¡Al agua shibas!

 

Muchos de nosotros queremos que nuestros perros se bañen en el río, lago, playa, incluso en nuestra piscina. Es raro ver a un shiba arrojarse al agua, salir y entrar plácidamente. Lo más habitual es que se muestre receloso y, a lo sumo, que entre y chapotee.

En muchas ocasiones nos dirán que “los perros saben nadar”, y que por eso “ningún perros se ahoga”. Los perros, en general, saben mantenerse a flote, pero si no han aprendido a nadar, se mueven de forma abrupta, arrítmica, se angustian y salen sofocados del agua, aunque existen razas que tienen una destreza particular para nadar sin que nadie les enseñe.

En el caso del Shiba, salvo si ha sido habituado desde cachorro, el agua le producirá desconfianza, lo cual no le impedirá aproximarse y darle una oportunidad, dado su carácter aventurero y su natural valentía.

Es importante tener en cuenta que no van a reaccionar igual en cualquier forma de presentarse el agua. En ocasiones hay quien piensa que su perro va a responder bien en la ducha, porque le gusta mucho meterse en ríos o charcos; no tiene nada que ver. A continuación, paso a comentar la reacción habitual del shiba (y probablemente de muchos perros), en diferentes contextos en los que está presente el agua:

El momento del baño

Circulan por la red vídeos de shibas en el baño, relajándose mientras los enjabonan. También shibas dando gritos como si el champú fuera una condena a muerte. Por lo general, les resulta desagradable y huyen del baño. Esto se produce aunque adoren los charcos o los ríos. ¿Por qué ocurre? Normalmente nuestro perro acude a su primer baño ignorando por completo lo que va a ocurrir; de forma repentina se ven introducidos en la ducha/bañera, y el agua cae a chorro desde una especie de serpiente metálica y, para colmo, no les dejamos salir. La primera experiencia con el baño suele ser traumática y condiciona todas las demás. Para evitar esto, sería lo mejor realizar un proceso para positivizar el baño, y los elementos que vayamos a utilizar en el mismo.

Río, embalses, y agua en calma

IMG_3243.jpgNormalmente en estas circunstancias, el shiba se acerca progresivamente a explorar siempre que no sea obligado. Si puede adentrarse en el agua sin dejar de hacer pie, es muy probable que acabe jugando, e incluso vaya detrás de un palito o cualquier otra cosa que arrojes en las proximidades. Aquí tenéis un vídeo de una sesión con Haku. Como se puede ver en el vídeo, hay que dar tiempo y espacio e introducir juegos si es posible, para que pierda el miedo y se atreva a zambullirse; aunque en el vídeo todo ocurre muy rápido, fue necesario mucho más tiempo.

“¡Dios mío, no hago pie!”

En lugares en los que, para mojarse, no le queda otro remedio que sumergirse por completo, es casi seguro que no se molestará en acercarse (salvo que haya sido entrenado y sepa nadar). En caso de que nosotros estemos dentro, podríamos tomarlo en brazos y ayudarle a perder el miedo. Es muy recomendable utilizar un chaleco salvavidas, ya que lo que les resulta más inquietante es comenzar a hundirse en cuanto dejamos de sostenerlos. Esta entrada de wikihow muestra los pasos a seguir para enseñar al perro a nadar (en inglés).

La playa

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Haru, de nuestra cliente Patricia, en la playa

Los perros que han superado la prueba de fuego en lugares como pantanos, ríos, etc, sin embargo pueden mostrar un comportamiento totalmente distinto respecto al mar. Los shibas en particular son animales sumamente cautelosos en cuanto a su integridad física y cualquier cosa que se salga de lo que conocen. El mar supone diferencias notables a sus ojos (y olfato), entre ellas le resulta imprevisible y poco seguro por encontrarse el agua en movimiento. El shiba además presenta otro problema, al ser pequeño, las corrientes lo mueven con facilidad. Si lo dejamos tranquilo y sin agobios es muy probable que acabe jugando en la orilla, sobre todo cavando en la arena. En las imágenes, Balrog en sus primeras aproximaciones al mar.

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La piscina

Resulta especialmente improbable que un shiba se tire a la piscina. La piscina es un lugar donde el perro parece no tener claro si estamos en problemas o no. En ocasiones estamos en la piscina gritando y riendo, y nuestro perro empieza a dar rodeos nervioso. Además, las piscinas generalmente no cuentan con una rampa de acceso, así que el perro no tiene por dónde entrar de forma progresiva. Aún cuando le enseñes a nadar en la piscina, es poco probable que se atreva a entrar por sí solo. Para que la experiencia en la piscina fuera positiva, necesitaría una rampa, y mucha calma. Rara vez se acercará si estamos dentro haciendo aguadillas o dando chillidos. Si se hace bien, puede que el perro se acerque por sí mismo para que lo cojamos en brazos y nade con nosotros. En las imágenes, Ukiyo de Mono no aware, cogiendo chuches al borde de la piscina en el proceso de positivización.

 

La lluvia

27747606_2048399488751021_1263368040042677332_o.jpgResulta obvio la diferencia entre la lluvia y las anteriores situaciones. Curiosamente, la lluvia es para muchos shibas activante, en especial cuando se presenta en una zona de césped. En general no les supone ningún problema, y rehusarán ponerse un chubasquero. Cuestión diferente es si el shiba tiene la lluvia asociada a la tormenta, y por una falta de habituación o por un trauma, esto le causa temor. En la foto, Pícara, nacida en nuestra casa, no parece nada incómoda con su impermeable.

Los charcos y el lodo

Cualquier perro puede rebozarse en un charco de lodo o barro, en general parece ser que los shibas eligen rebozarse con mayor frecuencia en heces, o animales muertos. Cuando nuestro perro se reboza en barro, o se mete en un charco, tendemos a bañarlo con agua y jabón después. En realidad, en la mayoría de los casos basta con dejar que se seque el barro y dar un buen cepillado para que queden impecables nuevamente.

Con esto queda finalizado este artículo sobre el shiba y el agua, esperamos que os haya sido de utilidad. No dejéis pasar los momentos en que podéis darle a vuestro perro nuevos entornos para explorar.

 

img-thing¡Hasta la próxima!

 

 

“¿Mi shiba tiene miedo?”

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El miedo es una emoción que nos permite mantenernos a salvo. Nos moviliza tanto para atacar, como para huir, refugiarnos, o ser cautelosos, según las circunstancias. Para los perros es una emoción tan necesaria como para nosotros, y como en nuestro caso, si el miedo se desencadena de forma patológica, resulta limitante, incapacitante, perjudicial.

En multitud de ocasiones perros que responden de forma agresiva a la proximidad de otros perros y/o personas, tienen miedo y recelo, y han aprendido que reaccionar de forma hostil les libra de aquello que les parece una amenaza.

Cuando nuestro perro tiene un comportamiento de este tipo y no sabemos identificar el motivo, pensamos “pero si no tiene ningún trauma, es imposible que tenga miedo”, “a mi perro no le ha pasado nada, ¿por qué actúa así?”, “¡pero si siempre ha estado protegido! ¿por qué tiene miedo?”.

Son muchas las preguntas que nos podemos hacer cuando no tenemos la información suficiente, o/y no sabemos interpretarla. En muchas ocasiones la respuesta la tenemos en la propia pregunta.

En primer lugar, ¿cómo sabemos si nuestro perro tiene miedo?

Un perro con miedo de X, tenderá a alejarse y evitar a X cuando está lo suficientemente lejos para él, y lo atacará, ladrará o tratará de espantar de todas las formas posibles, cuando bajo su percepción se encuentre tan cerca como para representar una amenaza real. En un perro con miedo, ocurre algo similar a lo que nos podría pasar a cualquier de nosotros, cuando estamos asustados o alerta, por muy lejos que esté lo que tememos nos puede parecer demasiado cerca. Es natural que algunos perros ladren o enseñen los dientes aun cuando el detonante (lo que le asusta) está a muchos metros de distancia. ¿Quién es capaz de pensar fríamente si está asustado?

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Ukiyo, de mono no aware, a punto de dormirse.

 

En segundo lugar ¿Por qué tiene miedo?

A veces nos pasamos mucho tiempo dándole vueltas a las causas, pensando que algo concreto ocurrió para que nos esté pasando esto o lo otro. En ocasiones, el problemas es lo que no ha pasado, por ejemplo, los perros adultos que han tenido una infancia pobre de estímulos. Este podría ser el caso de cachorros que han crecido en un chenil con la única compañía de su madre y hermanos, o de perros que han pasado su vida en el mismo jardín sin apenas contacto de otros perros y personas. Cuando un perro, en especial en su infancia, no ha recibido una correcta socialización, habituación a diferentes estímulos, e incluso una correcta estimulación temprana, el mundo real es para él algo extraño y casi amenazante.

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Ukiyo, de Mono no aware, sin temor a nada.

Por supuesto, sus temores han podido tener origen o verse incrementados en uno o varios traumas. Lo que para nosotros puede no tener importancia, para un cachorro que ha crecido en una jaula, chenil o habitación solitaria, puede ser absolutamente extraño y asombroso. Cosas asombrosas como el ruido del televisor, o que un señor llame a la puerta para entregarnos una carta. El problema es que para un cachorro de estas características, el señor extraño puede pasar en un segundo a ser un señor potencialmente peligroso, solo porque habla demasiado alto, o se ha rascado la cabeza.

También es habitual el caso de perros sin aparente problema emocional, alegres y felices, que sufren un ataque de otro perro, o un susto desproporcionado de un extraño, o la caída de un mueble, o cualquier otro incidente, cambiando por completo su carácter. En estos casos, la familia o tutor, siente que “le han cambiado” a su perro. Suelen expresarlo casi todos de la misma manera “desde que le pasó X mi perro es otro”.

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Pícara, de Mono no aware, en brazos de Gonzalo, durmiendo placidamente.

La pregunta crucial ¿Cómo lo puedo solucionar?

En general, las cosas que implican que se agrave la situación son las siguientes:

  • Aislar al perro, mantenerlo lejos del detonante (lo que provoca el temor)
  • Acercarlo constantemente al detonante “para que se acostumbre”
  • Acudir a un profesional al que pagarle para que se lleve al perro, y te lo devuelva “como nuevo”, sin saber qué técnica utiliza
  • Aplicar rápidamente todo lo que leemos, nos aconsejan, o nos dicen, sin pararnos a analizarlo
  • Pensar que “se curará con el tiempo”
  • Actuar como si no tuviera un problema, por ejemplo, soltar a nuestro perro en un espacio canino sabiendo que tiene miedo a otros perros y que se pelea con algunos.

 

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Pícara y Ukiyo, de Mono no aware, reclamando mimos.

Cosas que pueden mejorar la situación:

  • Transmitirle seguridad
  • Entrenar con él a través de actividades motivadoras
  • Entrenar la obediencia de forma motivadora
  • Acudir a un profesional amable, que empatice contigo y con tu perro y tenga experiencia
  • Acudir a seminarios, cursos y lecturas fundamentados, sobre el tema en cuestión, huyendo de las respuestas fáciles y las soluciones milagrosas.
  • Tener fe en tu perro y en su capacidad para superarse
  • No iniciar ningún plan de adiestramiento sin sentirse convencido

 

El shiba con miedo

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Foto de autoría externa. Click en la imagen para ir a la fuente.

 

 

En este artículo he hablado de “el perro”, ya que a grandes rasgos, es aplicable lo comentado a cualquier perro. No obstante, me parece importante y esencial notar que cada perro como individuo presenta una serie de matices en su comportamiento y en su forma de procesar lo que acontece. Así mismo, el shiba tiene una respuesta muy similar ante la incomodidad, el temor, la desconfianza, el cansancio y cualquier situación que lo desborde emocionalmente. Su respuesta (en casos graves), en general, es la siguiente:

  • Huida: escapar cuanto antes a un lugar seguro, por ejemplo saliendo de la casa si cree que te vas sin él, o yéndose del parque.
  • Agresividad: respuesta hostil, ofensiva, hacia el detonante, si considera que va a ser dañado o molestado. Por ejemplo ante los niños, si es manipulado contra su voluntad.
  • Depresión: tristeza, abatimiento y falta de apetito, si no se siente comprendido y/o se ve expuesto de forma cotidiana a la situación desagradable. Por ejemplo, malas experiencias en el espacio canino, y lo llevamos a diario.
  • Indefensión aprendida: en ocasiones pueden permanecer inmóviles y ausentes ante lo que temen. Esto se da cuando han aprendido que actuando no consiguen nada. Pueden llegar hasta el punto de caer rendidos en cuanto vuelven al lugar seguro, solo por el agotamiento mental, esto produce en ocasiones que los tutores crean que el perro ha mejorado cuando en realidad está “atrapado” dentro de sí mismo. Por ejemplo, cuando tienen miedo al tráfico pero siguen paseando en zonas con afluencia de coches.

Espero que os haya sido útil este artículo, si quieres solicitar información sobre nuestros servicios de educación canina rellena el formulario por favor.

¡Hasta la próxima!

 

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