El Shiba macho

CruceBalrog

Una de las dudas más frecuentes a la hora de elegir un perro, ya sea un shiba o no, es si debemos elegir una hembra o un macho.

Tan importante es elegir hembra o macho, como valorar el carácter del cachorro elegido, tanto el que manifiesta, como el carácter de sus padres. La herencia del carácter de los padres, y la educación en etapas tempranas, serán fundamentales en el desarrollo posterior de nuestro perro.

De forma general, las diferencias entre hembra y macho son:

  • Las hembras tienen el “celo” dos veces al año, en shibas, a veces esto se reduce a un único celo anual.
  • Los machos se ven afectados por el celo de las hembras de forma constante, a lo largo del año.
  • Los machos son algo más grandes y voluminosos que las hembras.
  • Un macho sin castrar habitualmente es competitivo y territorial con otros machos sin castrar. Las hembras no suelen ser competitivas entre ellas, a excepción de estar en “celo”.
  • Los machos parecen tener mayor tendencia a explorar, y marcharse solos.
  • Mientras las hembras no necesitan cubrir amplias zonas marcando el territorio, a excepción de estar en “celo”, los machos pasan gran parte de tiempo realizando pequeñas micciones por diferentes zonas.
  • Aunque nuestro shiba macho no busque activamente competir, otros machos pueden buscarlo al detectarlo, problema que no suele ocurrir con hembras.
  • Los machos parecen concentrarse menos en el entrenamiento fuera de casa, debido a que están muy influenciados por la presencia de hembras en celo, o de otros machos.
  • Los machos suelen ser más activos, y obstinados.
  • La influencia de la testosterona en machos supone un reto importante en la adolescencia (alrededor de los 6-8 meses) del perro.

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Hay otros comportamientos bastante habituales en esta raza, que se dan independientemente del sexo del shiba:

  • Protección (agresiva) de recursos: tendencia a evitar que otros perros o/y personas se acerquen a uno o varios recursos que el perro considera valiosos, por ejemplo, un trozo de comida, un juguete, etc. Normalmente lo hacen porque consideran que el recurso les va a ser arrebatado.
  • Territorialidad frente a otros perros en el hogar: tendencia a no aceptar la llegada a casa de otros perros. Generalmente, a ningún perro le parecerá muy natural que repentinamente otro perro entre en su casa, en el caso del shiba esto puede ser algo realmente peligroso, e introducir otro perro ha de ser algo planificado y progresivo.
  • Poca tolerancia a cachorros: cuando nuestro shiba ya es adulto, se puede mostrar antipático y jerárquico con cachorros.
  • Escapismo: tendencia a marcharse a explorar, pudiendo estar fuera de nuestra vista durante horas, y volver de nuevo solo a casa. (Generalmente, para que esto no ocurra hay que entrenar con nuestro shiba desde cachorro).
  • Baja tolerancia a perros impetuosos: su forma de mostrar esta intolerancia puede ser sutil (ignorar al perro), o tajante (gruñido, mordida de baja intensidad). Si no se respeta su necesidad de espacio o el shiba tiene problemas de gestión emocional, puede ser realmente violento.
  • Baja tolerancia a niños: esto no quiere decir que sean agresivos con los niños, sencillamente, por el carácter imprevisible de los niños y, generalmente, invasivo, los shibas suelen huir del trato con ellos.
  • Poco interés en ejercicios de obediencia: el shiba no tiende a obedecer para agradar a sus dueños, necesita una rutina de entrenamiento, constancia, motivación y colaboración. Además de un vínculo afectivo fuerte y solido.
  • Tendencia a la introversión: tanto hembra como macho pueden ser realmente amorosos y efusivos, pero esto no será algo constante, un día pueden recibirte en la puerta de casa, y al siguiente esperarte tumbado en el sofá. En general, salvo su familia, al shiba le es indiferente cualquier otro ser humano. IMG_9440

En muchos casos la pregunta finalmente es, si castrar o no al shiba para que no muestre el tan temido comportamiento en machos. La castración para evitar esta casuística asociada a la testosterona (entre otras hormonas), se suele hacer en torno a los ocho meses. Sin embargo, una castración no es inocua, puede tener efectos nocivos a medio/largo plazo, por lo que es preferible no someter al perro a una intervención quirúrgica si no es necesario.

Este artículo desglosa una serie de características de forma general, y como toda generalización, no recoge los casos particulares. 

Si todavía tienes dudas, no esperes para preguntarnos 🙂

¡Muchas gracias por leer!