Las etapas de desarrollo en el Shiba

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El Shiba es una raza de pequeño tamaño, pero de gran energía. Sus particularidades, su carácter singular, su belleza e incluso su terquedad, hacen del shiba un perro atrayente para muchas personas, y un gran reto.

Los principiantes en esta raza pueden encontrarse perdidos, cuando su cachorro empieza a cambiar y volverse impredecible. Incluso cuando ya hemos tenido otros perros, nos puede parecer que todo lo que supone un shiba, es un mundo nuevo dentro del mundo del perro.

Por este motivo, quería hacer este artículo, enumerando brevemente las etapas por las que pasa un cachorro de shiba en su crecimiento. Son etapas generales, y cada ejemplar como individuo presentará sus propias particularidades, de las cuales hay que estar atento para comprenderlo mejor.

 

Del nacimiento al destete (0-2, 2.5 meses aproximadamente)

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Esta etapa está caracterizada por el apego a su madre, que es fuente de seguridad, alimento, calor, y protección. El cachorro es un pequeño bebé de shiba que estará incómodo y estresado si es separado de su madre. A esta edad se puede realizar algún ejercicio de estimulación temprana, y a partir de los quince días, cuando abran los ojos y empiecen a explorar, podemos empezar a habituarlo a estar en contacto con personas. A medida que empiecen a andar, si hay otros animales, equilibrados y sanos, en casa, podemos dejar que se conozcan.

Las experiencias desagradables que ocurran en esta etapa van a ser importantes para el resto de su vida, y también las experiencias agradables. Por ese motivo, es esencial que las personas que se encarguen de los cuidados del cachorro y su madre, sean delicados, atentos, cariñosos, y respeten el tiempo y el espacio de los cachorros y de su madre.

IMG_8025Lo ideal es que se le ofrezca comida solida a partir del mes y medio, y que sea la propia madre la que realice el destete progresivo. Los cachorros que no han tenido contacto con personas en esta etapa, o ese contacto no ha sido positivo, han estado en un entorno ruidoso o imprevisible, han sido separados de la madre por los motivos que sean, o han recibido una estimulación temprana inadecuada (como por ejemplo manipulado excesivo), pueden presentar problemas en el futuro para confiar en el entorno y las personas.

 

 

Infancia (2-6 meses)

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Habitualmente se entrega a los cachorros a los dos meses, o incluso menos. Lo recomendable para su salud física y psicológica, y la de su madre, es que sean entregados cuando se ha completado el destete. En este punto, la madre no los echará de menos, y el cachorro también podrá afrontar su vida con su nueva familia. Si sus primeros meses de vida han sido una experiencia agradable, deberías tener un cachorro enérgico, con muchas ganas de jugar, y afectuoso. Tenemos que tener en cuenta que el cachorro de Shiba no es tan apegado como el de otras razas, a menudo solo acepta caricias cuando es él quien toma la iniciativa. Son cachorros que tienden a jugar solos, por lo que es importante encontrar la manera de interactuar con ellos, para crear un vínculo afectivo solido. No obstante, no debemos agobiarnos con esta cuestión, pues el propio cachorro se acercará a nosotros, en especial cuando se haya cansado de jugar o esté somnoliento, un buen momento para mostrarle nuestro cariño.

FACE_8318 copia.jpgEn esta etapa, es de vital importancia no invadir su espacio, es decir, dejar que el lugar donde duerme y come sea solo para él. Si nos empeñamos en cogerlo en brazos o acariciarlo en contra de su voluntad, es altamente probable que nos muestre un gran y constante rechazo en cualquier faceta de su vida hasta que vuelva a confiar en nosotros. Las malas experiencias con personas u otros animales las generalizará rápidamente, desarrollando aversión, y posiblemente una fuerte reactividad.

jacksonbaby2Aunque los shibas son muy cuidadosos, romperá cosas como cualquier cachorro, en particular las que dejes por el suelo, ya que no comprenderá porque algunas cosas del suelo son suyas (juguetes) y otras son tuyas (por ejemplo las zapatillas). En esta etapa se recomienda empezar a acudir a un Educador canino si se tiene cualquier confusión o conflicto que en poco tiempo se acrecienta y agrava. Se recomienda también realizar ejercicios de control de mordida, iniciar el preadiestramiento, acudir a grupos de socialización de cachorros, y realizar actividades diversas con el cachorro, tales como juegos de olfato e inteligencia, en las cuales interactuémos con él de forma colaborativa.

Hay que huir de la idea de presentar todo tipo de perros a nuestro cachorro, es mejor que conozca pocos y equilibrados, que muchos e impredecibles o agobiantes. 

 

Adolescencia (6-10 meses)

Entre los seis y los diez meses comienza una etapa en la que observamos a nuestro perro más susceptible, inquieto, envalentonado y con más iniciativa a la hora de explorar, salir, y conocer otros perros. Empieza a alejarse más que de costumbre cuando pasea suelto, y comienza a manifestar comportamientos que antes no  habíamos observado, como conducta de monta, territorialidad, y algunas reacciones desproporcionadas ante otros perros, mostrándose en ocasiones irascible. En esta etapa los machos ya levantan la pata para orinar, o empiezan a hacerlo, y hemos podido observar que otros machos no castrados han cambiado su comportamiento con nuestro shiba; y las hembras, que también empiezan a orinar como marcaje, tienen su primer celo, y parecen menos sociables y juguetonas con perros y personas desconocidas.

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Es una etapa explosiva caracterizada por cierta rebeldía y en la que tendremos la impresión de que nuestro shiba a “desaprendido” todo aquello que le habíamos enseñado desde el momento en que llegó a la familia. Es un buen momento para recuperar la rutina de entrenamiento o, si no la ha tenido, empezar a introducirla poco a poco. En esta etapa tendremos que estar muy pendientes de nuestro shiba, ser cuidadosos con los lugares en los que vamos a soltarle, y observadores. Es especialmente importante evitar conflictos en esta etapa ya que podría desembocar en reactividad. Detectar los comportamientos agonísticos en otros perros es de gran utilidad.

Cambiar las rutas que realizamos normalmente en el paseo, y los lugares que visitamos, así como introducir nuevos juegos y juguetes en la vida de nuestro perro, lo pueden ayudar a mantenerse motivado y a canalizar la energía y estrés producido por los cambios hormonales.

Por supuesto, si alguna situación se escapa de control con frecuencia, o sencillamente se quiere asesoramiento profesional, es mejor acudir a un educador en esta etapa antes de cualquier problema se convierta en algo habitual.

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Joven (10-16 meses)

En esta etapa ya podemos determinar con bastante seguridad el carácter de nuestro shiba, sus preferencias en cuanto a compañía (perros amigos, y enemigos), “manías”, juegos preferidos, etc. Aunque continúan algo hiperactivos, ya no nos sorprenden con comportamientos nunca antes vistos, y más o menos “les vemos venir” en sus “malévolos planes” de escapada, combate, o trastada sorpresa.

Si las anteriores etapas se han desarrollado sin incidentes, nuestro shiba, aunque terco e independiente, estará muy unido a nosotros y entenderá perfectamente lo que le pedimos (otra cosa será que se haga el sordo).

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En esta etapa, si hemos decidido esterilizarlo por motivos de salud u otros motivos de peso, será el momento ideal para hacerlo.

En cuando a educación, si para esta etapa no hemos resuelto los problemas o vicios de comportamiento que hayan surgido, ya estarán bastante consolidados, en especial si ha aprendido a utilizar e gruñido o el marcaje (mordida de baja intensidad) como herramienta para conseguir algún determinado fin, o evitar alguna determinada imposición.

El shiba tiene fama de agresivo por su tendencia a resolver cualquier situación alejando aquello que le atemoriza o molesta gruñendo o marcando, sin embargo, si trabajamos correctamente el origen de esta conducta nuestro shiba será el primero en darse cuenta de que tiene mejores opciones que la agresividad.

 

Adulto (16 meses en adelante)

Es la etapa más estable y tranquila, salvo que nuestro shiba padezca algún tipo de trauma, problemas de salud o/y estrés crónico.

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Hachiko, de Israel Aparicio

En la edad adulta el entendimiento entre nuestro shiba y nosotros debería ser pleno. Los comandos que le hayamos enseñado ya han pasado a formar parte del vocabulario que utilizamos con nuestro perro, y él también sabe cómo hacernos entender lo que necesita y lo que le molesta. Si esto no es así, tanto nosotros como el perro nos sentiremos frustrados en diversas situaciones.

IMG_9502.jpgEn esta etapa podemos tener la sensación de que lo que no hayamos conseguido de nuestro shiba ya no lo podremos conseguir aunque esto, por supuesto, no sea cierto. Nuestro perro probablemente sienta algo similar sino idéntico al tratar de comunicarse con nosotros, y si cuando trata de hacerlo la comunicación no se establece, se rendirá y nos parecerá que “nos ignora” o “va a su bola”. La comunicación y la confianza es importante en cualquier relación. Una mala comunicación en el caso del shiba puede resultar catastrófico y altamente destructor del vínculo afectivo. El shiba tomará las riendas en cualquier contexto si se siente desamparado, y lo hará de forma impetuosa y, si lo cree necesario, muy hostil. Es importante que en todas las etapas anteriores hayamos establecido una rutina de entrenamiento, confianza, una comunicación correcta, y una serie de hábitos que hagamos con gusto, sin estrés, siendo fundamental el paseo.

Un shiba adulto equilibrado es un perro pacífico, sereno, inteligente, y que rehusa cualquier tipo de conflicto en general (salvo que otro perro inicie el conflicto). A pesar de su fama de escapista, si se lo ha entrenado de forma motivadora y flexible, en lugar de rígida y basada en la sumisión, no tendremos que preocuparnos de posibles fugas.

 

Edad anciana (10/12 años en adelante)

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Totoro, 10 años, click aquí para ir a la fuente de la imagen

Es difícil determinar a que edad podemos considerar a nuestro perro como anciano. Uno de los problemas, en mi opinión, de empezar a considerar a nuestro perro como anciano, es que empezamos a ver limitaciones en su actividad física y mental, que quizá todavía no existan o que, de existir, no son pretexto para abandonar las actividades que requieran algún tipo de esfuerzo. Esto no significa que tengamos que obligar a nuestro shiba a hacer ejercicio, solo quiere decir que en esta etapa sigue siendo muy importante mantener la motivación y una correcta estimulación mental y física.

La característica fundamental de la edad anciana es el deterioro acelerado, tanto físico como mental, de nuestro perro. Se vuelve más contemplativo, algo huraño, pierde en cierta medida su carácter autónomo y, a menudo, trata de decirnos con su mirada insistente que algo le molesta o le duele. Empezamos a interpretar que es mejor que los paseos sean cortos para que no se canse, y no le compramos juguetes nuevos porque parece que le da igual. A él le cuesta más hacer algo fuera de la rutina y nosotros no se lo pedimos porque creemos que es una molestia para él, esto es un error.

En esta etapa nuestro ritmo tiene que adaptarse al perro, y dede luego tendremos que tener mucha más paciencia y comprensión. No podremos exigirle como lo haríamos con un perro joven, pero es importante dedicarle tiempo, continuar haciendo paseos en los lugares que le gusten y conocer lugares nuevos, seguir jugando con él, realizando un entrenamiento adaptado, y manteniéndole motivado.

Mantener viva la llama del shiba impetuoso y curioso que hay en él es imprescindible.

 

 

 

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“¿Mi shiba tiene miedo?”

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El miedo es una emoción que nos permite mantenernos a salvo. Nos moviliza tanto para atacar, como para huir, refugiarnos, o ser cautelosos, según las circunstancias. Para los perros es una emoción tan necesaria como para nosotros, y como en nuestro caso, si el miedo se desencadena de forma patológica, resulta limitante, incapacitante, perjudicial.

En multitud de ocasiones perros que responden de forma agresiva a la proximidad de otros perros y/o personas, tienen miedo y recelo, y han aprendido que reaccionar de forma hostil les libra de aquello que les parece una amenaza.

Cuando nuestro perro tiene un comportamiento de este tipo y no sabemos identificar el motivo, pensamos “pero si no tiene ningún trauma, es imposible que tenga miedo”, “a mi perro no le ha pasado nada, ¿por qué actúa así?”, “¡pero si siempre ha estado protegido! ¿por qué tiene miedo?”.

Son muchas las preguntas que nos podemos hacer cuando no tenemos la información suficiente, o/y no sabemos interpretarla. En muchas ocasiones la respuesta la tenemos en la propia pregunta.

En primer lugar, ¿cómo sabemos si nuestro perro tiene miedo?

Un perro con miedo de X, tenderá a alejarse y evitar a X cuando está lo suficientemente lejos para él, y lo atacará, ladrará o tratará de espantar de todas las formas posibles, cuando bajo su percepción se encuentre tan cerca como para representar una amenaza real. En un perro con miedo, ocurre algo similar a lo que nos podría pasar a cualquier de nosotros, cuando estamos asustados o alerta, por muy lejos que esté lo que tememos nos puede parecer demasiado cerca. Es natural que algunos perros ladren o enseñen los dientes aun cuando el detonante (lo que le asusta) está a muchos metros de distancia. ¿Quién es capaz de pensar fríamente si está asustado?

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Ukiyo, de mono no aware, a punto de dormirse.

 

En segundo lugar ¿Por qué tiene miedo?

A veces nos pasamos mucho tiempo dándole vueltas a las causas, pensando que algo concreto ocurrió para que nos esté pasando esto o lo otro. En ocasiones, el problemas es lo que no ha pasado, por ejemplo, los perros adultos que han tenido una infancia pobre de estímulos. Este podría ser el caso de cachorros que han crecido en un chenil con la única compañía de su madre y hermanos, o de perros que han pasado su vida en el mismo jardín sin apenas contacto de otros perros y personas. Cuando un perro, en especial en su infancia, no ha recibido una correcta socialización, habituación a diferentes estímulos, e incluso una correcta estimulación temprana, el mundo real es para él algo extraño y casi amenazante.

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Ukiyo, de Mono no aware, sin temor a nada.

Por supuesto, sus temores han podido tener origen o verse incrementados en uno o varios traumas. Lo que para nosotros puede no tener importancia, para un cachorro que ha crecido en una jaula, chenil o habitación solitaria, puede ser absolutamente extraño y asombroso. Cosas asombrosas como el ruido del televisor, o que un señor llame a la puerta para entregarnos una carta. El problema es que para un cachorro de estas características, el señor extraño puede pasar en un segundo a ser un señor potencialmente peligroso, solo porque habla demasiado alto, o se ha rascado la cabeza.

También es habitual el caso de perros sin aparente problema emocional, alegres y felices, que sufren un ataque de otro perro, o un susto desproporcionado de un extraño, o la caída de un mueble, o cualquier otro incidente, cambiando por completo su carácter. En estos casos, la familia o tutor, siente que “le han cambiado” a su perro. Suelen expresarlo casi todos de la misma manera “desde que le pasó X mi perro es otro”.

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Pícara, de Mono no aware, en brazos de Gonzalo, durmiendo placidamente.

La pregunta crucial ¿Cómo lo puedo solucionar?

Hay múltiples lecturas, seminarios, cursos y profesionales, con técnicas e información útil para poder ayudar a tu perro.

En general, las cosas que implican que se agrave la situación son las siguientes:

  • Aislar al perro, mantenerlo lejos del detonante (lo que provoca el temor)
  • Acercarlo constantemente al detonante “para que se acostumbre”
  • Acudir a un profesional al que pagarle para que se lleve al perro, y te lo devuelva “como nuevo”, sin saber qué técnica utiliza
  • Aplicar rápidamente todo lo que leemos, nos aconsejan, o nos dicen, sin pararnos a analizarlo
  • Pensar que “se curará con el tiempo”
  • Actuar como si no tuviera un problema, por ejemplo, soltar a nuestro perro en un espacio canino sabiendo que tiene miedo a otros perros y que se pelea con algunos.

 

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Pícara y Ukiyo, de Mono no aware, reclamando mimos.

Cosas que pueden mejorar la situación:

  • Transmitirle seguridad
  • Entrenar con él a través de actividades motivadoras
  • Entrenar la obediencia de forma motivadora
  • Acudir a un profesional amable, que empatice contigo y con tu perro y tenga experiencia
  • Acudir a seminarios, cursos y lecturas fundamentados, sobre el tema en cuestión, huyendo de las respuestas fáciles y las soluciones milagrosas.
  • Tener fe en tu perro y en su capacidad para superarse
  • No iniciar ningún plan de adiestramiento sin sentirse convencido

 

El shiba con miedo

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Foto de autoría externa. Click en la imagen para ir a la fuente.

 

En este artículo he hablado de “el perro”, ya que a grandes rasgos, es aplicable lo comentado a cualquier perro. No obstante, me parece importante y esencial notar que cada perro como individuo presenta una serie de matices en su comportamiento y en su forma de procesar lo que acontece. Así mismo, el shiba tiene una respuesta muy similar ante la incomodidad, el temor, la desconfianza, el cansancio y cualquier situación que lo desborde emocionalmente. Su respuesta (en casos graves), en general, es la siguiente:

  • Huida: escapar cuanto antes a un lugar seguro, por ejemplo saliendo de la casa si cree que te vas sin él, o yéndose del parque.
  • Agresividad: respuesta hostil, ofensiva, hacia el detonante, si considera que va a ser dañado o molestado. Por ejemplo ante los niños, si es manipulado contra su voluntad.
  • Depresión: tristeza, abatimiento y falta de apetito, si no se siente comprendido y/o se ve expuesto de forma cotidiana a la situación desagradable. Por ejemplo, malas experiencias en el espacio canino, y lo llevamos a diario.
  • Indefensión aprendida: en ocasiones pueden permanecer inmóviles y ausentes ante lo que temen. Esto se da cuando han aprendido que actuando no consiguen nada. Pueden llegar hasta el punto de caer rendidos en cuanto vuelven al lugar seguro, solo por el agotamiento mental, esto produce en ocasiones que los tutores crean que el perro ha mejorado cuando en realidad está “atrapado” dentro de sí mismo. Por ejemplo, cuando tienen miedo al tráfico pero siguen paseando en zonas con afluencia de coches.

Espero que os haya sido útil este artículo, si quieres solicitar información sobre nuestros servicios de educación canina rellena el formulario por favor.

¡Hasta la próxima!

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Socialización de cachorros, primeros paseos

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INTRODUCCION

El concepto de socialización es bastante amplio, a veces lo reducimos al hecho de que nuestro perro se encuentre con otros perros, cuantos más mejor y sea como sea. A veces, el mero hecho de llevarle a espacios concurridos, llenos de perros, lo consideramos socializar.

En realidad, si trasladamos algunas situaciones a nuestra propia vida, podríamos ver claramente si nuestro perro está socializando o no y si, de hacerlo, lo está haciendo bien.

Vamos a ver algunas situaciones en las que nos podemos encontrar:

Imaginemos que llevamos a nuestro cachorro a un espacio canino lleno de perros, él entra, olisquea, los observa, y se queda cerca nuestro, si le tiramos un palo va a por él y lo mordisquea. Algún perro se acerca y se va.

¿Está socializando?

Nuestro cachorro, por el contrario, entra en el espacio canino y salta sobre la cara del resto de perros, lamiéndoles.

¿Está socializando? ¿Es una forma correcta de hacerlo?

Entra al parque y los perros que allí hay le rodean y le olisquean, él se sienta y empieza a lloriquear, alguien se nos acerca y nos dice “¡No te preocupes, está aprendiendo!”

¿Qué está aprendiendo? ¿está socializando? ¿es una forma correcta de hacerlo?

Al día siguiente no volvemos al mismo lugar, nos vamos a otro parque, para que conozca otros perros, y vamos en distintos horarios, y vamos cuando más perros hay; además vamos a quedarnos un par de horitas, para que se canse.

Mismas preguntas.

En nuestro afán de socializar seguimos con la regla del “cuantos más mejor”, y aumentando exponencialmente la probabilidad de encontrarnos con un perro desequilibrado, o/y con pocas ganas de que un cachorro se le suba a la cara. Y un día “a nuestro cachorro le ha marcado otro perro, sin avisar”.

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¿A qué conclusiones llegamos?

Con esto no pretendo dar lecciones a nadie, pues yo también he estado en la situación de pasear con mi cachorro durante horas “a la caza de otros perros para socializar”, sino de observar el porqué a veces no se hace correctamente la socialización y primeros paseos del cachorro, cuando creemos que sí.

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CONCLUSIONES

Si vamos a un bar y nos tomamos algo en la barra rodeados de gente, sin mediar palabra, está claro que no socializamos. Si entramos saludando a cualquiera que nos mire, como si fuera nuestro amigo de toda la vida, estamos socializando como mínimo lo suficientemente mal como para que huyan de nosotros. Si tenemos nuestro bar/cafetería/lo que se quiera preferido, donde vamos con nuestro grupo de amigos habitual, y se nos impone ir a otro nuevo, y luego a otro nuevo, y luego a otro nuevo, y conocer a gente nueva, porque “hay que conocer gente nueva y tener amigos en todos lados”, acabaremos teniendo muchos conocidos, y pocos o ningunos amigos, con lo cual, sabremos muy bien hacer conocidos, pero no amistades.

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Con los perros pasa más o menos igual, y con los cachorros hay que añadir el hecho de que en sus primeros paseos, todo es nuevo (¡hasta los humanos con los que convive, hace un  mes que los conoce!), y durante el primer año de vida van pasando por diferente fases que pueden desestabilizarles.

Socializar es comprender y comunicarse correctamente con otros perros y personas, de forma coherente con cada situación. Para que el cachorro lo haga adecuadamente necesita seguir una progresión, donde nosotros seamos una constante que le aporte seguridad. Las personas conocidas y desconocidas deben ser delicadas con el cachorro, y se le debe dar la opción de explorar y conocer otros perros de forma gradual. Conocer en primer lugar su entorno, ampliando su propio “mapa mental” poco a poco, y los perros que lo integran (y esto no es únicamente verlos y jugar con ellos, esto es olerlos, oler sus orines y sus heces, los lugares por los que han pasado, etc), es una forma correcta de hacerlo. Aprender a pasear con correa, a acercarse de forma calmada a otros perros, aprender a acudir a la llamada, y dejarle elegir sus propias amistades, aporta seguridad y tranquilidad, sienta las bases de su equilibrio emocional y le permitirá entender mejor el mundo que le rodea y a sus integrantes.

Los paseos de horas, las multitudes desconocidas, pasar a un lugar nuevo sin haber conocido lo suficiente el anterior, dejar que personas desconocidas lo acaricien, forzarle a saludar, etc, sienta las bases para el desequilibro emocional y el estrés crónico. Debemos huir del “cuánto más mejor”, y no tener prisa. Afianzar un paso para dar el siguiente, construir nuestro vínculo con nuestro perro, y dejarle construirlo con otros, cachorros y adultos, que le enseñarán las lecciones más valiosas.

Nuestro cachorro nos va a mostrar sus preferencias, sus puntos fuertes y sus puntos flacos, sus temores, y sus fortalezas, si le damos tiempo para hacerlo. No tengamos prisa, el mero hecho de tener la voluntad de socializar a nuestro cachorro y el deseo de que pase horas fuera y se divierta, ya es algo muy positivo. Además, si nuestro cachorro es un Shiba, tengamos en cuenta que es probable que tenga una mezcla explosiva de impulsividad e intromisión, que lo hará imprevisible tanto para nosotros como para otros perros en muchas ocasiones, hasta que conozcamos a nuestro Shiba como individuo, sus propias tendencias y “perronalidad”.

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CONSEJOS GENERALES

  • En su vida de cachorro, aumentar gradualmente el tiempo del paseo, y las distancias.
  • Enseñar al perro a ir de la correa de forma tranquila, sin tirar.
  • Enseñar al perro a acudir a la llamada haciéndonos interesantes para él, no llamarle únicamente cuando le vamos a atar.
  • No cogerle en brazos cada vez que otro perro le gruña, no regañarle si es él el que gruñe, ni dejarle solo. El gruñido es solo otra expresión más, si tienes que llevártelo, hazlo con suavidad, a ser posible con la llamada u otro “comando”.
  • No perderlo de vista.
  • En Shibas, nunca creas que tu perro no se va a escapar. Ten una cuerda de aproximadamente dos o tres metros atada a su arnés si todavía no le has enseñado la llamada. Mantente alerta si tu Shiba mira al horizonte y no interactúa contigo ni con otros perros.

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OTRAS LECTURAS Y SERVICIOS

  • Os dejo un artículo mucho más completo de otra educadora canina: https://pateducadoracanina.com/socializacion-cachorro/
  • Os recomiendo el curso para cachorros, y el curso para perros jóvenes de Educan: http://www.adiestramientoeducan.com/madrid
  • Si quieres solicitar servicios específicos para la educación de tu Shiba adulto o cachorro (o cualquier otro perro de raza primitiva o mix de raza primitiva) infórmate y ponte en contacto con nosotros desde aquí: https://shibainumadrid.com/servicios-de-educacion-canina/
  • Para otras razas/mestizos envíanos un mail a: mononoawareshibas@gmail.com

¡Gracias por leer!

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Cuidados básicos: el manto y la muda

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Ginga con siete meses, se puede ver la subcapa en la zona del cuello.

El Shiba es un perro de tipo spitz (raza clasificada dentro del grupo “perros tipo spitz y primitivo” por la FCI), esto quiere decir que tiene dos capas de pelo, fáciles de distinguir. Una subcapa de pelo densa, cuya función es (entre otras) proteger del frío en invierno, y una capa de pelo más gruesa, menos suave y generalmente más dura al tacto, que se extiende sobre la subcapa, protegiendo de la suciedad y el agua.

El Shiba muestra su manto en todo su esplendor especialmente en invierno, ya que esta es la estación más fría y, por tanto, en la que mayor volumen de pelo en la subcapa presenta.

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Amaki con todo su manto

Algunos factores ajenos al cambio de estación pueden afectar al manto del Shiba, o hacer que no se desarrolle en volumen, brillo y calidad, como nos gustaría. La longitud, abundancia y calidad del pelo, tienen una base hereditaria tan determinante como los genes para la herencia de la estatura o el desarrollo muscular. Normalmente, un Shiba descendiente de ejemplares con gran volumen de pelo y calidad del mismo, suelen presentar (desde el nacimiento), un pelo denso y suave; por el contrario, ejemplares cuyos padres presentan un pelo corto y escaso, presentarán desde el nacimiento pelo escaso y más bien seco o duro. Algunos Shibas  no presentan subcapa por motivos hereditarios, quizá porque algún ancestro fuera de otra raza no spitz.

Factores relacionados con la temperatura o el clima pueden hacer que el Shiba no desarrolle nunca una subcapa de pelo abundante. Un clima cálido, y el uso constante de la calefacción en el hogar del animal, puede llevar a que no se desarrolle esta subcapa.

26474_PLA_Luposan_Biotin_2Factores relacionados con la alimentación son muy significativos. La carencia de biotina conlleva un pelo quebradizo, y una raíz debilitada, lo que provocará una caída anormal del pelo, tanto de la subcapa como de la capa principal. Una alimentación pobre en nutrientes, el estrés, un estilo de vida sedentario y poco estimulante, y los cambios,  entre otros muchos factores, pueden estropear el manto de nuestro perro. El manto de nuestro perro no solo nos dice si está bien alimentado, también nos da pistas sobre su bienestar psicológico.

El Shiba generalmente muda dos veces al año, en estas dos ocasiones pierde absolutamente todo el “pelo de invierno” (la subcapa de la que hablamos). Cepillarle con una cepillo tradicional suele implicar un trabajo costoso e inútil. Existe una amplia gama de cepillos para perro, sin embargo en el caso del Shiba, cuyo manto no produce enredos, y generalmente se mantiene limpio y saludable durante todo el año, se suele utilizar un cepillo tipo escarpidor (importante adquirir siempre el escarpidor para pelo medio, o largo, de lo contrario cortaremos el pelo en lugar de quitar el pelo muerto).41l43V5YpeL._AC_US218_

Cuando no conocemos este tipo de perros, nos solemos asustar en las primeras mudas, preguntándonos si es normal la cantidad de pelo que está perdiendo. Para poder analizar correctamente la situación tenemos que tener en cuenta lo siguiente:

En la muda se pierde el pelo de la subcapa, pelo suave, de color blancuzco, grisáceo o rojizo, de escaso espesor, y tacto algodonoso. En la muda no debe perderse pelo de la capa superior, duro y áspero, que es rojo, negro, o blanco, según el color de nuestro ejemplar (el Shiba de la poco común variedad “sésamo” tiene en la capa superior pelos tanto rojos como negros). Si nuestro perro está perdiendo pelo duro, de la capa superior, probablemente presente una carencia nutricional, o se encuentre en una situación estresante. Si este pelo lo pierde únicamente en el cepillado, no estamos utilizando el cepillo adecuado y le estamos arrancando o cortando pelo al perro.

En la muda no se producen calvas. El perro pierde volumen, quedándole un pelo más duro, y pegado al cuerpo, al  no encontrarse ya la subcapa densa, pero bajo ningún concepto ha de presentar zonas sin pelo. Si esto se presenta acudiremos al veterinario o al dermatólogo. Puede deberse a una alergia, a irritación por un cepillado demasiado frecuente y fuerte, u otros motivos.

 

Amaki sin y con subcapa

La muda no dura todo el año. Los perros no pierden pelo durante todo el año. Si esto ocurre nuestro perro no está recibiendo la alimentación adecuada, o nunca se le ha liberado de todo el pelo muerto en la muda y por tanto el pelo muerto y el pelo con raíz, se confunden entre ellos. Quizá el perro esté estresado o sometido a cambios de temperatura muy radicales, como por ejemplo aquellos Shibas que pasan  parte del tiempo en casa y parte en el jardín, o finca, bajo las inclemencias del tiempo.

El pelo de la muda no se debe quitar mediante técnicas de arrancado del pelo (stripping o similar), ni tampoco es sencillo quitar el pelo “de una sentada”, no todo el pelo de la subcapa se pierde al mismo tiempo, se va desprendiendo de forma progresiva durante el cambio de estación. Si queremos quitarle todo el pelo muerto a nuestro perro al comienzo de la muda, no podremos, porque no todo el pelo que va a mudar estará desprendido desde el inicio.

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Amaki. Color rojizo del manto “de invierno” en la variedad “black and tan”.

El cepillado en periodos en los que no se produce muda es positivo para mantenerlo limpio, pero un cepillado y bañado excesivo pueden producir desequilibrio del PH de la piel, debilitamiento en el pelo, irritación de la piel y escamación de la misma (a parte de estrés, normalmente al perro no le gusta la peluquería). Dos baños anuales y un cepillado semanal o mensual, son más que suficientes para el Shiba. La frecuencia del cepillado y bañado obviamente estará relacionada con los hábitos de vida del perro, hay que tener presente que la capa de pelo dura del perro unida a la subcapa, hacen que la suciedad y el agua rara vez llegue a la piel, por eso no es ni necesario ni recomendable, bañar a nuestro perro cada vez que se moje o se ensucie de barro; un cepillado para limpiar el pelo y una espuma en seco adecuada, limpiará el pelo sin dañar la piel.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, debido a la densidad de pelo de esta raza en especial cuando la subcapa está presente, si el perro tras el baño no se ha secado correctamente, puede generar hongos en la piel. Al forzar el mojado en el pelo y piel del perro, creamos zonas de humedad idóneas para la proliferación de hongos y/o bacterias. Por otro lado el uso de secadores de pelo y el abuso de peluquería, puede producir pequeñas abrasiones e irritaciones en la piel del perro, que pueden tardar meses en curar, y producir lesiones crónicas.

Los perros, naturalmente, no necesitan peluquería y, por tanto, no están preparados ni lo estarán jamás, para acudir habitualmente a la peluquería, ni para oler a fresa todo el año. Al respecto de las colonias para perros, su uso continuado resultan incómodas y desagradables para ellos, y llaman la atención de otros perros en sus encuentros. El olfato es el principal sentido del perro, el perfume para perros es una interferencia innecesaria.

Recomiendo champús formulados específicamente para respetar el ph del perro, no es problemático utilizar un champú de olor agradable, ni un acondicionador, ni un perfume muy suave de forma puntual, sin embargo, lo ideal es respetar todo lo que nos sea posible su olor natural.

Espero que este artículo haya sido de tu utilidad e interés

¡Gracias por leer!

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Las Navidades y el estómago de nuestros perros

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Ginga 

Se acercan las Navidades. Fechas en las que nuestro hogar se llena de familiares y/o amigos. Fechas en las que comemos más de la cuenta, fechas en las que el perro ansía que se caigan cosillas prohibidas, de esas que, no sabe por qué, su familia no quiere que cate. Los que tienen perro temen que acabe atiborrado, porque la abuela/o está convencida/o de que de toda la vida se le ha dado al perro las sobras del redondo y no ha pasado nada (o un cocido completo, como le pasó a un vecino mío, cuyo perro se fue al otro barrio con el estómago lleno, eso sí). Los sobrinos les tiran patatas fritas porque es muy gracioso, y a no sé quién le da pena la cara del perro (normal, siglos de perfeccionamiento de esas caritas han sido necesarios para calentar nuestro frío corazón), y le deja caer pan y hasta, si le ha dado la suficiente pena, jamón del bueno.

Para el perro que se encuentra en estas circunstancias de lluvia de comida, la felicidad no tiene fin. 

Pidiendo disculpas por adelantado por el tono trágico-cómico, quería escribir esta breve entrada porque después de años compartiendo mi vida con perros, he escuchado historias con diferentes desenlaces en este sentido, y seguro que vosotros también. Tengo amigos que lo pasan muy mal en estas fechas porque han tenido experiencias desastrosas, de tener que ir a urgencias porque al perro le ha causado una obstrucción unos huesos que cazó de la basura, o por un cólico por toda la guarrería que le fueron dando. Otras personas tenemos la suerte de no tener que enfrentarnos a esto, bien porque nuestros familiares están concienciados, bien porque es una familia pequeña y es fácil concienciarlos y controlarlos.

Quiero escribir esto porque tenemos que ser conscientes de que, si no podemos proteger al perro de las visitas, o no se tienen visitas (acto bastante asocial que no recomiendo :-/ ) o dejamos que el perro se quede con sus juguetes, su cama y un conjunto de chuches caninas que sí pueda comer, en una habitación aparte. En la sobremesa, por ejemplo, sin comida de por medio, y si el perro lo desea, podríamos dejarlo disfrutar con la familia (aunque hay perros, en especial como el Shiba, que más que disfrutarlo lo sufren, ya que les sobrepasa el contacto físico, el ruido y la atención que recae sobre ellos).

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A las personas que no tienen perro y que vienen de visita, aunque sean familiares políticos o nuestros propios padres tenemos que dejarles claro los peligros de que les den comida. Podemos incluso dejarles chuches caninas para que le den, si al final dejamos que el perro esté durante la comida o la cena.

Tenemos que ponernos también en el lugar de las personas que vienen a casa, en especial si no tienen perro, es muy probable que no sean conscientes de que están haciendo algo dañino. También ocurre que algunas personas se sienten muy incomodadas por la mirada insistente del perro, o porque se les sube encima (nuestro perro sabe que estamos distraídos y no les importa ser impunemente maleducados), y le dan comida solo para que les dejen en paz. A este respecto insisto: si el perro no puede estar con nosotros en la comida, no pasa nada, él no tiene un calendario y no le va a contar a sus amigos en el parque que en Noche Buena le dejamos en la habitación. Somos muy sentimentales con nuestros perros, cosa que es bonita y que claramente quiere decir que les queremos profundamente, pero en ocasiones nos estamos preocupando por algo que a ellos no les importa.

Aquí dejo mi sermón, si tienes perro: protégelo en estas fechas, de la comida insana, del ruido, del estrés, de intromisiones en su espacio, de que lo cojan en brazos o lo atosiguen (a veces después de las fiestas el perro sufre una tremenda diarrea sin haber comido nada inadecuado, solo por estrés). Si no tienes perro y vas a casa de alguien que sí: no le des comida, o pregúntale a su familia qué puedes darle.

Mil gracias por leer, y ¡hasta la próxima!

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Control de la mordida

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Los cachorros tienen unos dientes especialmente afilados hasta el cambio de dentición. A menudo, su nivel alto de actividad, su tendencia innata a morder, y la ausencia de actividades educativas para que aprenda control de la mordida, pueden dar lugar a pequeños incidentes en los cuales nuestra manos salen mal paradas.

Para enseñarle a nuestro cachorro a controlar la intensidad con la que mordisquea tenemos que aceptar que nos mordisquee. Nuestro perro no es malo porque muerda, morder para ellos es como para nosotros agarrar la cafetera, tocar la ropa que estamos pensando en comprar, o dar la mano. Igual que podemos golpear con las manos, los perros pueden hacer daño, intencionadamente o no, con su boca. Impedir que nuestro perro use su boca, sus dientes, y su mandíbula, es como obligarle a una persona a actuar como si no tuviera manos.

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Haru y Pícara

En mi opinión, algunas razas son más propensas que otras a utilizar sus dientes. En el Shiba, los dientes se utilizan especialmente para indicar, con mucha claridad, su incomodidad, también es habitual en el juego, desde muy pequeño, con gruñidos, marcaje y presa. Podemos ver la predilección por este tipo de juego cuando se encuentran con otro Shiba o con otro perro que comparte este mismo estilo. Como en todo, siempre hay excepciones, y hay individuos que no tienen este tipo de juego.

El cachorro tiene poca capacidad de control, pero de forma natural pueden aprender a identificar si están haciendo daño al morder. Su madre, y compañeros del grupo social (lo que solemos llamar “manada”), así como hermanos, indican al cachorro cuando está usando una fuerza excesiva en la mordida y, por tanto, hace daño. Lo indican con un alarido y, a veces “devolviendo el golpe”. Aunque reciban esta información de sus congéneres, nosotros también debemos hacer sesiones educativas con él, puesto que aplicará la fuerza en la mordida que aplica en los otros perros, y esto es un problema para nosotros. ¿Por qué es problemático para nosotros, por qué no podemos pensar que ya le están enseñando los otros perros y con eso es suficiente? La cosa es bastante más sencilla de lo que parece, los perros están protegidos por una piel más gruesa que la de nuestras manos, y un manto de pelo (especialmente espeso en el Shiba). La misma presión que el cachorro ejerce al jugar con sus hermanos, resulta muy dolorosa para nuestras manos (y ya no os cuento para nuestra cara, si pretendemos dejar que nos dé “besitos” en ella).

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Pícara

 

¿Cómo se enseña control de la mordida? Digamos que lo que estamos enseñando al perro es, en cierta forma, nuestro particular umbral del dolor. Veremos que el perro, (en edad adulta), tiene la capacidad de entender con qué miembros de la familia puede jugar más bruto y apretar más, pueden distinguir entre un ser más vulnerable y otro más fuerte, por eso son capaces de tratar con delicadeza a los niños y a los ancianos; esto es gracias, en gran medida, a las nociones que desarrolla de cachorro.

Para que nuestro cachorro entienda que nuestras manos son frágiles, hay que dejar que conozca nuestras manos. Nuestras manos deben ser fuente de caricias, y seguridad. Nuestras manos no pueden ser fuente de castigo, ni de imposición, es decir, no debemos pegarlo, ni imponerle caricias, abrazos, o agarres.

Sentados en el suelo con nuestro cachorro, dejaremos que nos lama las manos y las mordisquee. No esperaremos a que nos haga realmente daño, cuando consideremos que la presión empieza a ser fuerte, exclamaremos “¡Ay!” lo suficientemente alto y claro para que el cachorro baje la intensidad o retire sus dientes del contacto con nuestra piel (sin provocarle miedo). Cuando lo haga, le diremos “muy bien” suavemente, y lo acariciaremos, y le dejaremos volver a lamernos las manos y mordisquear si lo desea. No le meteremos la mano en la boca, ni le alteraremos excesivamente para que nos muerda. Podemos jugar con las manos enérgicamente si nuestro cachorro tiene control sobre su mordida, si no es así, es mejor posponer este tipo de juego.

Si el cachorro está sobreexcitado, no es el momento para practicar estos ejercicios, será mejor redirigir la mordida a juguetes para tales fines.

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Pícara

En este sentido es importante que asumamos que los perros suelen romper sus juguetes, y que no podemos dejar de darle juguetes porque “no le duran ni dos días”. Es poco habitual que un perro trate los juguetes con delicadeza, y permanezcan como nuevos para siempre. Si el perro es exageradamente destructivo, quizá deberíamos replantearnos si sus tiempos de ocio son adecuados, podría padecer ansiedad.

 

Os dejo un vídeo que espero sea ilustrativo de lo expuesto:

 

Artículos recomendados:

http://www.orbicanes.com/news/925-ensenar-al-cachorro-la-inhibicion-de-la-mordida

http://animaltraining.com.mx/ensena-a-tu-perro-a-controlar-la-fuerza-de-su-mordida/

 

Notas:

  • Encontraréis artículos que relacionan la mordida y la dominancia. Quería dejar mi opinión al respecto, y es que no es positivo ver la educación canina como una lucha de poder. Nuestro perro en general lo que quiere es estar en paz con nosotros, no tiene necesidad de dominarnos  porque sabe que somos su familia y amigos. Si fuera cierto que el perro tiene ese ansia por dominar hasta a nuestra abuela, ¿no hubiera sido complicado pasar juntos todos estos siglos de unión entre el Ser Humano y el perro?
  • Quizá os genere inquietud pensar que si dejamos que nuestro perro mordisquee no vamos a poder impedirlo posteriormente, cuando no queramos que nos mordisquee, ni fuerte, ni flojo. Es normal que pensemos esto, pero creo que si lo volvemos a pensar veremos que en realidad esto no tiene fundamento. No tiene fundamento porque en la educación de nuestro perro le vamos a enseñar, o deberíamos, un código de comunicación. En ese código tenemos la palabra “no” para indicarte que queremos que deje de hacer algo (os dejo un artículo que me gusta mucho al respecto, click aquí). Igual que le decimos a un amigo, conocido, o cualquier persona que no nos apetece [lo que sea] en este momento, también se lo podremos decir a nuestro perro. Por otro lado, el mordisqueo de manos es más una fase de cachorro, que una costumbre inherente al perro.

Espero recibir vuestro feedback, experiencias, y sugerencias, como en anteriores ocasiones 🙂

¡Hasta el próximo artículo!

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