¡Al agua shibas!

 

Muchos de nosotros queremos que nuestros perros se bañen en el río, lago, playa, incluso en nuestra piscina. Es raro ver a un shiba arrojarse al agua, salir y entrar plácidamente. Lo más habitual es que se muestre receloso y, a lo sumo, que entre y chapotee.

En muchas ocasiones nos dirán que “los perros saben nadar”, y que por eso “ningún perros se ahoga”. Los perros, en general, saben mantenerse a flote, pero si no han aprendido a nadar, se mueven de forma abrupta, arrítmica, se angustian y salen sofocados del agua, aunque existen razas que tienen una destreza particular para nadar sin que nadie les enseñe.

En el caso del Shiba, salvo si ha sido habituado desde cachorro, el agua le producirá desconfianza, lo cual no le impedirá aproximarse y darle una oportunidad, dado su carácter aventurero y su natural valentía.

Es importante tener en cuenta que no van a reaccionar igual en cualquier forma de presentarse el agua. En ocasiones hay quien piensa que su perro va a responder bien en la ducha, porque le gusta mucho meterse en ríos o charcos; no tiene nada que ver. A continuación, paso a comentar la reacción habitual del shiba (y probablemente de muchos perros), en diferentes contextos en los que está presente el agua:

El momento del baño

Circulan por la red vídeos de shibas en el baño, relajándose mientras los enjabonan. También shibas dando gritos como si el champú fuera una condena a muerte. Por lo general, les resulta desagradable y huyen del baño. Esto se produce aunque adoren los charcos o los ríos. ¿Por qué ocurre? Normalmente nuestro perro acude a su primer baño ignorando por completo lo que va a ocurrir; de forma repentina se ven introducidos en la ducha/bañera, y el agua cae a chorro desde una especie de serpiente metálica y, para colmo, no les dejamos salir. La primera experiencia con el baño suele ser traumática y condiciona todas las demás. Para evitar esto, sería lo mejor realizar un proceso para positivizar el baño, y los elementos que vayamos a utilizar en el mismo.

Río, embalses, y agua en calma

IMG_3243.jpgNormalmente en estas circunstancias, el shiba se acerca progresivamente a explorar siempre que no sea obligado. Si puede adentrarse en el agua sin dejar de hacer pie, es muy probable que acabe jugando, e incluso vaya detrás de un palito o cualquier otra cosa que arrojes en las proximidades. Aquí tenéis un vídeo de una sesión con Haku. Como se puede ver en el vídeo, hay que dar tiempo y espacio e introducir juegos si es posible, para que pierda el miedo y se atreva a zambullirse; aunque en el vídeo todo ocurre muy rápido, fue necesario mucho más tiempo.

“¡Dios mío, no hago pie!”

En lugares en los que, para mojarse, no le queda otro remedio que sumergirse por completo, es casi seguro que no se molestará en acercarse (salvo que haya sido entrenado y sepa nadar). En caso de que nosotros estemos dentro, podríamos tomarlo en brazos y ayudarle a perder el miedo. Es muy recomendable utilizar un chaleco salvavidas, ya que lo que les resulta más inquietante es comenzar a hundirse en cuanto dejamos de sostenerlos. Esta entrada de wikihow muestra los pasos a seguir para enseñar al perro a nadar (en inglés).

La playa

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Haru, de nuestra cliente Patricia, en la playa

Los perros que han superado la prueba de fuego en lugares como pantanos, ríos, etc, sin embargo pueden mostrar un comportamiento totalmente distinto respecto al mar. Los shibas en particular son animales sumamente cautelosos en cuanto a su integridad física y cualquier cosa que se salga de lo que conocen. El mar supone diferencias notables a sus ojos (y olfato), entre ellas le resulta imprevisible y poco seguro por encontrarse el agua en movimiento. El shiba además presenta otro problema, al ser pequeño, las corrientes lo mueven con facilidad. Si lo dejamos tranquilo y sin agobios es muy probable que acabe jugando en la orilla, sobre todo cavando en la arena. En las imágenes, Balrog en sus primeras aproximaciones al mar.

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La piscina

Resulta especialmente improbable que un shiba se tire a la piscina. La piscina es un lugar donde el perro parece no tener claro si estamos en problemas o no. En ocasiones estamos en la piscina gritando y riendo, y nuestro perro empieza a dar rodeos nervioso. Además, las piscinas generalmente no cuentan con una rampa de acceso, así que el perro no tiene por dónde entrar de forma progresiva. Aún cuando le enseñes a nadar en la piscina, es poco probable que se atreva a entrar por sí solo. Para que la experiencia en la piscina fuera positiva, necesitaría una rampa, y mucha calma. Rara vez se acercará si estamos dentro haciendo aguadillas o dando chillidos. Si se hace bien, puede que el perro se acerque por sí mismo para que lo cojamos en brazos y nade con nosotros. En las imágenes, Ukiyo de Mono no aware, cogiendo chuches al borde de la piscina en el proceso de positivización.

 

La lluvia

27747606_2048399488751021_1263368040042677332_o.jpgResulta obvio la diferencia entre la lluvia y las anteriores situaciones. Curiosamente, la lluvia es para muchos shibas activante, en especial cuando se presenta en una zona de césped. En general no les supone ningún problema, y rehusarán ponerse un chubasquero. Cuestión diferente es si el shiba tiene la lluvia asociada a la tormenta, y por una falta de habituación o por un trauma, esto le causa temor. En la foto, Pícara, nacida en nuestra casa, no parece nada incómoda con su impermeable.

Los charcos y el lodo

Cualquier perro puede rebozarse en un charco de lodo o barro, en general parece ser que los shibas eligen rebozarse con mayor frecuencia en heces, o animales muertos. Cuando nuestro perro se reboza en barro, o se mete en un charco, tendemos a bañarlo con agua y jabón después. En realidad, en la mayoría de los casos basta con dejar que se seque el barro y dar un buen cepillado para que queden impecables nuevamente.

Con esto queda finalizado este artículo sobre el shiba y el agua, esperamos que os haya sido de utilidad. No dejéis pasar los momentos en que podéis darle a vuestro perro nuevos entornos para explorar.

 

img-thing¡Hasta la próxima!

 

 

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Agresividad en el Shiba

artEn este artículo quiero hablar brevemente de la supuesta tendencia agresiva de la raza Shiba inu, una rasgo que muchas veces se le atribuirá a tu perro, si es de esta raza, incluso por personas que la desconocen totalmente.

Muchas personas temen que su Shiba se convierta en un perro hostil, agresivo, que se haga dueño de cada rincón de la casa y espante a los invitados. Algunos propietarios de un shiba, se sorprenden incluso cuando en lugar de un perro frío y distante, se encuentran con un cachorro cariñoso como cualquier otro. Otros, tratando de prevenir este comportamiento que le han advertido tantas personas, ponen en práctica técnicas contraproducentes, tales como meter la mano en su cuenco de comida (para que sepa “quien manda”), someterlo cuando gruñe (sujetándolo panza arriba impidiéndole que se mueva), no dejar que coma ante que ellos, que pase siempre el último por la puerta, etc… Un trato como este hará de tu shiba algo muy diferente de tu mejor amigo.

sesionukidescart¿Qué hay de verdad en la afirmación de que el Shiba inu es una raza con tendencia agresiva?

Lo que sí parece cierto es que, habitualmente, esta raza tiene una reacción a la incomodidad, al abuso, al miedo y a la desconfianza, muy contundente y clara, ladrando, gruñendo, y marcando, llegando a morder, si es necesario. Mientras otros perros ante una situación aversiva tienen un comportamiento conciliador, sumiso, o retraído,  limitándose por ejemplo a cerrar los ojos, orinarse o esconderse cuando tienen miedo, el shiba, en general, afronta lo que teme o le provoca de frente, tenso, erguido y listo para atacar o defenderse. Esto quiere decir que mientras otros perros recurren a la agresión como último recurso, para el shiba puede ser el recurso principal.

face2Este fuerte carácter es, en mi opinión, su estrategia de defensa. Si tu shiba muestra una respuesta hostil hacia otros perros, las visitas, los niños, objetos en movimiento, personas desconocidas, etc… No creas que esto es normal porque es un shiba. Tu shiba te está indicando que no está cómodo, de su particular manera: volviéndose gruñón, hostil, y frío. No es la forma de ser típica de la raza, es, probablemente, la forma de responder típica de la raza ante una situación difícil.

¿Qué puedes hacer para evitar que tu shiba sea agresivo, reactivo, u hostil?

Tu shiba no será agresivo si no tiene ningún problema, si aprende a gestionar sus emociones y establecéis un buen vínculo y comunicación. (Si tienes un shiba macho sin castrar y estás levantando una ceja, escéptico, tengo una artículo en el horno reservado para ti). 

Genera un buen vínculo con tu perro, basado en la confianza mutua, en el entrenamiento, el juego y la diversión. Cuando tu cachorro llegue a casa obsérvalo, trata de no cogerlo en brazos si indica el más mínimo rechazo en ese sentido, observa cual es su reacción hacia el ruido, la llegada de visitas, y tus propios movimientos. Si tu cachorro está habitualmente alerta, tenso, y busca un lugar apartado, dale la oportunidad de relajarse, ofrécele chucherías, y juguetes, siéntate en el suelo con él sin cogerlo, y deja que se acerque poco a poco a ti. Los cachorros muy tímidos pueden haberse criado en un entorno pobre en estímulos, solo con su madre y sus hermanos, dale tiempo, calma y silencio para que se adapte a la nueva vida, sin sobresaltos. 

IMG_4995coolSi tu cachorro es el típico perrito simpático, juguetón y alegre, que come como una lima y te saluda cuando llegas: ¡premio! solo tienes que mantenerlo así, que ya es bastante. Empieza con ejercicios fáciles como el “sienta”, juegos de olfato sencillos, juegos con pelota o mordedor… Enséñale el collar y la correa un par de semanas antes de sus primeros paseos, y trata de que se acostumbre a llevarlo por casa antes de salir.

Apúntate con tu shiba a cursos prácticos de educación canina con métodos amables y actuales, que huyan del enfoque dominancia-sumisión y ten cuidado con todo aquel que se anuncie como un educador exclusivamente en positivo. También podéis apuntaros a actividades de agility, olfato, club de cachorros…

Trata de regañarlo lo menos posible, y felicitarle lo máximo posible. No le fuerces a conocer a todos los perros del barrio, ve poco a poco y con paciencia.

En definitiva, mantén a tu shiba motivado.

Si tu shiba muestra cualquier comportamiento aparentemente agresivo, consulta con un profesional, y no utilices técnicas que impliquen someter a tu perro, pues eso solo hará que vuestra amistad se destruya.

Si quieres información sobre los servicios de educación canina que podemos ofrecerte, contacta con nosotros a través del formulario:

 

Educación canina en positivo, ¿es posible?

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En los últimos años el mundo de la educación canina ha cambiado de forma significativa, al menos en teoría: de un enfoque de dominancia-sumisión, a un enfoque que busca el bienestar del perro como un miembro de la familia. Desde que el precursor de la teoría de la dominancia, David L. Mech, desmintiera alguna de sus bases y matizara sus conclusiones, los cambios en materia de adiestramiento, se han sucedido a gran velocidad. Quizá como consecuencia de décadas de abuso bajo la creencia en esta teoría, y por la integración del perro en el hogar, ha surgido una corriente que se podría considerar opuesta.

La educación canina en positivo postula, en general, la educación del perro en ausencia de cualquier tipo de situación negativa, desagradable, o indeseada por el mismo. Para enseñar conductas, y en la comunicación con nuestro perro, aboga por el refuerzo positivo, y descarta cualquier tipo de aversivo. Es decir, para educar a tu perro en positivo, solo puedes utilizar un lenguaje agradable, y métodos que aporten algo gratificante al perro. Eso quiere decir, por ejemplo, que el uso del “no”, no estaría tolerado en la versión más purista de esta corriente. Tampoco podríamos realizar un “time out” al perro y, por supuesto, no podríamos enfadarnos con él.

Hace un tiempo realicé un curso de educación canina en positivo y, entre otras cosas, pregunté cómo le decíamos al perro que no cogiera algo del suelo, ya que estaba prohibido (literalmente) decirle “no”; la respuesta de los profesores fue que tenía que enseñarle al perro algo que le interesara más que eso que había en el suelo. Le comenté que el perro podía comerse algo envenenado sin que me diera tiempo de captar su atención con el pollo asado con patatas que suelo llevar siempre encima, a lo que me dijeron “bueno, eso es algo que puede pasar, cualquier perro se puede envenenar y no podemos hacer nada”. ¿Estáis de acuerdo? ¿Os imagináis cómo viviríais si de repente la gente decidiera que el “no” es una palabra que no se debe de utilizar contigo? ¿O si vosotros no lo pudierais utilizar? Para empezar es probable que nuestra pareja y/o amigos se tiraran por un puente.

La educación canina en positivo parte de unas premisas ideales, pero en el mundo de la comunicación todos los animales sociales necesitan saber qué espera el otro, qué quiere, y que no. La palabra “no” es solo una palabra que nos da información.

Por otra lado, los aversivos, son situaciones desagradables para el perro, en la vida diaria puede haber situaciones que desagraden al perro, sin ser graves. Evitarlas absolutamente todas significaría engañar al perro, pintándole un mundo que no es real. Poniendo el ejemplo de este mismo curso, comentaban que cuando paseamos al perro, hay que ir por dónde él elija. Todos los que tenemos perro sabemos que a veces el perro elige ir por un camino lleno de espigas, entre los pinos oliendo esa filita de gusanos peludos tan raros, o a cruzar la calle a decirle un par de cosas a su enemigo nº1. Según esta gente, debemos pararnos y esperar a que tome el camino alternativo que nosotros amablemente le damos a elegir comunicándolo corporalmente, con palabras amables, o mirando al horizonte con lágrimas en los ojos a ver si conmovemos al animal. Si el perro no se entera de que no queremos que huela a los “gusanitos peludos”, además de que no podemos decirle “no”, tampoco podemos guiarle con la correa porque es un aversivo, y es desagradable supuestamente. Podemos (es un recurso recurrente en este tipo de adiestramiento) sobornarlo con una chuchería, una pelota, u otras cosas, y llevarlo así hacia el camino alternativo. Todos los que tenemos perro sabemos que el perro es un animal muy simplón, que aunque quiera ir a saludar a su enemigo nº1, una chuche o una pelota, lo van a hipnotizar al instante y se va a olvidar de todo. ← (ironía, que pretende ilustrar que esta corriente llevada al extremo reduce al perro a un animal idiota).

Hay multitud de ejemplos que resultan, en mi opinión, irrisorios en la vida real, cuando hablamos de la educación canina en positivo reducida al absurdo, creo que el lector puede imaginarlos por sí mismo.

Hay otras escuelas que entienden esta corriente educativa como una base, como una voluntad, y como una ética necesaria, en un sentido no radical, sino flexible y coherente con la realidad, compatible con diferentes metodologías. Entre todos los métodos y acciones posibles, se debe aplicar aquello que sea más amable y honesto con el perro. Un perro, como una persona, que no conoce límites, que no sabe lo que puede dañarlo, que no entiende que ciertas conductas son desagradables para otro perros o su familia, y que tienen consecuencias negativas, es un perro incapacitado para la vida real. En este sentido, recuerdo a un perrito que, en un espacio canino, iba levantando la pata y orinando a todos los perros de dicho espacio, algunos de ellos no se lo tomaron a bien y decidieron solucionarlo de forma poco simpática y hippie. Los perros se enfadan, que les orinen la cara no les suele agradar, y si nuestro perro desconoce el enfado, no solo lo convertimos en un idiota, lo ponemos en peligro. En estos casos, los profesores de dicho curso, comentaban que había que dejar que los perros lo gestionaran, ya que ellos saben solucionar sus conflictos, el fallo está en los humanos. Por supuesto, muchos de nosotros hemos comprobado que si nos quedamos pasmados mirando y dejamos a los perros solucionar sus conflictos, la cosa acaba bien. Algún día se correrá la voz, todos se darán cuenta de esto, y las empresas de educación canina quebrarán.

En conclusión, por supuesto que la educación canina en positivo es posible, pero llevada al extremo no es una herramienta positiva para el perro, tiene como resultado lo contrario a lo que postula.

Si hablamos de esta corriente como una metodología que puede aplicarse de forma multidisciplinar, adecuándose de forma coherente con la situación del perro y el contexto, tal y como ya hacen muchas escuelas y adiestradores, es algo útil. Si nos ponemos filosóficos y melindrosos con los términos, quizá tendríamos que admitir que no podríamos llamar a dicha corriente “adiestramiento en positivo”, por ser por definición extremadamente excluyente.

En definitiva, si definimos la educación canina en positivo como una corriente de adiestramiento basada solo y exclusivamente en el refuerzo positivo excluyendo todo aversivo y situación desagradable, estaremos hablando de algo utópico y contraproducente. Si definimos la educación canina en positivo como un conjunto de métodos integradores que buscan dar protagonismo al refuerzo positivo en la vida del perro, estaremos hablando de algo realista y recomendable.

Quiero pensar que quien habla de educación canina en positivo, habla de lo segundo, pero hay algunos educadores que creen realmente en el enfoque extremo. Si tienes dudas sobre si son ellos, puedes hacer un test rápido: ¿disimulan mal o no disimulan su desprecio hacia las personas? ¿te hacen sentir culpable de todo? ¿echan espuma por la boca si pronuncias la palabra “dominancia”, o “dominó” o “do”? Entonces lo mejor que puedes hacer es sonreír mientras te alejas con tu perro despacio hacia casa. A veces escapar no es fácil, pero no te preocupes, si no te mueves, no te ven.

Artículos recomendados por contener diversos puntos de vista o enfoques, u otras argumentaciones al respecto. Desde Mononoaware, os animamos a buscar más información por vosotros mismos y a formaros vuestra propia opinión al respecto.

 

¡Gracias por leer y hasta la próxima!

Autor: Yolanda Ruiz

Trabajo con Shiro (Shiba reactivo)

28906939_170142913540328_213625696_nEn esta entrada quiero hacer un pequeño adelanto de nuestro trabajo con Shiro, el precioso shiba que veis en las fotos, cuya familia acudió a nosotros al poco de anunciar, en Enero, nuestra sección de educación canina.

Shiro es un Shiba de poco más de un año de edad que, a raíz de sufrir un ataque de otro perro cuando tenía ocho meses, desarrolló una respuesta hostil (reactiva y en muchos casos agresiva) a cualquier acercamiento de un perro desconocido.

Trabajando con sus tutores (familiares) y en especial con su guía, Marta, hemos restaurado la confianza del perro, mostrándole además sus capacidades para distinguir una amenaza real de lo que no lo es. Para ello, hemos observado y analizado las respuestas de Shiro y hemos realizado ejercicios en diversas etapas, para darle al perro y a sus tutores las herramientas necesarias para gestionar la situación.

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Hemos huido del enfoque dominancia-sumisión, buscando en su lugar la comprensión del perro de la situación, y estableciendo una relación colaborativa con su familia. Las herramientas no solo se otorgan al perro, el vínculo afectivo necesario se debe desarrollar entre el perro y su familia, otorgando el educador canino, la base necesaria tanto teórica como práctica. De nada sirve que el perro sea excelente en manos del educador, si sus tutores no pueden reproducir ni entender lo que estamos haciendo.

Como esto solo es un pequeño adelanto, voy a dejar que algunos vídeos hablen por sí mismos. Aquí tenemos uno de los vídeos que me envió su familia, para que pudiéramos ver, previo a la primera visita, como Shiro reaccionaba de forma desproporcionada con un perrito que, como vais a ver, esta lejos de ser una amenaza para él.

Nota: no recomendamos nunca acercar a nuestro perro a un perro reactivo (ni a ninguno, de hecho) del modo que vais a ver,  por el evidente deterioro de la confianza que produce respecto a su guía (“dueño/a”) y, por supuesto, el peligro que supone.

 

 

Entre este vídeo y el que vais a ver posteriormente (el cual es un resumen de dos de las sesiones más recientes), hay un trabajado diario por parte de su familia, y multitud de sesiones con nosotros.

En el siguiente vídeo podéis ver alguna de las premisas y acciones realizadas. Entre el vídeo anterior y este, hemos trabajado el sentido principal del perro: el olfato, y su relación con el entorno, la relajación, y la confianza. Se ha trabajado obediencia para poder darle a la correa un sentido positivo, de guía del perro, y no un instrumento de sometimiento. Además, se ha trabajado la aproximación a otros perros, tanto con nuestros shibas como con perros del entorno. Para estas últimas sesiones ya habíamos conseguido que Shiro fuera capaz de jugar con hembras, y machos castrados, incluso de mayor tamaño que él.

 

 

Todavía nos quedan algunas sesiones por delante, para que Shiro pueda integrarse en grupos de perros, y volver a ser enteramente el perro juguetón que era. En especial, tenemos que trabajar su relación con otros machos sin castrar.

Pronto tendréis más noticias de este precioso y tierno shiba.

¿Tienes un Shiba con este tipo de problemas? Si eres de Madrid, no lo dudes, juntos podemos ayudarle, escríbenos a mononoawareshibas@gmail.com o rellena el formulario de contacto:

 

 

¡Hasta la próxima!

Shiba inu Madrid

 

La tendencia escapista en el Shiba

La raza Shiba Inu es particularmente conocida, por un lado, por identificarse erróneamente con la película “Hachiko” y, por otro, por su carácter especial, y tendencia escapista.

Cuando un Shiba se aburre, le apetece explorar, no está cómodo, tiene algún tipo de temor, o simplemente le apetece: se va. Sin más dilación, comienza a correr y se pierde en el horizonte. Mientras para otros perros alejarse demasiado de sus dueños y perderlos de vista resulta una experiencia horrorosa, al Shiba en general le trae sin cuidado. Como si estuviera completamente seguro de llevar un GPS integrado e infalible, puede llegar a recorrer largas distancias, y esperarte en la puerta de casa mientras tú te tiras de los pelos, o no llegar a casa porque su GPS no era infalible.

Una de las preguntas más habituales entre los propietarios de Shibas, es “¿Soltáis a vuestro Shiba, cómo conseguís que no se vaya?”, y uno de los servicios que más nos solicitan los propietarios de un Shiba es, sencillamente: que mi shiba acuda a la llamada.

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Como cabe esperar, siempre hay excepciones, algunas personas afirman que sus shibas jamás se han escapado, que siempre van sueltos, y que son muy obedientes. Por supuesto, esto es posible, y muchas personas han sabido de forma intuitiva, o gracias a su propia formación en educación/adiestramiento, mantener a su shiba motivado y vinculado lo suficiente como para que no se marche a ninguna parte.

Si bien algunos shibas han sido adiestrados con aversivos fuertes (collar de vibración/eléctrico, por ejemplo, para “castigar” sus huidas), este método nos parece que no fomenta la confianza, si no la obediencia por librarse de un castigo desagradable.

Vamos al meollo de la cuestión, ¿cómo consigo que mi shiba no se escape? En primer lugar, si tu perro es un cachorro lo primero es crear y mantener un vínculo con él, y resultar interesante y divertido para él, estos son algunos consejos:

  • Realiza juegos de olfato con tu perro tanto en casa como en el parque, de ese modo le divertirá estar junto a ti.
  • Juega con él y no le llames de inmediato una vez lo has soltado.
  • Suéltale en lugares seguros, con una correa larga de adiestramiento de, al menos, 10 metros.
  • No lo regañes cuando vaya hacia a ti aunque haya tardado siglos en hacerlo.
  • No le ates de inmediato cuando ha llegado a ti, por el contrario, juega a llamarlo para hacer cosas divertidas. Cuando vayas a atarlo hazlo de forma “disimulada”, premiando con chucherías y caricias su obediencia.
  • El comando de la llamada siempre debe ser el mismo, un día no puedes decirle “ven”, otro “vamos” y al siguiente “aquí”. Elige uno y úsalo siempre, por ejemplo “ven aquí”.

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Si tu shiba es ya adulto, o tienes más diez meses, y ya te ha dado algún “susto”, además de seguir las recomendaciones anteriores, sería necesario conocer a causa específica por la que se escapa, ya que la mayoría de los Shibas tienen tendencia escapista, pero no todos por el mismo motivo. Algunos de los motivos habituales en Shibas jóvenes o adultos, que provocan la escapada:

  • Aburrimiento y deseo de volver a casa o explorar.
  • En caso de machos (sin castrar), hembras en celo en las proximidades. En caso de hembras en celo, pueden escaparse para marcar con orines zonas distantes o, si están en etapa receptiva, para buscar un macho.
  • Por trauma, miedo. Si el perro se siente inseguro, tiene miedo a otros perros y/o personas, de más está decir que puede huir en cualquier momento en que se vea sobrepasado.
  • Hambre o sed. Asegúrate de no pasearlo en ayunas, y de tener agua a mano. Cualquiera de estas dos necesidades pueden motivarlo a volver a casa él solo.
  • Dueño/tutor distraído. Si estás distraído, llevas un rato en la misma zona del parque mirando el móvil, charlando o cualquier otra actividad que estás en todo tu derecho a hacer (cosa que a tu perro le dará igual :P), y no percibes que tu shiba quiere continuar su paseo, se irá por su cuenta. Por lo general estos perros tienen aversión por permanecer en las mismas zonas durante largo rato.
  • Cualquier cosa de interés en el horizonte, en especial pequeños animales como conejos, o pájaros.

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Sabiendo los motivos, se puede dar con la soluciones, si bien aconsejamos acudir a algún curso de conocimientos básicos en adiestramiento, o solicitar el servicio de un profesional (a ser posible conocedor de esta raza).

Si quieres información sin compromiso sobre nuestros servicios de educación canina para shibas, contacta desde aquí, o envíanos un mail a mononoawareshibas@gmail.com.

Por supuesto, también puedes contarnos tus experiencias e inquietudes en los comentarios, a los que responderemos a la mayor brevedad.

¡Gracias por leer!

 

 

Cuidados básicos: el manto y la muda

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Ginga con siete meses, se puede ver la subcapa en la zona del cuello.

El Shiba es un perro de tipo spitz (raza clasificada dentro del grupo “perros tipo spitz y primitivo” por la FCI), esto quiere decir que tiene dos capas de pelo, fáciles de distinguir. Una subcapa de pelo densa, cuya función es (entre otras) proteger del frío en invierno, y una capa de pelo más gruesa, menos suave y generalmente más dura al tacto, que se extiende sobre la subcapa, protegiendo de la suciedad y el agua.

El Shiba muestra su manto en todo su esplendor especialmente en invierno, ya que esta es la estación más fría y, por tanto, en la que mayor volumen de pelo en la subcapa presenta.

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Amaki con todo su manto

Algunos factores ajenos al cambio de estación pueden afectar al manto del Shiba, o hacer que no se desarrolle en volumen, brillo y calidad, como nos gustaría. La longitud, abundancia y calidad del pelo, tienen una base hereditaria tan determinante como los genes para la herencia de la estatura o el desarrollo muscular. Normalmente, un Shiba descendiente de ejemplares con gran volumen de pelo y calidad del mismo, suelen presentar (desde el nacimiento), un pelo denso y suave; por el contrario, ejemplares cuyos padres presentan un pelo corto y escaso, presentarán desde el nacimiento pelo escaso y más bien seco o duro. Algunos Shibas  no presentan subcapa por motivos hereditarios, quizá porque algún ancestro fuera de otra raza no spitz.

Factores relacionados con la temperatura o el clima pueden hacer que el Shiba no desarrolle nunca una subcapa de pelo abundante. Un clima cálido, y el uso constante de la calefacción en el hogar del animal, puede llevar a que no se desarrolle esta subcapa.

26474_PLA_Luposan_Biotin_2Factores relacionados con la alimentación son muy significativos. La carencia de biotina conlleva un pelo quebradizo, y una raíz debilitada, lo que provocará una caída anormal del pelo, tanto de la subcapa como de la capa principal. Una alimentación pobre en nutrientes, el estrés, un estilo de vida sedentario y poco estimulante, y los cambios,  entre otros muchos factores, pueden estropear el manto de nuestro perro. El manto de nuestro perro no solo nos dice si está bien alimentado, también nos da pistas sobre su bienestar psicológico.

El Shiba generalmente muda dos veces al año, en estas dos ocasiones pierde absolutamente todo el “pelo de invierno” (la subcapa de la que hablamos). Cepillarle con una cepillo tradicional suele implicar un trabajo costoso e inútil. Existe una amplia gama de cepillos para perro, sin embargo en el caso del Shiba, cuyo manto no produce enredos, y generalmente se mantiene limpio y saludable durante todo el año, se suele utilizar un cepillo tipo escarpidor (importante adquirir siempre el escarpidor para pelo medio, o largo, de lo contrario cortaremos el pelo en lugar de quitar el pelo muerto).41l43V5YpeL._AC_US218_

Cuando no conocemos este tipo de perros, nos solemos asustar en las primeras mudas, preguntándonos si es normal la cantidad de pelo que está perdiendo. Para poder analizar correctamente la situación tenemos que tener en cuenta lo siguiente:

En la muda se pierde el pelo de la subcapa, pelo suave, de color blancuzco, grisáceo o rojizo, de escaso espesor, y tacto algodonoso. En la muda no debe perderse pelo de la capa superior, duro y áspero, que es rojo, negro, o blanco, según el color de nuestro ejemplar (el Shiba de la poco común variedad “sésamo” tiene en la capa superior pelos tanto rojos como negros). Si nuestro perro está perdiendo pelo duro, de la capa superior, probablemente presente una carencia nutricional, o se encuentre en una situación estresante. Si este pelo lo pierde únicamente en el cepillado, no estamos utilizando el cepillo adecuado y le estamos arrancando o cortando pelo al perro.

En la muda no se producen calvas. El perro pierde volumen, quedándole un pelo más duro, y pegado al cuerpo, al  no encontrarse ya la subcapa densa, pero bajo ningún concepto ha de presentar zonas sin pelo. Si esto se presenta acudiremos al veterinario o al dermatólogo. Puede deberse a una alergia, a irritación por un cepillado demasiado frecuente y fuerte, u otros motivos.

 

Amaki sin y con subcapa

La muda no dura todo el año. Los perros no pierden pelo durante todo el año. Si esto ocurre nuestro perro no está recibiendo la alimentación adecuada, o nunca se le ha liberado de todo el pelo muerto en la muda y por tanto el pelo muerto y el pelo con raíz, se confunden entre ellos. Quizá el perro esté estresado o sometido a cambios de temperatura muy radicales, como por ejemplo aquellos Shibas que pasan  parte del tiempo en casa y parte en el jardín, o finca, bajo las inclemencias del tiempo.

El pelo de la muda no se debe quitar mediante técnicas de arrancado del pelo (stripping o similar), ni tampoco es sencillo quitar el pelo “de una sentada”, no todo el pelo de la subcapa se pierde al mismo tiempo, se va desprendiendo de forma progresiva durante el cambio de estación. Si queremos quitarle todo el pelo muerto a nuestro perro al comienzo de la muda, no podremos, porque no todo el pelo que va a mudar estará desprendido desde el inicio.

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Amaki. Color rojizo del manto “de invierno” en la variedad “black and tan”.

El cepillado en periodos en los que no se produce muda es positivo para mantenerlo limpio, pero un cepillado y bañado excesivo pueden producir desequilibrio del PH de la piel, debilitamiento en el pelo, irritación de la piel y escamación de la misma (a parte de estrés, normalmente al perro no le gusta la peluquería). Dos baños anuales y un cepillado semanal o mensual, son más que suficientes para el Shiba. La frecuencia del cepillado y bañado obviamente estará relacionada con los hábitos de vida del perro, hay que tener presente que la capa de pelo dura del perro unida a la subcapa, hacen que la suciedad y el agua rara vez llegue a la piel, por eso no es ni necesario ni recomendable, bañar a nuestro perro cada vez que se moje o se ensucie de barro; un cepillado para limpiar el pelo y una espuma en seco adecuada, limpiará el pelo sin dañar la piel.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, debido a la densidad de pelo de esta raza en especial cuando la subcapa está presente, si el perro tras el baño no se ha secado correctamente, puede generar hongos en la piel. Al forzar el mojado en el pelo y piel del perro, creamos zonas de humedad idóneas para la proliferación de hongos y/o bacterias. Por otro lado el uso de secadores de pelo y el abuso de peluquería, puede producir pequeñas abrasiones e irritaciones en la piel del perro, que pueden tardar meses en curar, y producir lesiones crónicas.

Los perros, naturalmente, no necesitan peluquería y, por tanto, no están preparados ni lo estarán jamás, para acudir habitualmente a la peluquería, ni para oler a fresa todo el año. Al respecto de las colonias para perros, su uso continuado resultan incómodas y desagradables para ellos, y llaman la atención de otros perros en sus encuentros. El olfato es el principal sentido del perro, el perfume para perros es una interferencia innecesaria.

Recomiendo champús formulados específicamente para respetar el ph del perro, no es problemático utilizar un champú de olor agradable, ni un acondicionador, ni un perfume muy suave de forma puntual, sin embargo, lo ideal es respetar todo lo que nos sea posible su olor natural.

Espero que este artículo haya sido de tu utilidad e interés

¡Gracias por leer!

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Las Navidades y el estómago de nuestros perros

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Ginga 

Se acercan las Navidades. Fechas en las que nuestro hogar se llena de familiares y/o amigos. Fechas en las que comemos más de la cuenta, fechas en las que el perro ansía que se caigan cosillas prohibidas, de esas que, no sabe por qué, su familia no quiere que cate. Los que tienen perro temen que acabe atiborrado, porque la abuela/o está convencida/o de que de toda la vida se le ha dado al perro las sobras del redondo y no ha pasado nada (o un cocido completo, como le pasó a un vecino mío, cuyo perro se fue al otro barrio con el estómago lleno, eso sí). Los sobrinos les tiran patatas fritas porque es muy gracioso, y a no sé quién le da pena la cara del perro (normal, siglos de perfeccionamiento de esas caritas han sido necesarios para calentar nuestro frío corazón), y le deja caer pan y hasta, si le ha dado la suficiente pena, jamón del bueno.

Para el perro que se encuentra en estas circunstancias de lluvia de comida, la felicidad no tiene fin. 

Pidiendo disculpas por adelantado por el tono trágico-cómico, quería escribir esta breve entrada porque después de años compartiendo mi vida con perros, he escuchado historias con diferentes desenlaces en este sentido, y seguro que vosotros también. Tengo amigos que lo pasan muy mal en estas fechas porque han tenido experiencias desastrosas, de tener que ir a urgencias porque al perro le ha causado una obstrucción unos huesos que cazó de la basura, o por un cólico por toda la guarrería que le fueron dando. Otras personas tenemos la suerte de no tener que enfrentarnos a esto, bien porque nuestros familiares están concienciados, bien porque es una familia pequeña y es fácil concienciarlos y controlarlos.

Quiero escribir esto porque tenemos que ser conscientes de que, si no podemos proteger al perro de las visitas, o no se tienen visitas (acto bastante asocial que no recomiendo :-/ ) o dejamos que el perro se quede con sus juguetes, su cama y un conjunto de chuches caninas que sí pueda comer, en una habitación aparte. En la sobremesa, por ejemplo, sin comida de por medio, y si el perro lo desea, podríamos dejarlo disfrutar con la familia (aunque hay perros, en especial como el Shiba, que más que disfrutarlo lo sufren, ya que les sobrepasa el contacto físico, el ruido y la atención que recae sobre ellos).

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A las personas que no tienen perro y que vienen de visita, aunque sean familiares políticos o nuestros propios padres tenemos que dejarles claro los peligros de que les den comida. Podemos incluso dejarles chuches caninas para que le den, si al final dejamos que el perro esté durante la comida o la cena.

Tenemos que ponernos también en el lugar de las personas que vienen a casa, en especial si no tienen perro, es muy probable que no sean conscientes de que están haciendo algo dañino. También ocurre que algunas personas se sienten muy incomodadas por la mirada insistente del perro, o porque se les sube encima (nuestro perro sabe que estamos distraídos y no les importa ser impunemente maleducados), y le dan comida solo para que les dejen en paz. A este respecto insisto: si el perro no puede estar con nosotros en la comida, no pasa nada, él no tiene un calendario y no le va a contar a sus amigos en el parque que en Noche Buena le dejamos en la habitación. Somos muy sentimentales con nuestros perros, cosa que es bonita y que claramente quiere decir que les queremos profundamente, pero en ocasiones nos estamos preocupando por algo que a ellos no les importa.

Aquí dejo mi sermón, si tienes perro: protégelo en estas fechas, de la comida insana, del ruido, del estrés, de intromisiones en su espacio, de que lo cojan en brazos o lo atosiguen (a veces después de las fiestas el perro sufre una tremenda diarrea sin haber comido nada inadecuado, solo por estrés). Si no tienes perro y vas a casa de alguien que sí: no le des comida, o pregúntale a su familia qué puedes darle.

Mil gracias por leer, y ¡hasta la próxima!

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Control de la mordida

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Los cachorros tienen unos dientes especialmente afilados hasta el cambio de dentición. A menudo, su nivel alto de actividad, su tendencia innata a morder, y la ausencia de actividades educativas para que aprenda control de la mordida, pueden dar lugar a pequeños incidentes en los cuales nuestra manos salen mal paradas.

Para enseñarle a nuestro cachorro a controlar la intensidad con la que mordisquea tenemos que aceptar que nos mordisquee. Nuestro perro no es malo porque muerda, morder para ellos es como para nosotros agarrar la cafetera, tocar la ropa que estamos pensando en comprar, o dar la mano. Igual que podemos golpear con las manos, los perros pueden hacer daño, intencionadamente o no, con su boca. Impedir que nuestro perro use su boca, sus dientes, y su mandíbula, es como obligarle a una persona a actuar como si no tuviera manos.

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Haru y Pícara

En mi opinión, algunas razas son más propensas que otras a utilizar sus dientes. En el Shiba, los dientes se utilizan especialmente para indicar, con mucha claridad, su incomodidad, también es habitual en el juego, desde muy pequeño, con gruñidos, marcaje y presa. Podemos ver la predilección por este tipo de juego cuando se encuentran con otro Shiba o con otro perro que comparte este mismo estilo. Como en todo, siempre hay excepciones, y hay individuos que no tienen este tipo de juego.

El cachorro tiene poca capacidad de control, pero de forma natural pueden aprender a identificar si están haciendo daño al morder. Su madre, y compañeros del grupo social (lo que solemos llamar “manada”), así como hermanos, indican al cachorro cuando está usando una fuerza excesiva en la mordida y, por tanto, hace daño. Lo indican con un alarido y, a veces “devolviendo el golpe”. Aunque reciban esta información de sus congéneres, nosotros también debemos hacer sesiones educativas con él, puesto que aplicará la fuerza en la mordida que aplica en los otros perros, y esto es un problema para nosotros. ¿Por qué es problemático para nosotros, por qué no podemos pensar que ya le están enseñando los otros perros y con eso es suficiente? La cosa es bastante más sencilla de lo que parece, los perros están protegidos por una piel más gruesa que la de nuestras manos, y un manto de pelo (especialmente espeso en el Shiba). La misma presión que el cachorro ejerce al jugar con sus hermanos, resulta muy dolorosa para nuestras manos (y ya no os cuento para nuestra cara, si pretendemos dejar que nos dé “besitos” en ella).

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Pícara

 

¿Cómo se enseña control de la mordida? Digamos que lo que estamos enseñando al perro es, en cierta forma, nuestro particular umbral del dolor. Veremos que el perro, (en edad adulta), tiene la capacidad de entender con qué miembros de la familia puede jugar más bruto y apretar más, pueden distinguir entre un ser más vulnerable y otro más fuerte, por eso son capaces de tratar con delicadeza a los niños y a los ancianos; esto es gracias, en gran medida, a las nociones que desarrolla de cachorro.

Para que nuestro cachorro entienda que nuestras manos son frágiles, hay que dejar que conozca nuestras manos. Nuestras manos deben ser fuente de caricias, y seguridad. Nuestras manos no pueden ser fuente de castigo, ni de imposición, es decir, no debemos pegarlo, ni imponerle caricias, abrazos, o agarres.

Sentados en el suelo con nuestro cachorro, dejaremos que nos lama las manos y las mordisquee. No esperaremos a que nos haga realmente daño, cuando consideremos que la presión empieza a ser fuerte, exclamaremos “¡Ay!” lo suficientemente alto y claro para que el cachorro baje la intensidad o retire sus dientes del contacto con nuestra piel (sin provocarle miedo). Cuando lo haga, le diremos “muy bien” suavemente, y lo acariciaremos, y le dejaremos volver a lamernos las manos y mordisquear si lo desea. No le meteremos la mano en la boca, ni le alteraremos excesivamente para que nos muerda. Podemos jugar con las manos enérgicamente si nuestro cachorro tiene control sobre su mordida, si no es así, es mejor posponer este tipo de juego.

Si el cachorro está sobreexcitado, no es el momento para practicar estos ejercicios, será mejor redirigir la mordida a juguetes para tales fines.

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Pícara

En este sentido es importante que asumamos que los perros suelen romper sus juguetes, y que no podemos dejar de darle juguetes porque “no le duran ni dos días”. Es poco habitual que un perro trate los juguetes con delicadeza, y permanezcan como nuevos para siempre. Si el perro es exageradamente destructivo, quizá deberíamos replantearnos si sus tiempos de ocio son adecuados, podría padecer ansiedad.

 

Os dejo un vídeo que espero sea ilustrativo de lo expuesto:

 

Artículos recomendados:

http://www.orbicanes.com/news/925-ensenar-al-cachorro-la-inhibicion-de-la-mordida

http://animaltraining.com.mx/ensena-a-tu-perro-a-controlar-la-fuerza-de-su-mordida/

 

Notas:

  • Encontraréis artículos que relacionan la mordida y la dominancia. Quería dejar mi opinión al respecto, y es que no es positivo ver la educación canina como una lucha de poder. Nuestro perro en general lo que quiere es estar en paz con nosotros, no tiene necesidad de dominarnos  porque sabe que somos su familia y amigos. Si fuera cierto que el perro tiene ese ansia por dominar hasta a nuestra abuela, ¿no hubiera sido complicado pasar juntos todos estos siglos de unión entre el Ser Humano y el perro?
  • Quizá os genere inquietud pensar que si dejamos que nuestro perro mordisquee no vamos a poder impedirlo posteriormente, cuando no queramos que nos mordisquee, ni fuerte, ni flojo. Es normal que pensemos esto, pero creo que si lo volvemos a pensar veremos que en realidad esto no tiene fundamento. No tiene fundamento porque en la educación de nuestro perro le vamos a enseñar, o deberíamos, un código de comunicación. En ese código tenemos la palabra “no” para indicarte que queremos que deje de hacer algo (os dejo un artículo que me gusta mucho al respecto, click aquí). Igual que le decimos a un amigo, conocido, o cualquier persona que no nos apetece [lo que sea] en este momento, también se lo podremos decir a nuestro perro. Por otro lado, el mordisqueo de manos es más una fase de cachorro, que una costumbre inherente al perro.

Espero recibir vuestro feedback, experiencias, y sugerencias, como en anteriores ocasiones 🙂

¡Hasta el próximo artículo!

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Pruebas médicas

En este breve artículo comentaremos las pruebas médicas que creemos necesarias en el Shiba Inu. Que son las siguientes:

  • Luxación de rótula
  • Displasia de cadera
  • Displasia de codos
  • Taras oculares

Por suerte, el Shiba es una raza que goza, por lo general, de muy buena salud. No obstante, los ejemplares para cría deben de estar libres de aquellas enfermedades que se presenten con mayor incidencia en perros, y concretamente en la raza a la que se dedique.

La raza Shiba es una raza primitiva que no ha sido obtenida del cruce intencionado de razas anteriores. Los ejemplares primigenios que se cruzaron para recuperar y preservar la raza, presentaban en muchos casos luxación de rótula, por lo que está especialmente presente esta enfermedad en el Shiba Inu y es importante verificar que no la padecen los ejemplares para cría.

La luxación de rótula puede ser hereditaria, o debida a un traumatismo. Puede no manifestarse y, sin embargo, ser portada por los progenitores; de igual modo, puede manifestarse y/o ser portada por los progenitores, y no heredarlo ningún descendiente. No hay manera de saber si los progenitores la portan o no, por tanto, el hecho de que varias generaciones no la manifiesten, es un buen indicativo de que no portan la enfermedad.

Mientras en el caso de la luxación de rótula, especialmente en un grado leve, es posible que se deba a un traumatismo, la displasia de cadera y la displasia de codos, suele ser de carácter hereditario, aunque factores externos también pueden provocarla, o agravarla.

Factores externos que pueden provocar o agravar una displasia de cadera o codos, serían todas aquellas acciones que provocan que el perro, antes de su desarrollo óseo completo, tenga un desgaste excesivo en sus articulaciones. Por ello, los cachorros no deben hacer ejercicio los primeros meses de vida, y se debe moderar el ejercicio hasta la edad del año. Por supuesto, actividades deportivas exigentes como el Agility, no deben practicarse hasta la edad adulta de forma intensa.

Dado que la displasia también puede portarse sin manifestarse, los criadores debemos dar un periodo de tiempo de garantía.

En cuanto a los exámenes para descartar taras oculares, muy poco habituales en Shibas, es importante hacerlas todos los años para, en caso de presentarse taras hereditarias, retirar a tiempo al ejemplar de la cría.

 

 

Un paso más: titulación en Adiestramiento Profesional

La historia de la humanidad está unida a la historia del perro, aunque ningún perro aparezca como personaje histórico en nuestros libros de estudio, ni vaya a salir en ninguna pregunta de examen.

¿Seríamos los mismos sin ellos? ¿Somos conscientes de todo lo que tendríamos que agradecerles? Probablemente la respuesta sea no a ambas preguntas.

Tanto la selección natural, como la selección artificial (impuesta por nosotros), a dado lugar a perros que nos aman por encima de todo porque, en general, creo que sería imposible soportarnos si su amor no fuera incondicional. Y sí, reciben algo a cambio, cobijo, comida y, si tienen suerte, hasta nuestro afecto y, si tienen un poquito más de suerte todavía, hasta una educación sana, pero eso no quiere decir que no padezcan nuestras miserias en innumerables ocasiones.

Amo a mis perros, pero amar no es garantía de hacer lo correcto, y por ese motivo fundamentalmente, traté de encaminarme a aprender más sobre su comportamiento y sus necesidades. Tampoco querer hacer lo correcto es garantía de no equivocarse, no siempre podemos mantener a los seres a los que queremos libres de nuestros defectos, pero eso no es excusa: debemos darles de lo bueno, lo mejor.

Las razas denominadas primitivas, y en particular las razas asiáticas, no se han visto tan influenciadas por la selección artificial como otras razas (las cuales son el resultado de diferentes cruces que buscaban, en general, una docilidad que los hicieran aptos para las funciones que en cada caso se les quisiera otorgar). Por este motivo suelen presentar un carácter más introvertido, desapegado, desconfiado, independiente, incluso rebelde. Este conjunto de características las hacen distar del perro tal y como lo conocemos (especialmente en Europa en mi opinión), y nos hacen ver a perros como el Shiba, algo a caballo entre un can y un felino. Además, estamos hablando de perros que provienen de países cuya cultura es muy distinta a la europea, por lo que, aún habiéndose producido una cierta selección sobre dichas razas, cabe pensar  que una cultura distinta buscaría cosas distintas a las que buscamos nosotros.

Estos y muchos otros motivos (incluyendo aquellos que todavía desconozco), nos hace encontrarnos con un perro que, teniendo un comportamiento de perro, como no puede ser de otra manera, presenta unas necesidades particulares y una comprensión especial. Esta comprensión cobra especial relevancia en el primer año de vida nuestro perro, por ser una etapa muy sensible al aprendizaje y a la formación del vínculo con su familia. Hay razas en concreto que salen muy mal paradas, como son el chow-chow o el shar pei, muchos de ellos adquiridos por su aspecto, pero finalmente apartados de la vida familiar o directamente dados en adopción.

Por este tipo de perros en particular y por el perro en general, mi labor incipiente como criadora es mucho menos relevante que la labor de educación canina, enfocada a la comprensión y la vinculación con las razas tipo primitivo, y con aquellos canes, sean de la raza que sean, que presenten mayores dificultades para su relación afectiva y social tanto con sus congéneres como con las personas.

Hay razas que no nos lo ponen fácil, hay perros (sean de raza o no), que no nos lo ponen fácil, y no es porque no quieran, es porque contra la naturaleza de lo que somos, no podemos luchar. Pongamoselo fácil nosotros, que podemos.

Y en este contexto creo que la mejor opción de base es la Educación Canina Cognitivo-Emocional, tanto para el perro como para su familia que, estoy convencida, está deseando hacer feliz a su perro.

Pienso esto porque en esta disciplina el perro es tratado como un sujeto que debe ser proactivo en su propia educación, que debe decidir en su propia vida, y que no debe limitarse a cumplir órdenes como un soldado. Y esto no quiere decir que el perro deba hacer lo que quiera, ni que todos los perros nazcan siendo unos santos y seamos nosotros los ineptos que pervertimos esa pureza. Quiere decir, a mi modo de ver, que merecen comprender lo que ocurre en su mundo, y que nos podemos comunicar con ellos de forma inteligente y afectiva, para establecer las pautas de convivencia y para ser felices, tantos de forma individual como conjunta.

Porque hacemos mejor aquello que entendemos, y ellos también.

Todavía me queda mucho por hacer, en primer lugar, poner en orden los conocimientos adquiridos, y conseguir experiencia práctica en ello. Porque esta labor empieza, pero no acaba.

¡Gracias por leer!

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Yolanda Ruiz