo para que les dejen en paz. A este respecto insisto: si el perro no puede estar con nosotros en la comida, no pasa nada, él no tiene un calendario y no le va a contar a sus amigos en el parque que en Noche Buena le dejamos en la habitación. Somos muy sentimentales con nuestros perros, cosa que es bonita y que claramente quiere decir que les queremos profundamente, pero en ocasiones nos estamos preocupando por algo que a ellos no les importa.

Aquí dejo mi sermón, si tienes perro: protégelo en estas fechas, de la comida insana, del ruido, del estrés, de intromisiones en su espacio, de que lo cojan en brazos o lo atosiguen (a veces después de las fiestas el perro sufre una tremenda diarrea sin haber comido nada inadecuado, solo por estrés). Si no tienes perro y vas a casa de alguien que sí: no le des comida, o pregúntale a su familia qué puedes darle.

Mil gracias por leer, y ¡hasta la próxima!

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Control de la mordida

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Los cachorros tienen unos dientes especialmente afilados hasta el cambio de dentición. A menudo, su nivel alto de actividad, su tendencia innata a morder, y la ausencia de actividades educativas para que aprenda control de la mordida, pueden dar lugar a pequeños incidentes en los cuales nuestra manos salen mal paradas.

Para enseñarle a nuestro cachorro a controlar la intensidad con la que mordisquea tenemos que aceptar que nos mordisquee. Nuestro perro no es malo porque muerda, morder para ellos es como para nosotros agarrar la cafetera, tocar la ropa que estamos pensando en comprar, o dar la mano. Igual que podemos golpear con las manos, los perros pueden hacer daño, intencionadamente o no, con su boca. Impedir que nuestro perro use su boca, sus dientes, y su mandíbula, es como obligarle a una persona a actuar como si no tuviera manos.

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Haru y Pícara

En mi opinión, algunas razas son más propensas que otras a utilizar sus dientes. En el Shiba, los dientes se utilizan especialmente para indicar, con mucha claridad, su incomodidad, también es habitual en el juego, desde muy pequeño, con gruñidos, marcaje y presa. Podemos ver la predilección por este tipo de juego cuando se encuentran con otro Shiba o con otro perro que comparte este mismo estilo. Como en todo, siempre hay excepciones, y hay individuos que no tienen este tipo de juego.

El cachorro tiene poca capacidad de control, pero de forma natural pueden aprender a identificar si están haciendo daño al morder. Su madre, y compañeros del grupo social (lo que solemos llamar “manada”), así como hermanos, indican al cachorro cuando está usando una fuerza excesiva en la mordida y, por tanto, hace daño. Lo indican con un alarido y, a veces “devolviendo el golpe”. Aunque reciban esta información de sus congéneres, nosotros también debemos hacer sesiones educativas con él, puesto que aplicará la fuerza en la mordida que aplica en los otros perros, y esto es un problema para nosotros. ¿Por qué es problemático para nosotros, por qué no podemos pensar que ya le están enseñando los otros perros y con eso es suficiente? La cosa es bastante más sencilla de lo que parece, los perros están protegidos por una piel más gruesa que la de nuestras manos, y un manto de pelo (especialmente espeso en el Shiba). La misma presión que el cachorro ejerce al jugar con sus hermanos, resulta muy dolorosa para nuestras manos (y ya no os cuento para nuestra cara, si pretendemos dejar que nos dé “besitos” en ella).

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Pícara

 

¿Cómo se enseña control de la mordida? Digamos que lo que estamos enseñando al perro es, en cierta forma, nuestro particular umbral del dolor. Veremos que el perro, (en edad adulta), tiene la capacidad de entender con qué miembros de la familia puede jugar más bruto y apretar más, pueden distinguir entre un ser más vulnerable y otro más fuerte, por eso son capaces de tratar con delicadeza a los niños y a los ancianos; esto es gracias, en gran medida, a las nociones que desarrolla de cachorro.

Para que nuestro cachorro entienda que nuestras manos son frágiles, hay que dejar que conozca nuestras manos. Nuestras manos deben ser fuente de caricias, y seguridad. Nuestras manos no pueden ser fuente de castigo, ni de imposición, es decir, no debemos pegarlo, ni imponerle caricias, abrazos, o agarres.

Sentados en el suelo con nuestro cachorro, dejaremos que nos lama las manos y las mordisquee. No esperaremos a que nos haga realmente daño, cuando consideremos que la presión empieza a ser fuerte, exclamaremos “¡Ay!” lo suficientemente alto y claro para que el cachorro baje la intensidad o retire sus dientes del contacto con nuestra piel (sin provocarle miedo). Cuando lo haga, le diremos “muy bien” suavemente, y lo acariciaremos, y le dejaremos volver a lamernos las manos y mordisquear si lo desea. No le meteremos la mano en la boca, ni le alteraremos excesivamente para que nos muerda. Podemos jugar con las manos enérgicamente si nuestro cachorro tiene control sobre su mordida, si no es así, es mejor posponer este tipo de juego.

Si el cachorro está sobreexcitado, no es el momento para practicar estos ejercicios, será mejor redirigir la mordida a juguetes para tales fines.

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Pícara

En este sentido es importante que asumamos que los perros suelen romper sus juguetes, y que no podemos dejar de darle juguetes porque “no le duran ni dos días”. Es poco habitual que un perro trate los juguetes con delicadeza, y permanezcan como nuevos para siempre. Si el perro es exageradamente destructivo, quizá deberíamos replantearnos si sus tiempos de ocio son adecuados, podría padecer ansiedad.

 

Os dejo un vídeo que espero sea ilustrativo de lo expuesto:

 

Artículos recomendados:

http://www.orbicanes.com/news/925-ensenar-al-cachorro-la-inhibicion-de-la-mordida

http://animaltraining.com.mx/ensena-a-tu-perro-a-controlar-la-fuerza-de-su-mordida/

 

Notas:

  • Encontraréis artículos que relacionan la mordida y la dominancia. Quería dejar mi opinión al respecto, y es que no es positivo ver la educación canina como una lucha de poder. Nuestro perro en general lo que quiere es estar en paz con nosotros, no tiene necesidad de dominarnos  porque sabe que somos su familia y amigos. Si fuera cierto que el perro tiene ese ansia por dominar hasta a nuestra abuela, ¿no hubiera sido complicado pasar juntos todos estos siglos de unión entre el Ser Humano y el perro?
  • Quizá os genere inquietud pensar que si dejamos que nuestro perro mordisquee no vamos a poder impedirlo posteriormente, cuando no queramos que nos mordisquee, ni fuerte, ni flojo. Es normal que pensemos esto, pero creo que si lo volvemos a pensar veremos que en realidad esto no tiene fundamento. No tiene fundamento porque en la educación de nuestro perro le vamos a enseñar, o deberíamos, un código de comunicación. En ese código tenemos la palabra “no” para indicarte que queremos que deje de hacer algo (os dejo un artículo que me gusta mucho al respecto, click aquí). Igual que le decimos a un amigo, conocido, o cualquier persona que no nos apetece [lo que sea] en este momento, también se lo podremos decir a nuestro perro. Por otro lado, el mordisqueo de manos es más una fase de cachorro, que una costumbre inherente al perro.

Espero recibir vuestro feedback, experiencias, y sugerencias, como en anteriores ocasiones 🙂

¡Hasta el próximo artículo!

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Pruebas médicas

En este breve artículo comentaremos las pruebas médicas que creemos necesarias en el Shiba Inu. Que son las siguientes:

  • Luxación de rótula
  • Displasia de cadera
  • Displasia de codos
  • Taras oculares

Por suerte, el Shiba es una raza que goza, por lo general, de muy buena salud. No obstante, los ejemplares para cría deben de estar libres de aquellas enfermedades que se presenten con mayor incidencia en perros, y concretamente en la raza a la que se dedique.

La raza Shiba es una raza primitiva que no ha sido obtenida del cruce intencionado de razas anteriores. Los ejemplares primigenios que se cruzaron para recuperar y preservar la raza, presentaban en muchos casos luxación de rótula, por lo que está especialmente presente esta enfermedad en el Shiba Inu y es importante verificar que no la padecen los ejemplares para cría.

La luxación de rótula puede ser hereditaria, o debida a un traumatismo. Puede no manifestarse y, sin embargo, ser portada por los progenitores; de igual modo, puede manifestarse y/o ser portada por los progenitores, y no heredarlo ningún descendiente. No hay manera de saber si los progenitores la portan o no, por tanto, el hecho de que varias generaciones no la manifiesten, es un buen indicativo de que no portan la enfermedad.

Mientras en el caso de la luxación de rótula, especialmente en un grado leve, es posible que se deba a un traumatismo, la displasia de cadera y la displasia de codos, suele ser de carácter hereditario, aunque factores externos también pueden provocarla, o agravarla.

Factores externos que pueden provocar o agravar una displasia de cadera o codos, serían todas aquellas acciones que provocan que el perro, antes de su desarrollo óseo completo, tenga un desgaste excesivo en sus articulaciones. Por ello, los cachorros no deben hacer ejercicio los primeros meses de vida, y se debe moderar el ejercicio hasta la edad del año. Por supuesto, actividades deportivas exigentes como el Agility, no deben practicarse hasta la edad adulta de forma intensa.

Dado que la displasia también puede portarse sin manifestarse, los criadores debemos dar un periodo de tiempo de garantía.

En cuanto a los exámenes para descartar taras oculares, muy poco habituales en Shibas, es importante hacerlas todos los años para, en caso de presentarse taras hereditarias, retirar a tiempo al ejemplar de la cría.

 

 

Un paso más: titulación en Adiestramiento Profesional

La historia de la humanidad está unida a la historia del perro, aunque ningún perro aparezca como personaje histórico en nuestros libros de estudio, ni vaya a salir en ninguna pregunta de examen.

¿Seríamos los mismos sin ellos? ¿Somos conscientes de todo lo que tendríamos que agradecerles? Probablemente la respuesta sea no a ambas preguntas.

Tanto la selección natural, como la selección artificial (impuesta por nosotros), a dado lugar a perros que nos aman por encima de todo porque, en general, creo que sería imposible soportarnos si su amor no fuera incondicional. Y sí, reciben algo a cambio, cobijo, comida y, si tienen suerte, hasta nuestro afecto y, si tienen un poquito más de suerte todavía, hasta una educación sana, pero eso no quiere decir que no padezcan nuestras miserias en innumerables ocasiones.

Amo a mis perros, pero amar no es garantía de hacer lo correcto, y por ese motivo fundamentalmente, traté de encaminarme a aprender más sobre su comportamiento y sus necesidades. Tampoco querer hacer lo correcto es garantía de no equivocarse, no siempre podemos mantener a los seres a los que queremos libres de nuestros defectos, pero eso no es excusa: debemos darles de lo bueno, lo mejor.

Las razas denominadas primitivas, y en particular las razas asiáticas, no se han visto tan influenciadas por la selección artificial como otras razas (las cuales son el resultado de diferentes cruces que buscaban, en general, una docilidad que los hicieran aptos para las funciones que en cada caso se les quisiera otorgar). Por este motivo suelen presentar un carácter más introvertido, desapegado, desconfiado, independiente, incluso rebelde. Este conjunto de características las hacen distar del perro tal y como lo conocemos (especialmente en Europa en mi opinión), y nos hacen ver a perros como el Shiba, algo a caballo entre un can y un felino. Además, estamos hablando de perros que provienen de países cuya cultura es muy distinta a la europea, por lo que, aún habiéndose producido una cierta selección sobre dichas razas, cabe pensar  que una cultura distinta buscaría cosas distintas a las que buscamos nosotros.

Estos y muchos otros motivos (incluyendo aquellos que todavía desconozco), nos hace encontrarnos con un perro que, teniendo un comportamiento de perro, como no puede ser de otra manera, presenta unas necesidades particulares y una comprensión especial. Esta comprensión cobra especial relevancia en el primer año de vida nuestro perro, por ser una etapa muy sensible al aprendizaje y a la formación del vínculo con su familia. Hay razas en concreto que salen muy mal paradas, como son el chow-chow o el shar pei, muchos de ellos adquiridos por su aspecto, pero finalmente apartados de la vida familiar o directamente dados en adopción.

Por este tipo de perros en particular y por el perro en general, mi labor incipiente como criadora es mucho menos relevante que la labor de educación canina, enfocada a la comprensión y la vinculación con las razas tipo primitivo, y con aquellos canes, sean de la raza que sean, que presenten mayores dificultades para su relación afectiva y social tanto con sus congéneres como con las personas.

Hay razas que no nos lo ponen fácil, hay perros (sean de raza o no), que no nos lo ponen fácil, y no es porque no quieran, es porque contra la naturaleza de lo que somos, no podemos luchar. Pongamoselo fácil nosotros, que podemos.

Y en este contexto creo que la mejor opción de base es la Educación Canina Cognitivo-Emocional, tanto para el perro como para su familia que, estoy convencida, está deseando hacer feliz a su perro.

Pienso esto porque en esta disciplina el perro es tratado como un sujeto que debe ser proactivo en su propia educación, que debe decidir en su propia vida, y que no debe limitarse a cumplir órdenes como un soldado. Y esto no quiere decir que el perro deba hacer lo que quiera, ni que todos los perros nazcan siendo unos santos y seamos nosotros los ineptos que pervertimos esa pureza. Quiere decir, a mi modo de ver, que merecen comprender lo que ocurre en su mundo, y que nos podemos comunicar con ellos de forma inteligente y afectiva, para establecer las pautas de convivencia y para ser felices, tantos de forma individual como conjunta.

Porque hacemos mejor aquello que entendemos, y ellos también.

Todavía me queda mucho por hacer, en primer lugar, poner en orden los conocimientos adquiridos, y conseguir experiencia práctica en ello. Porque esta labor empieza, pero no acaba.

¡Gracias por leer!

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Yolanda Ruiz

Cría ética

El motivo de este artículo es explicar muy brevemente que consideramos cría ética. La base de la cría ética está en la convivencia ética con los perros.

A nuestro modo de ver el perro necesita, para ser feliz y realizarse, que se cumplan varias premisas. Para que un plan de cría sea ético, al margen de que se cumplan ciertos puntos que especificaremos también, cada uno de los perros deben ser felices.

¿Qué necesita un perro para ser feliz?

  • Amor de su familia: los perros deben estar en contacto con su familia, sentirse queridos y pasar tiempo de calidad con su familia humana.
  • Amistades: los perros también tienen amigos, quieren conocer otros perros, más allá de las fronteras del criadero.
  • Comida de calidad: los perros no deben comer siempre la misma comida, eso es injusto. Deberían tener una base de comida de calidad (puede ser perfectamente un buen pienso) y además chucherías caninas, y platos de dieta natural al menos una vez por semana.
  • Atención higiénico-sanitaria: los perros no solo deben estar desparasitados y vacunados, deben disfrutar de un entorno limpio, y estar aseados de forma habitual, no solo para acudir a una exposición de belleza.
  • Libertad: los perros deberían tener la posibilidad de explorar su entorno de forma segura, y no limitarse únicamente a la parcela del criadero.

Pautas para la cría ética

  • Las hembras no deben tener más de cinco camadas en su vida
  • Velar por la salud de los machos, ya que también sufren estrés en las montas, en los periodos de celo de las hembras, llegando a dejar de comer, y dormir. Nuestros machos, (actualmente solo uno), solo tendrán un número aproximado de cuatro montas al año.
  • No deben de producirse dos camadas seguidas, se ha de respetar un mínimo de un celo (en nuestro caso particular preferimos esperar dos).
  • Las hembras menores de un año son demasiado jóvenes para la cría.
  • Los cachorros deben permanecer con su madre el tiempo necesario, incluso si esto supone entregarlos con más de dos meses de vida.
  • La perra debe recibir una alimentación especial durante la gestación y la lactancia.
  • Los progenitores deben estar en estado óptimo de salud.

Esto es, muy brevemente, la base de lo que pensamos hoy día que debe regir nuestros planes de cría. Somos un afijo muy joven, y tenemos mucho por aprender. Nuestro objetivo fundamental no es únicamente la cría, que será algo espaciado en el tiempo, sino la educación canina enfocada a la mejora de la calidad de vida del perro.

¡Gracias por leer!

El shiba cachorro y el shiba adulto

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Si pensamos en cualquiera de nosotros ahora, en comparación con nuestra niñez, podemos darnos cuenta de lo mucho que hemos cambiado. Para las personas, en general, es algo evidente e indiscutible que un niño no tiene el carácter de un adulto. Cualquiera de nosotros podrá recordar las trastadas que organizaba de pequeño, la energía inagotable, incluso las peleas con hermanos, primos, o amigos. Cuando los niños tienen alguna bronca entre ellos, o cometen una travesura, solemos quitarle importancia: “son cosas de niños”. Al parecer, y en general, los cachorros no gozan de tanta benevolencia, no solemos decir, ni pensar, “son cosas de cachorro”. En multitud de ocasiones esperamos de nuestro cachorro un comportamiento propio de adulto.

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Amaki (Ami) con dos años

Por ejemplo, cuando tenemos nuestro cachorro en casa, pretendemos que aprenda rápido a controlar sus esfínteres, también que no gimotee por la noche, y que sea capaz de estar horas sin romper nada en nuestra ausencia. Nos preocupamos si es demasiado impetuoso con otros perros, o si se asusta con facilidad. En los primeros paseos no podemos comprender porque tarda días, semanas, e incluso meses, en caminar con soltura y seguridad. Si vamos a un espacio canino y huye de los grupos de perros, o gime rozando la histeria si le rodea un número multitudinario, nos preguntamos “¿¡pero qué le pasa, si no le han hecho nada!?”. También queremos que aprenda a estar sentado, a acudir a la llamada, a no coger cosas del suelo, a estar tranquilo con los invitados, a jugar con nuestros niños, incluso a traer la pelota. Cuando, con tan sólo 4 ó 5 meses, no conseguimos todo esto (o incluso antes), empezamos a preguntar a otros: “¿tu perro se asusta en el paseo, le dan miedo los coches? ¿se sigue haciendo pis en casa? ¿ya obedece órdenes? ¿te hace caso cuando le sueltas en el parque?” etc, etc.

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Ginga con tres meses, foto de Olesia Kelesheva

Con tan solo unos pocos meses nuestro grado de exigencia hacia el cachorro es tan alto que, probablemente, ya no nos haga ningún caso, y entonces nos alarmamos más: “mi perro va a peor, ¿pero qué le pasa? ¡ya no sé qué más hacer!” y entonces, pensamos que quizá necesitemos ayuda (y no digo que no) y contratamos a alguien que en el mejor de los casos nos de unas pautas (a nosotros, sobre todo), y en el peor de los casos tratará de que el cachorro aprenda todo eso con sesiones que quizá sean adecuadas, o quizá no. Y quizá con seis, siete u ocho meses, a nuestro cachorro otra persona le haya enseñado las órdenes, y le haya enseñado todo lo que tu querías, pero quizá con más paciencia y comprendiendo que nuestro perro está en su infancia, nos hubiéramos ahorrado dinero y mucho estrés y se las hubiéramos enseñado nosotros mismos (con ayuda profesional o sin ella).

Salvo personas horriblemente exigentes y con una empatía nula con los niños, la mayoría de nosotros somos más tolerantes, pacientes, tranquilos y alentadores con los “cachorros humanos” que con los cachorros caninos. Creemos que un perro es ese animal adorador del ser humano, deseoso de aprender todo lo que este quiera enseñarle y que, siendo un perro, debe hacer todas esas “cosas de perro” que hemos visto, oído, y conocido, desde el principio de los tiempos. Queremos un perro, un perro fiel, y lo queremos ya. Esta creencia choca con la realidad con especial fuerza en los casos en que: 1) nunca antes has tenido perro 2) se te ha ocurrido tener un Shiba.

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Balrog con apenas un mes de vida

No pretendo mostrarme como ningún mesías que va a arrojar luz sobre este u otro asunto (entre otra cosas porque no puedo, y la sola idea me desagrada), pero como de costumbre, quiero compartir lo que a día de hoy pienso y creo haber aprendido.

Si el shiba en general es un perro independiente, rozando la profunda indiferencia ante tus deseos, el cachorro es una especie de Speedy Gonzales, al que le interesa saber qué leches quieres ahora, para que le dejes en paz. Por supuesto, esto es solo mi punto de vista, pero gracias a mis tres fieras, y las quedadas shiberas que organizamos en Madrid desde hace ya tres años, he visto unos cuantos cachorros y me ha parecido observar lo que aquí comparto. Indudablemente todos los cachorros tienen multitud de comportamientos en común, pero esta página es sobre esta raza y por tanto me centraré en el Shiba.

Os dejo pues un pequeño esquema-resumen al respecto. En algunas cuestiones espero poder ahondar en el futuro cuando tenga más información. Quiero agradecer desde aquí a las personas que han aportado su opinión y su experiencia desde el grupo Shiberos en Madrid para poder hacer este artículo más completo. (Click en la imagen para ampliarla).

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Espero que haya sido de vuestro interés y utilidad. Deja un comentario si quieres añadir o puntualizar algo 🙂

¡Hasta la próxima!

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Nuestro chow-chow

En esta entrada quiero presentar a un miembro muy importante de la familia. No es un Shiba, no es un humano y, a veces, no parece ni un perro. Se llama Tita, y es un chow. 

Tita nació en 2014, mejor no saber dónde ni cómo. Un par de meses más tarde estaba en una tienda, en una jaula no muy limpia, rodeada de más jaulas. Entré en esa tienda de casualidad, para preguntar sobre el Shiba, mi primer y único perro había muerto hace poco. Cometí el error de ver los cachorros, recuerdo el primero que dejé pasar con mucho dolor, porque era macho y porque ya tenía más de tres meses (si pudiera retroceder en el tiempo, los hubiera comprado a los dos a pesar de saber que eso me traería muchos problemas y gastos). No puedo olvidar su cara, ni la cara los Huskies que se asaban de calor, ni los pequeños Westies dando saltos, ni el resto de Chows, quietecitos, a lo sumo dando un ladrido solitario de vez en cuando. Adoro al Shiba, pero nada me conmueve tanto como la expresión de un Chow, la expresión de un Chow suele ser de desconcierto, y en muchos casos de resignación; tengo la teoría de que muchos de ellos no llegan a comprender ni a los humanos, ni su propia circunstancia, quizá porque ellos rara vez son comprendidos.

Y sí, está muy mal comprar en una tienda, eso me quedó muy claro.

Tita padece displasia de cadera y de codos, fue operada de ambos codos, y por el momento, no será operada de cadera. El pronóstico, cuando ella tenía solo seis meses, era bastante nefasto. Esta noticia fue aún más devastadora, teniendo en cuenta que hacía unos meses que había muerto mi primer perro. A estos problemas que le causaban dolor, se sumaba algo que al parecer le ocurre bastante a esta raza, sus problemas para congeniar con otros perros. Su mera aproximación, quizá por su voluminosa forma y poca expresividad, consistía una amenaza para muchos otros perros, de modo que de forma gratuita se encontraba o evitada o atacada. Ni qué decir tiene que uno de mis intereses principales en ser educadora canina y formarme lo mejor posible en ello, es para comprender este fenómeno: por qué algunos perros son rechazados de forma sistemática. 

Y ahora dejo el dramatismo. Hoy Tita tiene más de tres años, sus codos están perfectos tras las operaciones, y gracias a Ami (y compañía) sus problemas de socialización parecen haber desaparecido, aunque todavía muchos perros la  evitan, tiene amigos y puede jugar con ellos.

Aunque no me planteo criar Chows, ni nada que se le parezca, sí me gustaría algún día poder ayudar en el asesoramiento y la educación de esta raza, pues la mayoría cargan con el peso de cierto estigma, se tiene la imagen de ellos como perros antisociales, huraños, e incluso agresivos con humanos. A mi parecer, esto es debido a que no se ha comprendido su forma de ser, ni respetado su gran necesidad de evasión, independencia, y carácter pacífico y contemplativo.

Tita tiene un papel fundamental en nuestra manada, ella enseña respeto por el espacio, transmite gran paz, y huye del conflicto. Es paciente, tolerante con los más pequeños, y disfruta los pequeños detalles de un modo muy particular, que hace pensar en que el ritmo de vida de la mayoría de nosotros es el equivocado, dando un ejemplo maravilloso de cómo se debe vivir el momento.

Por todo esto he creído conveniente presentaros a mi ángel, porque ella hará una gran labor con nuestros cachorros y será un pilar fundamental, como lo es ahora.

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Conceptos: pedigree, LOE y Registro de Raza

A todos los que nos hemos acercado al mundo del perro de raza, nos han asaltado las mismas dudas. Gran parte de nosotros, hemos creído alguna vez que “perro con pedigree” es sinónimo de “pura raza” que es sinónimo de un perro precioso. Al buscar un perro de raza hemos podido pensar “me da igual el pedigree, no lo quiero para exposición” o “¿para qué quiero un perro con pedigree, ¡yo solo quiero un shiba!”. También, algunos piensan que tener un perro con pedigree, es sinónimo de tener un gran perro que podría ganar concursos de belleza. Otros, creen que pedigree es equivalente a garantía sanitaria.

Nadie nace sabiendo, y confundir conceptos de un área que no nos es familiar, es de lo más habitual, y le pasa a cualquiera. Por ese motivo, creo que es adecuado este post.

Seré breve.

¿Qué significa pedigree? Se refiere al árbol genealógico, es un documento que certifica los ancestros de tu perro, entre otras cosas. Si el pedigree está inscrito en el Libro de Orígenes Español (LOE), significa que los padres, los abuelos, y los tatarabuelos, están inscritos también y, por tanto, que es pura raza. Puedes leer aquí la propia información de la RSCE al respecto.

¿Qué significa Libro de Orígenes Español (LOE)? Es el libro que recoge las inscripciones de perros pura raza, es decir, que mínimo tengan registrados tres generaciones previas. En caso de no tener registrado tres generaciones, o que estás se encuentren incompletas, el pedigree no figurará en el LOE.

¿Qué significa Registro de Raza? El registro de raza es la inscripción de un ejemplar sin pedigree, lo realiza un juez de belleza, que indica que el ejemplar que figura es de la raza X. La descendencia de perros que solo poseen registro de raza, no tendrá pedigree inscrito en LOE hasta las tres generaciones.

Algunos apuntes

Para registrar una camada la RSCE no pide pruebas genéticas, por tanto, el pedigree como tal no nos puede servir de garantía total de que nuestro perro sea descendiente de los ancestros que figuran en el mismo. Esto resulta un tanto incómodo, pero la realidad es que habitualmente el criador no aporta pruebas genéticas al respecto. En los casos en que el criador tenga una gran cantidad de machos y hembras reproductores, se presume que el control de los cruces es total, para garantizar la fiabilidad del pedigree (pero esto no debería parecernos suficiente).

En cualquier caso, salvo pruebas genéticas, por el momento la mayor garantía de que tenemos un ejemplar pura raza es el el pedigree inscrito en LOE.

El pedigree no es una garantía sanitaria. Confundir pedigree con garantía de salud o garantía de belleza es un error. Las garantías de salud deben presentarse con sus correspondientes certificados veterinarios o certificados por las asociaciones pertinentes. Garantías de belleza, sencillamente, no existen.

A pesar de haber adquirido un perro pura raza, con Pedigree, garantías sanitarias, e hijo de Campeones, el cachorro no tiene porque ser una estrella de la Exposición. Cuando compramos un cachorro para compañía, el criador no hace una especial elección estéticamente. Además, normalmente los criadores (en especial a media o gran escala), suelen quedarse con los ejemplares que preven que pueden ser campeones, o bien venderlos a otro criador que solicita específicamente un ejemplar de esta calidad. De hecho, es relativamente habitual que el criador se quede con un cachorro hasta los 5 ó 6 meses de edad, momento en el cual valorará si es un ejemplar apto para cría (y por tanto también para exposición), y en caso de no serlo, lo venderá.

Pedigree inscrito en LOE e hijo de campeones, no es equivalente a un Shiba perfecto, aunque tienes muchas más papeletas para conseguirlo.

Finalmente os dejo algunos enlaces de interés, a unos post más detallados y mejor explicados que este. Especialmente interesante es el que explica las diferencias entre LOE y LOCE.

 

Espero que este post os haya sido de utilidad, cualquier duda o sugerencia será bien recibida.

¡Gracias por leer!

El juego en el Shiba Inu (1)

img_6712Hachiko (rojo) y Balrog (b&t) corriendo juntos en el monte. 

El siguiente artículo trata sobre lo que he observado en el juego en el Shiba, a raíz de mis experiencias con mis perros, y de lo que he podido observar en las Quedadas grupales que organizo en Madrid con personas que comparten su vida con un shiba, (aprovecho este artículo para agradecer su implicación, colaboración y su buen rollo, yo no podría organizar nada sin personas como ellas/os). Cualquier sugerencia o comentario al respecto de este artículo es bienvenido. 

Todos los perros sanos juegan, en mayor o menor medida. Cada individuo tiene sus particularidades, sus juguetes preferidos, sus momentos preferidos, y hasta sus amigos preferidos.

En el Shiba hay algo en su forma de jugar que suele sorprender. A menudo nos alertamos cuando nuestro perro gruñe y enseña los dientes; nos preocupamos porque nos han enseñado que el perro debe ser sumiso, que es un animal, y como tal tiene unos instintos que, al parecer, le sublevan. Por suerte, este tipo de creencias cada vez quedan más desplazadas del ideario social, y todos vamos descubriendo en nuestro perro un ser emocional y pensante, capaz de ir mucho más allá de sus instintos. Gruñir no es la antesala de una agresión, el gruñido puede comunicar muchas cosas y, entre ellas, el gruñido puede formar parte del juego, como es el caso en el Shiba (y en otros muchos perros). Los shibas, a menudo, juegan simulando un comportamiento de caza, o una pelea. Habitualmente se persiguen, se muerden el cuello y las patas, y se tironean a bocados con gran escándalo.

ELJUEGO3Amaki (derecha) con Balrog (izquierda) y un amiguito guardando una distancia prudencial. 

Recuerdo la primera vez que vi este comportamiento en mi primer shiba, Amaki. Mi chow-chow, Tita, también pareció sorprendida (¡o esa impresión me dio!). La forma de jugar de Ami era (y es) bastante salvaje. Entre sus actividades preferidas se encuentra derribar a Tita y simular que la muerde el cuello y la inmoviliza, Tita parece adorar este juego. Ahora que tengo tres shibas y mi chow, el juego se ha vuelto más complejo, y cada shiba tiene un papel en este teatro al que hemos dado en llamar “la caza del oso”.

ELJUEGO2Balrog y Tita corriendo a la par

Cualquiera se preguntaría (yo me lo suelo preguntar) cómo sé que mi chow (o cualquier otro perro) puede disfrutar de estos juegos. Pues bien, no todos los perros lo disfrutan. Los perros, como las personas, comunican si algo les está gustando o no. En el caso particular de mi chow es evidente que le gusta, pues busca a los shibas y los provoca para jugar; ya solo de camino al parque y más concretamente a la zona en la que les suelto, mueve la cola y adopta varias veces la postura “de reverencia“. No todos los perros disfrutan de este juego, y nuestros shibas, en general, lo saben. Normalmente los perros son cautelosos a la hora de acercarse a otros, y no se lanzan directamente a jugar (salvo los cachorros, perros jóvenes o excesivamente enérgicos, o bien perros que ya se conocen), antes invitan al juego o tantean al otro. Una vez se inicia el juego, el shiba rápidamente suele adoptar un rol de cazador, persiguiendo al otro perro con gruñidos, el otro perro, en especial si no es un shiba, no siempre recibe este juego con agrado. Normalmente, cuando no les gusta, se quedan muy quietos, no continúan corriendo, y enseñan los dientes con la cola baja y una postura hostil.

Básicamente cuando un perro está presentando un comportamiento de juego se observan estos movimientos:

  • Cola agitada
  • Reverencia
  • Giros que dejan el lomo cerca de las fauces del otro perro
  • Ocasionalmente tumbarse boca arriba mostrando el vientre

De algún modo el perro quiere dejar claro que es un juego, dejando accesibles zonas de su cuerpo particularmente sensibles.

ELJUEGO1Wax (arnés rojo) frente a Ginga jugando al “pilla-pilla”

También podemos observar, entre los shibas que se están comportando de forma amistosa, que se miran directamente a los ojos, se acechan, con movimientos ágiles y fluidos. Hay que tener en cuenta que, entre shibas, ninguno quiere adoptar el rol de presa, por lo que ambos pueden ser presa y cazador según el contexto; En caso de conflicto se suelen evitar las miradas directas y fijas, ya que en este contexto tiene otro significado poco amistoso, y los perros tiendan a estar inmóviles, en una postura tensa.

Creo que la mayoría de los perros, sino todos, necesitan (o al menos mejora su calidad de vida), libertad para correr y jugar en un espacio natural, y en relación con otros animales y perros. Los perros, como las personas, desarrollan diferentes comportamientos en diferentes situaciones, emergen facetas del perro distintas en relación a contextos y animales distintos, y es una gozada verlo.

Al margen de los juegos en el parque, en el campo, etc, nuestro perro también disfruta jugando con nosotros (y si no es así, quizá algo no se está haciendo bien). En cuanto a juguetes no me ha parecido observar demasiadas particularidades en el shiba (repito: lo comentarios son bienvenidos 😛 ). Suele gustarles el nudo, juegos que ponen a prueba su inteligencia y olfato, y aquellos que les permiten roer durante un buen rato.

Entre los juegos que nos permiten interactuar con nuestro shiba está la famosa pelota (no recomendable en momentos de ansiedad o picos de actividad) y el nudo, entre otros muchos.

IMG_7226Balrog tirando con fuerza 

Quizá el shiba no sea un perro dado a traer la pelota, pero me consta que algunos lo hacen. En general el perro nos trae juguetes cuando buscan la interacción con nosotros. Son momentos de vinculación que no hay que dejar pasar.

En esta entrada os he querido mostrar lo que he observado en el juego del Shiba Inu, para ayudaros a entender, sobre todo, su juego en libertad con otros perros, ya que si no los conocemos nos puede sorprender. Me quedan muchos años por delante, espero, para seguir aprendiendo de ellos y compartiendo las conclusiones que puedo llegar a formarme.

He resaltado que el shiba es un perro que gruñe habitualmente al jugar, porque quiero dejar claro que sería un gran error corregir (por decirlo de algún modo) a nuestro perro por gruñir cuando juega, ya que el gruñido es un elemento de comunicación muy común en el shiba, que vamos a tener que comprender a cada contexto que pueda presentarse.

Por último os dejo este vídeo que pretendo sea útil para representar lo que comento: CLICK AQUÍ

¡Nos vemos en la segunda parte de este artículo! Hasta la próxima y, no lo olvides, jugar con tu perro es un placer y una ocasión para hacer crecer vuestra amistad.

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Autoría y fotografía: Yolanda Ruiz

Combatiendo prejuicios 2

Continuámos con nuestra serie de prejuicios desmontados o matizados con argumentos, ¡aquí van!

Los criadores son los culpables de que existan razas de perros aberrantes y enfermos de nacimiento.

Lamentablemente la cría con objeto comercial o sencillamente estético, que no tiene presente la salud del animal, deriva en cruces de perros con enanismo, o braquicéfalos. Efectivamente, los criadores son culpables de esto en gran medida, y lo más lamentable es que existe demanda de perros con problemas, por desconocimiento o por indiferencia. Los culpables de esto son tanto los que lo ofrecen como los que lo demandan, nadie debería malograr una raza y menos con fines comerciales.

Los criadores solo buscan perros bellos, no les importa nada más, los tratan como a objetos.

Es de esperar que existan criadores así, criadores que tratan de dar una apariencia de amor pero que queda forzada y no se la cree nadie. Criadores que son capaces de enviar a su perro en un avión para una monta y no verlo en meses, y criadores que tienen a sus perros encerrados en un transportín para que no se ensucien antes de una exposición: sí, existen criadores así, personas que viven constantemente por y para la exposición, para alardear de los premios que ganan sus perros. Nosotros no queremos un premio, de ningún tipo, que nos fuerce a mirar con mala cara a nuestros competidores, a tener horas en la peluquería a nuestros perros, o a no poderlos dejar correr por el campo los días previos a una exposición, esto es ridículo y nadie te obliga a ello: los criadores que hacen esto con sus perros lo hacen porque quieren. Sí, existen criadores que solo buscan perros bellos, pero tú puedes escoger a los que vayan más allá de los superfluo.

Las exposiciones caninas son horrorosas, los perros pasan mucho tiempo en jaulas solo para salir a desfilar.

No necesariamente. Para empezar hay que dejar claro que la jaula y/o transportín parecen lugares de encierro para nuestros perros, lo vemos desde una perspectiva humana, pensando cómo nos sentiríamos nosotros si estuviéramos ahí encerrados. Lo cierto es que para los perros un lugar cubierto, en penumbra, con un cojín o una manta, donde aislarse y relajarse (en especial en un lugar muy concurrido), es algo muy positivo. Les permite descansar, dormir, jugar con sus juguetes sin ser molestados, bajar sus alertas y estar en paz. Esto no quiere decir que sea positivo hacinar perros en jaulas como se ve en las exposiciones por parte de algunos handler o/y criadores, si observas que el perro está en un jaula o transportín en el que no puede ponerse de pie, o no puede tumbarse extendido: puedes afirmar que esa no es la forma correcta pero, por favor, no generalices, observa libre de prejuicios, y también verás muchos criadores/handler abrazando a sus perros, dándoles chuches y peinándolos con cariño.

Los handler llevan a los perros con correas tensas, y collares minúsculos, haciéndoles daño al posar.

Es muy habitual ver al handler con la correa vertical de modo que el perro alza la cabeza. Con una mirada observadora, podremos distinguir muy fácilmente quien mantiene una pose forzada y quien ha entrenado a su perro amablemente para que pose sin necesidad de tirar de él. La correa a de mantenerse en vertical por la sencilla razón de que de otro modo rozaría al perro o caería a un costado, esto no quiere decir que al perro se le esté haciendo daño. La pose que el perro toma para exposición suele salir de modo natural cuando se le ha enseñado el “quieto”, por tanto que la correa esté en vertical no es sinónimo de que esté en tensión y una ligera tensión no es sinónimo de estar ahorcando a tu perro.

Un criador le vende a cualquiera que tenga el dinero y se desentiende del cachorro y del propietario después; en realidad no le importa en absoluto el bienestar del perro una vez entregado.

Ser criador es una experiencia bella, pero también muy dura. Tanto otros criadores, como las personas que se interesen por tener un perro de raza, serán muy críticos, algunos incluso dañinos. Ser criador, y ofrecer asistencia durante toda la vida del perro es ser valiente y es ser honrado, pero lo es solo si eso no se queda en el papel. Efectivamente, existen criadores que, una vez cobrado, les importa muy poco lo que ocurra, no te preguntarán por el perro, no contestarán tus consultas o lo harán escuetamente, incluso se ofenderán si les dices que tu perro tiene algún problema. Algunos criadores en lugar de ofrecer coberturas en caso de algún tipo de enfermedad, se limitan a ofrecer la devolución del perro, como si fuera un pantalón que al final te quedaba pequeño.

Lamentablemente el mundo del perro de raza tiene una faceta snob y ególatra, que suele coincidir con la usura y el ánimo de lucro. Un buen criador te entregará un documento con responsabilidades y te indicará qué hacer si en algún momento no puedes ocuparte del perro. Un buen criador seguirá en contacto contigo, sin ninguna duda.

Básicamente, un buen criador destacará por ser competente y una buena persona.

 

…continuará